El callejero de Madrid cuenta desde ayer con una nueva nomenclatura: Jardines de Yolanda González. Medio millar de personas se dieron cita este domingo en Aluche recordando a la joven sindicalista de 19 años asesinada en el barrio en 1980 por un comando ultraderechista de Fuerza Nueva. Uno de sus asesinos, Emilio Hellín, condenado a 43 años de cárcel, ha colaborado con el Ministerio del Interior impartiendo formación a fuerzas de seguridad. Para el exfiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo  “el asesinato terrorista de Yolanda, constata  la permisividad, cuando no complicidad, de las instituciones democráticas con las fuerzas de extrema derecha”.

Han tenido que pasar dos años desde que el Pleno de la Junta Municipal de  Latina acordara iniciar los trámites para la asignación del nombre de Yolanda a alguna calle, plaza o equipamiento deportivo hasta hacerlo efectivo. En el acto se vivió un sentimiento de dolor expresado así por su hermano Asier: “La mataron por defender una sociedad más justa. Y lo que podemos aprender de su muerte y de tantas otras muertes por motivación política es que la vida está por encima de cualquier ideología”. Carlos Melchor ha colgado en su cuenta de Youtube un vídeo con el emotivo homenaje a Yolanda.



Impotencia y perplejidad
Pero también se palpaba un sentimiento de impotencia hacia la injusticia, y de una absoluta perplejidad. Yolanda fue secuestrada en su casa de la calle Tembleque, torturada y asesinada a manos de los ultraderechistas Emilio Hellín e Ignacio Abad Velázquez con la complicidad de otros cuatro individuos.

El asesino formando a policías
Todos fueron juzgados en la Audiencia Nacional y condenados, pero al día de hoy, se sabe que Hellín ha participado en la formación de  las  Fuerzas de Seguridad del Estado. Algo que Asier González, el hermano de Yolanda, calificaba recientemente en ELPLURAL.COM  “surrealista e inmoral”.

Fugado y protegido
Hellín se fugó  en 1987 aprovechando un permiso penitenciario. El dictador Alfredo Stroessner le protegió en Paraguay. Un periodista de Interviu le descubrió allí en 1990 y fue extraditado. Pero en el año 2013 se supo que el asesino de Yolanda habría estado trabajando para los Cuerpos y Fuerzas Generales de la Seguridad y del Estado en técnicas de espionaje, rastreo informático y en dispositivos móviles con los diversos gobiernos de la democracia.

Perito en el caso Bretón
El Ministerio de Interior confirmó que se había contratado a la empresa de Hellín para instruir a  policías en diferentes cursos desde 2006 a 2011 y, más aún, que esta empresa fue contratada por la familia de Ruth Ortiz para el peritaje de los teléfonos de José Bretón, acusado y condenado por el asesinato de sus dos hijos. Este fue el último episodio conocido que ha llevado a quienes recordaban ayer a Yolanda a esa sensación de vivir una injusticia.

Villarejo: “permisividad con la ultraderecha”
Para el exfiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo  “el asesinato terrorista de Yolanda, en Febrero de 1980, fue una constatación más de la permisividad, cuando no complicidad, de las instituciones democráticas con las fuerzas de extrema derecha que, después de 1978, persistían en la abierta oposición y desestabilización del régimen instaurado por la Constitución”.

Norma penal favorable
“El Tribunal no solo no condenó a los responsables del crimen como terroristas sino que la norma penal fue aplicada de forma favorable a las organizaciones de signo fascista, como era la banda armada Grupo 41 – perteneciente a Fuerza Nueva- al que pertenecían los autores y, particularmente, el autor material de la muerte, el asesino Emilio Hellín. Por ello, no fueron condenados por el delito de asociación ilícita”, explica Jimenez Villarejo.

“Complicidad”
Para el fiscal que lo expresa así también en un artículo publicado en el blog de Yolanda “la más reprobable complicidad de las instituciones con los responsables del asesinato de Yolanda fue la que tuvo lugar durante el cumplimiento de las penas por Emilio Hellín. Desde el injusto permiso de salida otorgado a dicho penado por el Juez de Vigilancia Penitenciaria (VP) en Enero de 1987, aprovechado para fugarse a Paraguay, incumpliendo las penas impuestas durante tres años”.

¿Favores judiciales?
Opina Villarejo que el favorecimiento judicial ha sido continuo. “Primero, cuando la Sala 2ª del Tribunal Supremo rechaza la querella presentada por los padres de Yolanda por la presunta prevaricación cometida por dicho Juez. Y, después, cuando un Juez del Registro Civil de Madrid autoriza en 1995 al asesino Emilio Hellín, cuando aún está cumpliendo las penas, a cambiar de nombre, con la evidente finalidad de ocultar su identidad”.

“Como si estuvieran de acuerdo”
“A continuación, como si todos estuvieran de acuerdo, la Juez de VP de Granada, ese mismo año, otorga al penado Hellín el tercer grado penitenciario que, prácticamente, representa el cumplimiento de las penas pendientes; una decisión judicial, objetivamente, favorecedora de los intereses espurios del penado y contraria a los fines constitucionales de la pena”, resalta indignado.

La sanción al juez, que se anuló
Lo peor según considera, es que “la protección del penado Hellín llega hasta nuestros días”. Menciona como la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial le impuso al  mencionado Juez  una sanción de suspensión de empleo y sueldo durante un año. Tras ser recurrida, “el Pleno de dicho organismo anuló la sanción con siete votos en contra de destacados juristas y magistrados”.

Proteger la imagen de Hellín
“Pues bien, -añade el jurista- habiéndose solicitado recientemente una certificación literal de ambas Resoluciones, el CGPJ acordó denegarlas el 26 de Noviembre de 2013, porque la concesión de la misma “afectaba a la intimidad e imagen” de Emilio Hellín, de quien se dice fue ”dirigente en su día de formaciones extremistas en España y posteriormente al servicio de dictaduras latinoamericanas”.

Opacidad y protección
“Todo un ejemplo de opacidad y de protección de un inexistente derecho al honor por una Institución que debería ser un ejemplo de justicia, equidad y transparencia plena. Hasta aquí llegan los ecos favorecedores de quien fue responsable penal de uno de los crímenes más terribles de la transición. Por todo ello, Yolanda sigue viva en nuestra memoria”, concluye.