Una correcta supervisión adulta de los niños puede evitar tragedias, y conviene recordar algunas medidas a tener en cuenta ahora que el calor del verano nos incita a escaparnos a piscinas y playas, porque, aunque no se presta atención a las cifras de víctimas mortales por ahogamiento, lo cierto es que muchas veces mueren más niños por esta causa que en accidentes de tráfico.

En 2017, 24 menores de catorce años murieron en el agua frente a los 21 que perdieron la vida en las carreteras, según cifras de la Real Federación Española de Salvamento y Socorristas, que fija en 77 personas el total de fallecidos por ahogamiento en espacios acuáticos en España desde comienzos de 2019.  

Falta de vigilancia en las playas

Las organizaciones de socorroristas advierten de que la mayor parte de los accidentes ocurridos en zonas de baño se producen por falta de vigilancia. Se redujo el número de socorristas y los horarios debido a la crisis económica y la situación no se ha revertido, lo que ha provocado un aumento de las víctimas mortales. La Real Federación Española de Salvamento y Socorristas ha pedido que se impulse la misma labor de concienciación que realiza la Dirección General de Tráfico (DGT) para evitar accidentes.

La falta de supervisión de un adulto 

Los expertos advierten de que el principal factor que está detrás de los ahogamientos de niños es un fallo en la supervisión de un adulto. Es imprescindible estar al lado de los pequeños cuando aún no se sepan desenvolver en el agua. Cuando adquiera las habilidades para hacerlo, tampoco se debe descuidar la atención para poder reaccionar a tiempo en el caso de que surja algún problema o imprevisto. Se recomienda dejar de lado en estos momentos móviles, libros o cualquier actividad que pueda despistar.

La principal causa de muerte entre los menores de 5 a 14 años

Las edades de mayor riesgo de muerte por ahogamiento son las comprendidas entre los 12 meses y los cuatro años, sin embargo, es la principal causa de fallecimiento en menores de entre cinco y 14 años en todo el mundo. La mitad de estos accidentes ocurre en piscinas privadas. En estos casos es recomendable usar vallas de protección de 1,20 metros mínimo de altura desde el suelo y que no contengan componentes escalables ni aperturas accesibles para los menores.

Enseñarles desde temprano habilidades en el agua

Es importante enseñar a los niños desde las primeras edades habilidades en el agua, como nadar, bracear, meter la cabeza bajo el agua o aprender a contener la respiración. Es importante tener en cuenta que si el menor comienza a tiritar, conviene sacarlo del agua porque si se queda frío, los músculos se agarrotan.

Mejor donde rompen las olas

Si se está disfrutando de la playa, es aconsejable -contrario a lo que se suele creer- mantenerse en la zona donde rompen las olas y no donde no las haya, ya que en estas últimas se está ante el riesgo de la existencia de corrientes de retorno que empujan hacia dentro del mar.

Un punto de referencia que no sea una sombrilla

Por otra parte, se debe enseñar a los pequeños a tener un punto de referencia en la playa para no perderse; un edificio, un cartel o una roca mejor que una sombrilla, ya que la persona que la porta puede marcharse dejando al niño desorientado.

Los flotadores y manguitos no evitan ahogamientos

Algunos expertos invalidan los manguitos y flotadores, tan recurridos en las primeras edades, porque dan a niños y padres una sensación de seguridad que no se corresponde con la realidad. Recuerdan que ninguno de esos elementos protege del ahogamiento.

¿Cómo actuar en caso de necesitar una reanimación?

Si a pesar de extremar precauciones, nos enfrentamos a un accidente de estas características, en este vídeo de la Cruz Roja se ofrecen instrucciones útiles de primeros auxilios sobre cómo actuar ante la necesidad de reanimación.