Sociedad

cabecera_futuro_950.jpg

La relación entre Adriano y Antinoo ha generado libros, esculturas… y un sinfín de piezas artísticas

Regreso al Futuro

El orgullo gay en la historia de España

Emperadores, premios nobel, literatos y mecenas engrandecieron la historia de España desde una característica común: ser homosexuales

0
Jue, 29 Jun 2017

A las puertas de las fiestas del Orgullo Gay no viene mal dar un repaso a la historia de España, para enorgullecerse así de numerosos homosexuales que engrandecieron el pasado de nuestro país.

Hablar del pasado de España es complejo, pues algunos lo remontan a tiempos inmemoriales en los que el concepto político de “España” no existía ni por asomo. Pero entendiendo España como territorio si podemos hablar de homosexuales tan épicos como el emperador Adriano.

Nacido en Itálica (en las cercanías de la actual Sevilla) fue conocido como “el emperador viajero” y sus grandes habilidades en el gobierno hicieron gozar al imperio de uno de los mayores periodos de paz, frenando guerras desde los partos hasta los pictos a los que encerró tras el famoso “muro de Adriano” hoy declarado patrimonio de la humanidad.

Sin embargo y más allá de estos triunfos, Adriano fue un homosexual declarado, haciendo pública su relación sentimental con Antinoo, al cual, tras fallecer de forma trágica en plena juventud, elevó al estatus de dios creando todo un culto entorno a la figura de este amante.

Otras grandes figuras en tiempos más recientes han sido Jacinto Benavente que además haber sido condecorado con el Premio Nobel de literatura también fue homosexual. Aunque no lo fue públicamente (tampoco estaba obligado a serlo) si que fue vox populi, y cuando en un evento coincidió con la madre de Estrellita Castro, ‘la Sebastiana’ le dijo con su particular desparpajo que entre su numerosa prole ella tenía un hijo como él, don Jacinto preguntó  “¿dramaturgo?” y ella con ternura respondió “No, maricón”.

Ante el comentario homófobo del periodista José María Carretero “yo no cedo el paso a maricones”, Jacinto Benavente se bajó de la acera y dijo: “Pues yo sí”

Más veladamente nos encontramos con otros dos casos en la figura de Emilio Castelar, presidente de la Primera República y el no menos célebre José Lázaro Galdiano. Pese a su diferencia de edad, se intuye que ambos mantuvieron un idilio y que parte del impulso político que Castelar dio a la revista “La Edad Moderna” fundada por Galdiano dio pie a la vocación filántropa del aquel joven muchacho navarro.

La posible relación sentimental entre Lázaro Galdiano y Emilio Castelar pudo dar impulso a la revista “La Edad Moderna”. Aunque a este coleccionista también se han atribuido otros idilios con otras figuras tan señeras como Emilia Pardo Bazán

Así podríamos seguir con Lorca y otros tantos homosexuales de los que enorgullecerse en este país. De otros hay dudas, como San Juan de la Cruz que pese a denominarse a sí mismo como “la amada” o “la esposa” de Cristo, reprueba el pecado nefando (como se llamaba entonces a la homosexualidad) en su libro Mystica fundamental de Cristo.

De todos modos a nivel histórico, también conviene ser cauto, pues durante siglos la homosexualidad fue utilizada como arma arrojadiza, haciendo que algunos personajes pasasen a la historia como homosexuales más por las acusaciones que por méritos propios.

Un ejemplo son los famosos pleitos contra el rey Enrique IV de Castilla al que se le acusó de homosexual para anular su paternidad sobre la princesa Juana, algo que no se logró, gracias a que la defensa del monarca presentó el testimonio de todas las prostitutas que el rey se había trajinado en su corte segoviana.

En el caso de Federico García Lorca, su condición sexual no solo fue motivo de difamación si no una de las principales causas de su asesinato por parte de las tropas franquistas

Con la misma falta de rigor se ha especulado en el sentido inverso, fabulando homosexualidades donde no las hay, como sucede con Cervantes y en cuyo caso parece no tenerse en cuenta que en 1584 dejó embarazada a Ana Villafranca, una mujer casada con la que una aventura así, pudo haberle costado literalmente la vida, pues la legislación de entonces permitía al marido engañado, si así lo deseaba, dar muerte tanto a la esposa como al amante.

No sabemos si la homosexualidad estará unida al talento, pero lo que sí que queda claro es que saca de quicio a todos los fanáticos del mundo, demostrando otra vez más que las ideologías, religiones o creencias no son más que las caretas de un monstruo común llamado odio.

 

Miguel Zorita es cronista y licenciado en Bellas Artes y autor entre otras obras de Cervantes Madrid y el Quijote (Ed. La Librería).