El líder de Ciudadanos y candidato a la Presidencia del Gobierno, Albert Rivera, afronta la campaña electoral más difícil con el objetivo claro de reactivar a los votantes de su partido, única forma de vencer a las encuestas y no perder tantos escaños como estas pronostican en las generales 10 de noviembre.

La formación naranja afronta la campaña, que comienza este jueves por la noche, en una situación muy distinta a la que había antes de las elecciones generales de abril, cuando Cs se veía fuerte e incluso capaz de lograr el 'sorpasso' al PP.

Los sondeos sobre intención de voto auguran que su apoyo en las urnas se reducirá en varios puntos porcentuales, que perderá la tercera posición y que podría ser superado no solo por Unidas Podemos, sino también por Vox.

Varios estudios demoscópicos ven posible que Cs se sitúe incluso por debajo de la barrera del 10% y de los 20 escaños, a mucha distancia de los 57 diputados y el 15,9% de los votos que obtuvo el 28 de abril.

El votante menos fiel y más indeciso 

Ciudadanos tiene el votante menos fiel y el más indeciso, y en la formación naranja reconocen que lo tienen más complicado que otros partidos para convencerle de que renueve su confianza, por tener un perfil poco ideologizado y estar particularmente desanimado ante la repetición electoral.

Sin embargo, fuentes de la dirección del partido aseguran que sus 'trackings' internos arrojan unos resultados mejores que los de las encuestas que se están publicando. Además, señalan que hay una tendencia ascendente que se va acelerando día a día, en parte gracias a las últimas entrevistas de Rivera en televisión.

Eso sí, admiten que por ahora siguen en unos niveles de respaldo electoral inferiores a los resultados del 28 de abril. Según precisan, estarían en la tercera posición, tras el PSOE y el PP, pero prácticamente empatados con la cuarta fuerza y no demasiado lejos de la quinta.

Para pelear por mantener ese puesto, Rivera y los demás candidatos están haciendo llamamientos continuos a la movilización de los votantes de centro, moderados, liberales y de clase media. Muchos de ellos, dicen, podrían esperar a los últimos días para decantarse por Cs o incluso tomar la decisión el mismo día de las elecciones.

Por eso, los mensajes que lancen los candidatos serán motivadores, para generar confianza en que se puede derrotar a unos sondeos que, por norma general, suelen infravalorar a Ciudadanos. También se centrarán en explicar las propuestas del programa, como las relativas a la lucha contra la despoblación, los autónomos o las ayudas a las familias.

Críticas al bipartidismo 

Frente a unas encuestas poco halagüeñas, Rivera insiste en recordar que su partido gobierna en ejecutivos de coalición de cuatro comunidades autónomas y en cientos de municipios --con el PP sobre todo, pero también con el PSOE-- donde ya están aplicando las políticas 'naranjas'.

Unas reformas que, según Cs, socialistas y 'populares' no llevarían a cabo si no fuera por la presión que ejerce sobre ellos la formación naranja, que intenta presentarse así ante los votantes como un actor relevante e imprescindible en el escenario político.

De esta manera, regresan las críticas al bipartidismo, que Rivera había abandonado hace unos meses para centrar sus ataques en el presidente del Gobierno en funciones y líder del PSOE, Pedro Sánchez. Ciudadanos, que ve cómo una parte de su electorado se va al PP y al PSOE, se ofrece otra vez como remedio frente a la corrupción de estos partidos, la politización de la Justicia y las cesiones y pactos con fuerzas nacionalistas.

Este último es uno de los argumentos que más repiten los representantes de Cs, conscientes de que la cuestión de Cataluña es uno de sus puntos fuertes. Apelando a los orígenes del partido, Rivera defiende que son la única formación política que siempre ha tenido una posición firme y combativa frente al nacionalismo y que no ha pactado con ERC, la antigua Convergència o el PNV.

La influencia de la crisis catalana 

No obstante, la crisis catalana y su evolución influirán en la campaña electoral y en los resultados que pueda obtener cada partido. En Cs creen que, ante las protestas y disturbios violentos a raíz de la sentencia judicial contra los líderes del proceso independentista, la primera reacción de los españoles críticos con el separatismo fue de cabreo.

Aunque en Ciudadanos piensan que inicialmente eso pudo beneficiar a Vox en las encuestas, consideran que poco a poco los ánimos se van calmando y los electores dirigen su mirada a quien les puede ofrecer soluciones más sólidas y a largo plazo.

Sin embargo, uno de los principales desafíos a los que se enfrenta Rivera es recuperar la credibilidad, dañada por los cambios de estrategia que ha hecho Ciudadanos.

De negarse a pactar con el PSOE e instar a Sánchez a formar gobierno con Podemos, a hacerle una oferta de acuerdo in extremis a mediados de septiembre. Y, tras la convocatoria de las nuevas elecciones, el levantamiento del veto al PSOE, que era lo que pedían los dirigentes críticos de Cs.

Después de haber lanzado duros ataques contra el jefe del Ejecutivo en los meses previos a los comicios generales del 28 de abril, Rivera ha suavizado ahora el tono. Aunque no ha dejado de exigirle que tome medidas en Cataluña y aplique el artículo 155 de la Constitución para cesar a Quim Torra como presidente de la Generalitat.

Desbloqueo político 

En Ciudadanos niegan haber corregido su estrategia y dicen que simplemente responden a los anhelos de los españoles, que reclaman acuerdos que pongan fin al bloqueo político. Su compromiso con los ciudadanos en esta campaña será intentar echar a Sánchez, poner España en marcha --su lema electoral-- e impulsar reformas.

Pero si no consiguieran una mayoría parlamentaria suficiente para cambiar al gobierno --sumando los votos de Cs a los del PP y Vox--, Rivera se ofrece a facilitar la investidura de Sánchez y la gobernabilidad desde la oposición, evitando así unas terceras elecciones.

Además, abogará durante toda la campaña por la unión de los partidos "constitucionalistas" --PSOE, PP y Ciudadanos-- como única manera de reformar España y aislar a las formaciones independentistas y nacionalistas, limitando su influencia en la política nacional.