En un escenario de completa incertidumbre en el que es complejo vislumbrar qué sucederá en las próximas horas, en Oriente Próximo se abren dos caminos distintos bajo el mismo paraguas bélico. Por un lado, en un fin de semana en el que la diplomacia iba marcando el paso, Irán ha entablado conversaciones tanto con Pakistán como con Rusia, situándose el foco a su vez en cuál será el próximo movimiento sobre el estrecho de Ormuz y la ansiada reapertura del tránsito. En la otra cara de la moneda, las hostilidades de Israel sobre Líbano protagonizan una tregua que no se llega a materializar.

El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha protagonizado un tour diplomático este fin de semana desde Pakistán, pasando por Omán, hasta Rusia, en el que ha desplegado las intenciones de su país en torno al futuro de la guerra. En consecuencia, el mandatario ruso, Vladimir Putin, ha asegurado que su país hará “todo aquello que esté en los deseos e intereses” de Teherán y los países afectados. “El pueblo iraní lucha con valentía y heroísmo por su soberanía. (…) Rusia espera que el pueblo iraní supere este periodo de prueba y que llegue la paz”, ha apostado el principal dirigente del Kremlin.

Al tiempo que el diplomático iraní ha asegurado que están evaluando una petición de negociaciones de Estados Unidos por establecer la paz, tal y como ha desgranado en conversaciones con los medios de comunicación. Cabe recordar en este punto que los enviados del Gobierno de Donald Trump a Islamabad (Pakistán) abandonaron la misión ante la negativa de acudir por la parte iraní.

La Comunidad Internacional mira al estrecho de Ormuz

En lo que concierne a las tensiones internacionales por el bloqueo en el estrecho de Ormuz, punto en caliente del conflicto y enclave geográfico por el que circula una quinta parte del tráfico de petróleo mundial, distintas voces internacionales han abogado por su reapertura lo antes posible para no dilatar la crisis económica que de esta situación está emanando.

Quizás las palabras más críticas han venido de la mano del canciller alemán, Friedrich Merz, quien ha manifestado que la Administración Trump está siendo “humillada” por las fuerzas iraníes: “Se han metido en esta guerra sin ninguna estrategia”, ha considerado, situando a los diplomáticos de Teherán “más fuertes de lo que pensaba” frente a la delegación estadounidense.

Siguiendo desde Europa, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha avanzado que mantendrá contactos con irán después de haber mantenido conversaciones con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en aras de insistir en la reapertura del estrecho de Ormuz “en los próximos días”: “Es importante poder reabrir, por ambas partes, el tráfico para permitir que el gas, el petróleo, los fertilizantes y las mercancías puedan atravesar ese estrecho, porque eso afecta a la economía mundial”, ha asegurado durante su visita oficial a Andorra.

En similares términos se ha postulado el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, quien ha hecho un llamamiento para levantar el bloqueo sobre este paso marítimo “sin peajes” ni “discriminación”, instando a las partes enfrentadas a dialogar: “s uno de los cuellos de botella marítimos más críticos del mundo. Por él transita aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo, una quinta parte del gas natural licuado y casi un tercio de los fertilizantes comercializados a nivel mundial. El paso seguro y sin obstáculos es un imperativo económico y humanitario”, ha apostado.

No obstante, los movimientos de las autoridades iraníes no están gustando en la Casa Blanca. El jefe de la diplomacia, Marco Rubio, ha advertido de que no tolerarán que Teherán decida qué países pueden transcurrir por Ormuz: “Si con 'abrir el estrecho' quieren decir que sí, que el estrecho está abierto siempre y cuando (se) coordinen con Irán, obtengan nuestro permiso o los haremos volar por los aires y nos paguen, eso no es abrir el estrecho”, ha afirmado en declaraciones a Fox News.

Escalada de tensiones entre Israel y Líbano pese a la tregua

Como si no existiera un alto el fuego vigente, y de hecho extendido durante tres semanas, el Gobierno de Benjamín Netanyahu prosigue lanzando sendos ataques contra Líbano bajo la justificación de erradica al grupo terrorista chií Hezbolá. El brazo armado sí que ha venido desmarcándose de las negociaciones de paz que ambos países han protagonizado en las últimas semanas, reiterando que seguirán luchando para “responder a la agresión israelí”, según ha precisado su secretario general Naim Qasem.

Bajo el mismo telón de fondo, las fuerzas israelíes han bombardeado la “infraestructura” de Hezbolá en el valle de Becá y en otros puntos del sur de Líbano. Unas actuaciones que vienen acompañadas de las amenazas esgrimidas desde el equipo gubernamental, cuyo ministro de Defensa, Israel Katz, ha elevado este lunes el tono afirmando ante a enviada de la ONU para Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, que, si el Gobierno libanés continúa “amparándose” en el grupo armado, “se desatará un incendio que arrasará” con su país. Ha acusado a su vez al presidente libanés, Joseph Aoun, de estar “jugando con el futuro” de su nación, advirtiendo al tiempo de que no se materializará “un alto el fuego real” hasta que cesen las hostilidades.

Un escenario bélico del que se está llevando la peor parte la población civil. Tan sólo en Líbano, desde inicios de marzo y hasta la fecha, ya son más de 2.520 las víctimas mortales y 7.800 las personas heridas por la consecución de ataques israelíes.

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