"Que explique lo que hacía en el CNI". Han sido las contundentes palabras con las que el excomisario policial José Manuel Villarejo ha retado, en el juicio del caso Kitchen, a la exvicepresidenta del Partido Popular, Soraya Sáenz de Santamaría. La cúpula de Interior bajo el mandato de Mariano Rajoy está ahora bajo la lupa de la Audiencia Nacional, con el exministro Jorge Fernández Díaz en el banquillo de los acusados y otros tantos nombres de la primera fila del PP como testigos, entre ellos, el propio Mariano Rajoy o la exministra de Defensa, María Dolores de Cospedal.

Con este reto se refería el comisario jubilado a la exdirigente 'popular', también declarante en el juicio por la trama para dirimir si Fernández Díaz comandó una operación para sustraer o destruir documentos custodiados por Luis Bárcenas relativos a la trama Gürtel que podían contener información sensible. Sáenz de Santamaría está retirada de la política desde 2018, cuando Pablo Casado le ganó las primarias del PP, pero en su etapa en el Gobierno de Mariano Rajoy, era una figura total. Controló el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), de ahí la alusión del comisario, cuando las competencias pasaron a la vicepresidencia del Gobierno. Con el cambio de legislatura, Pedro Sánchez devolvió el control de los Servicios Secretos de Inteligencia al Ministerio de Defensa.

Es precisamente por su labor al frente del CNI por lo que su declaración en el juicio de Kitchen resulta interesante. La sombra de los servicios secretos españoles está muy presente en el sumario de Kitchen y son varios los acusados que explican que por encima del Ministerio del Interior y de la Policía operaba el CNI, en ese momento en poder de la propia Sáenz de Santamaría como vicepresidenta del Gobierno de España.

El proceso judicial y las condenas propuestas

El juicio a la cúpula del Ministerio del Interior durante el gobierno del PP de Mariano Rajoy por el 'caso Kitchen' durará aproximadamente unos tres meses. Anticorrupción pide 15 años de cárcel para Francisco Martínez, exsecretario de Estado de Seguridad; para Eugenio Pino, ex director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, y para Andrés Gómez Gordo, quien fuera jefe de seguridad de la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal. Mientras tanto, para Sergio Ríos, el chófer de Bárcenas presuntamente implicado, se reclama una pena de 12 años y cinco meses de prisión y la nulidad de su nombramiento como funcionario de la Policía. Por otro lado, una condena mayor se ha solicitado para el comisario José Manuel Villarejo, de 19 años"Yo declararé la verdad y confío en que la realidad sea la que prevalezca", decía a las puertas del juzgado. "Afortunadamente el Tribunal se ha dado cuenta de que todo era humo. Yo era un humilde agente de inteligencia", argumentaba, señalando directamente al CNI y, por ende, a Soraya Sáenz de Santamaría como su máxima responsable.

En su escrito de acusación, la Fiscalía traza las líneas de la operación y remonta su origen a la primera mitad de 2013. "Desde la cúpula del Ministerio del Interior, encabezado por Jorge Fernández Díaz, Francisco Martínez y Eugenio Pino se ideó, sin que pueda descartarse además la intervención de otras personas de diferentes instancias, una ilícita operación policial de inteligencia con el objetivo de hacerse con los archivos que pudieran encontrarse en poder de Bárcenas, quien había ocupado el cargo de tesorero del partido y se encontraba formalmente investigado en dicha causa", explica el texto, que también destaca que een "la ejecución de dicha ilícita operación de inteligencia dirigida a impedir la incorporación al procedimiento judicial de material incriminatorio habrían participado también los comisarios José Manuel Villarejo, entre otros, con la intervención además del que fuera chófer de Bárcenas, Sergio Ríos".

El plan comenzó a resquebrajarse cuando un falso sacerdote entró en casa de la familia Bárcenas para amenazarlos y amedrentarlos y Sergio Ríos se presentó allí fuera de horario laboral y sin haber sido avisado de lo que estaba ocurriendo para "salvarles". La familia Bárcenas sostuvo desde un primer momento que lo ocurrido "parecía ser un montaje", y el propio Bárcenas, en una entrevista reciente en la que rompió su silencio tras varios años, sostuvo que le pareció muy extraña la actitud de su conductor, presentándose en su vivienda sin previo aviso y sin que nadie le hubiera dicho lo que estaba pasando, lo que le puso bajo sospecha.

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