Este viernes se presentará el libro Estado Islámico. Geopolítica del caos del periodista Javier Martín donde no solo disecciona su estructura y financiación, sino que explica sus orígenes ideológicos y analiza la nueva geopolítica , el fracaso de las primaveras árabes, los errores de Occidente y el pulso entre Irán, Arabia Saudí e Israel.

Cada día conocemos algo nuevo sobre el Estado Islámico (EI). Esta semana un informe presentado al Consejo de Seguridad de la ONU y filtrado por la agencia de Noticias Reuters señalaba que más de 25.000 combatientes extranjeros de 100 nacionalidades distintas se han sumado a las filas de Al Qaeda y el Estado Islámico. Siria e Iraq acogen a la mayoría de ellos.

En tu libro afirmas que el EI tiene una “obsesión por gestionar” ¿es esa una razón para quedarse, para estabilizarse allí donde llegan? ¿Es esa la razón, también, de su éxito frente a Al Qaeda?
Existen dos diferencias fundamentales entre el Estado Islámico y Al Qaida: la primera, es que el EI es un movimiento genuinamente iraquí que nace para dar respuestas a un problema específico en Irak, mientras que Al Qaida es una idea, una estrategia global de lucha que engloba todas las nacionalidades.

La segunda entronca con la idea anterior. Mientras que el EI tiene un afán de permanecer, de gestionar, de desarrollarse como un Estado en las zonas suníes de Irak y parte de Siria, Al Qaida no tiene un arraigo sobre el terreno. Es una multinacional con decenas de franquicias que tiene como principal objetivo difundir el combate yihadista por todo el mundo.

En este sentido, el "éxito" del Estado Islámico se cimenta en que trata de dar respuestas a los problemas de la comunidad suní iraquí, marginada y atosigada, abandonada y empobrecida desde el derrocamiento de Sadam Husein. Y es aceptada por gran parte de esta comunidad, cansada de doce años de guerra, inseguridad y caos, pese a que lo haga de manera brutal e inhumana.

¿Cómo luchar contra este proto Estado con ambiciones territoriales en Siria e Irak, que además cuentan con financiación y con capital humano como consecuencia del descontento de muchos jóvenes con sus sociedades?
La fórmula no es novedosa, Estados Unidos ya lo probó con cierto éxito entre 2006 y 2009, cuando creó los "Consejos del Despertar", aunque no se acabó el trabajo. Como digo, el Estado Islámico trata de dar respuestas a las deficiencias de la comunidad suní iraquí y explota el conflicto confesional en su beneficio. Desde la caída de Sadam Husein, los suníes han pasado de verdugos a parias. En las zonas suníes no hay seguridad, no hay trabajo, no hay recursos, no se ha reconstruido apenas nada; el agua corriente es un sueño y la electricidad una entelequia. Hasta la llegada de la brutal policía del EI, los robos y los asesinatos estaban a la orden del día.

La solución es darle a los suníes seguridad, trabajo y dignidad. Existen muchos grupos suníes moderados y laicos en Irak. Desmantelado el estado en 2003, se debe tratar de ayudar a Irak a convertirse en un estado federal, en el que cada una de las tres comunidades -suníes, chiíes y kurdos-, tengan sus espacios y cuotas de poder, autonomía, riqueza y dignidad.

¿Qué atractivo ofrece el EI a los jóvenes de Occidente para acabar marchándose a Siria o Iraq a luchar cuando en sus países la situación puede parecer mejor que la que encuentran allí donde van?
El atractivo del Estado Islámico proviene, en gran parte, de nuestras carencias y deficiencias como sociedad. De nuestra incapacidad de asimilar la inmigración que nos llega del norte de África y de Oriente Medio y de nuestra errónea política de inmigración, más inclinada a aislar que a crear espacios de diálogo e integración. La gran mayoría de los jóvenes que se unen al Estado Islámico proceden de guetos, de barrios de inmigración de las capitales europeas, donde viven de espaldas a nuestra sociedad, sin futuro ni esperanza, sintiéndose rechazados, sin apenas actividades sociales y culturales, más allá de las que le ofrecen las mezquitas lideradas por clérigos formados en el wahabismo y financiados por Arabia Saudí.

Aunque no podemos negar que existe, también, un componente de idealismo vinculado a la crisis de Occidente y sobre todo, al fracaso de las revoluciones árabes.



¿Debemos repensar nuestras relaciones, alianzas en oriente Medio? ¿Debemos cambiar el rumbo de la política de occidente con respecto a Oriente Medio?
Afortunadamente ya se está viendo. No es un socio fiable al cien por cien, pero la integración de Irán en el tablero geoestratégico es fundamental. No puede haber una solución a las diferentes crisis que saltean Oriente Medio sin la intervención de Teherán. Estados Unidos comenzó a comprenderlo en el año 2011, cuando Obama autorizó las negociaciones secretas a través del sultán Qabús de Omán. Y el resultado se comienza a ver en el pre acuerdo nuclear firmado recientemente.

Irán sostiene el gobierno chií en Bagadad. Apoya a los houthis en Yemen, sostiene a Bachar al Asad en Siria, tiene una relación estrecha con Hizbulá en el Líbano y apoya a Hamás en Palestina. Mantiene relaciones políticas y económicas con Turquía y Rusia. Y es socio comercial con China. A este acercamiento se oponen con obstinación Arabia Saudí e Israel, los aliados tradicionales de Washington en la zona. Dos gobiernos igualmente poco fiables: Arabia Saudí y el wahabismo son los principales promotores de yihadismo en el mundo; e Israel prefiere las dictaduras a las democracias en la región.

¿Nos hemos equivocado en Occidente apoyando gobiernos dictatoriales en Oriente Medio (Ejemplo: Mubarak, Al Sisi en Egipto) por miedo a otorgar poder a gobiernos islamistas?
Por supuesto. Igual que nos hemos equivocado al intentar imponerles nuestra forma de sociedad y democracia sin atender a sus peculiaridades. Sin promover el desarrollo de sociedades de derechos propias. El caso de Egipto es el más claro: imagina un chico sin futuro en la época de Mubarak; se levanta, logra echar al dictador, se ilusiona con un nuevo sistema, ve a sus amigos morir en la represión y al final de todo ese camino de sangre y dolor, Occidente aplaude el ascenso al poder de otro dictador militar similar a Mubarak como Al Sisi. ¿Qué crees que pensará ese chico?

¿Afirmas que el punto de inflexión fue la invasión anglo-estadounidense de Irak. ¿Hubiese cambiado mucho la historia de no haber intervenido?
Sin la invasión de Irak, que recordemos fue ilegal según el derecho internacional y contó con la oposición de millones de personas, la historia sería otra. Es mucho decir, pero probablemente el Estados Islámico no existiría en su forma actual. Aunque el error más grave no fue la invasión militar, sino la decisión de George W. Bush y sus aliados neoconservadores como Aznar  de desmantelar el estado baazista y el Ejército iraquí. Muchos de los que ahora dirigen las tropas y las huestes burocráticas de Al Bagdadi fueron altos cargos de la administración y los servicios secretos del derrocado Sadam Hussein.