La ofensiva sorpresa lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha abierto una nueva fractura en el tablero internacional y ha provocado una reacción inmediata de China, que acusa a Washington de vulnerar el Derecho Internacional al actuar sin el aval del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La respuesta de Pekín no es solo diplomática: refleja una preocupación profunda por la estabilidad regional y por el impacto global de una escalada que amenaza con extenderse por todo Oriente Próximo.

La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, ha sido contundente al valorar la operación militar. Según ha expresado en rueda de prensa, tanto Estados Unidos como Israel llevaron a cabo los ataques “sin autorización del Consejo de Seguridad”, un hecho que, en su opinión, supone una violación del orden internacional basado en normas. Pekín ha insistido en que la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de los Estados deben ser respetadas y ha advertido de que cualquier acción que ignore esos principios erosiona los cimientos del sistema multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

El bombardeo, que ha dejado cientos de muertos, marca un punto de inflexión especialmente grave tras la confirmación de la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, fallecido el sábado en un ataque contra el edificio en el que se encontraba. Su desaparición no solo supone un terremoto interno para Irán, sino que añade un factor de imprevisibilidad a la respuesta que pueda adoptar Teherán. En este contexto, la comunidad internacional observa con inquietud la posibilidad de una reacción en cadena que involucre a actores regionales y derive en un conflicto de mayor alcance.

China ha subrayado que no fue informada previamente de la ofensiva. Este detalle no es menor: evidencia el grado de unilateralidad con el que, según Pekín, se actuó y alimenta la narrativa de que Washington prescindió deliberadamente de cualquier mecanismo de consulta o coordinación internacional. Para el gigante asiático, este tipo de decisiones no solo generan inestabilidad inmediata, sino que consolidan una dinámica de hechos consumados que debilita la arquitectura diplomática global.

Rescatistas y residentes locales intentan rescatar a los heridos de entre los escombros de una escuela primaria femenina atacada en Minab, provincia de Hormozgán, al sur de Irán. EP.
Rescatistas y residentes locales intentan rescatar a los heridos de entre los escombros de una escuela primaria femenina atacada en Minab, provincia de Hormozgán, al sur de Irán. EP.

El crudo como factor de presión geopolítica

Más allá del plano jurídico y político, la preocupación china tiene también una dimensión estratégica. Oriente Próximo es una región clave para el abastecimiento energético mundial y, en particular, para la economía china. Una escalada prolongada podría afectar al tránsito por el estrecho de Ormuz, punto neurálgico por el que circula una parte sustancial del crudo que se comercializa a nivel global. Cualquier alteración significativa en esa ruta tendría consecuencias directas sobre los precios internacionales del petróleo y, por extensión, sobre la inflación y el crecimiento en múltiples economías, incluida la china.

Pekín ha llamado a “todas las partes” a cesar las acciones militares y evitar un mayor recrudecimiento del conflicto. La apelación a la contención no es nueva en la diplomacia china, que suele presentarse como defensora del diálogo y la negociación frente a la intervención armada. En esta ocasión, la retórica insiste en la necesidad de que los países de Oriente Próximo refuercen la comunicación y cooperen “en espíritu de buena vecindad” para preservar la paz y la estabilidad. Sin embargo, la eficacia de ese llamamiento dependerá en gran medida de la evolución sobre el terreno y de la capacidad real de las potencias implicadas para frenar la escalada.

El tablero global se recalienta

El conflicto ha tenido también consecuencias directas para los ciudadanos chinos presentes en Irán. Según informó el Ministerio de Exteriores, más de 3.000 nacionales han sido evacuados desde el inicio de las hostilidades. No obstante, las autoridades confirmaron la muerte de uno de ellos en el marco de los bombardeos. Pekín expresó sus condolencias a la familia del fallecido y reiteró su compromiso de proteger la seguridad de sus ciudadanos en el extranjero, una cuestión que en los últimos años se ha convertido en prioridad para el Gobierno chino ante la creciente presencia global de sus empresas y trabajadores.

En el plano geopolítico más amplio, la crisis intensifica las tensiones entre Washington y Pekín, ya marcadas por disputas comerciales, tecnológicas y estratégicas. La acusación de violar el Derecho Internacional añade un nuevo elemento de fricción y refuerza la imagen de una competencia sistémica entre ambas potencias sobre la legitimidad y el liderazgo del orden global. China busca presentarse como defensora del multilateralismo y del respeto a la soberanía estatal, mientras critica lo que considera intervenciones unilaterales que socavan la estabilidad colectiva.

Al mismo tiempo, la posición china no está exenta de cálculo. Mantener una postura firme en defensa del marco legal internacional le permite reforzar su narrativa ante los países del Sur Global y consolidar alianzas en regiones donde la memoria de intervenciones occidentales sigue siendo un factor sensible. En ese sentido, la crisis en Irán no solo es un episodio más de la convulsa política de Oriente Próximo, sino también un escenario en el que se dirime la pugna por la influencia y la legitimidad internacional.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio