El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius ha despertado inquietud entre parte de la población y ha reabierto inevitablemente el recuerdo de la pandemia de coronavirus. Las imágenes de pasajeros aislados, el aumento de contagios dentro de un espacio cerrado y las dudas expresadas públicamente por algunos dirigentes políticos han provocado que muchas personas se pregunten si el mundo podría enfrentarse a una situación similar a la vivida en 2020.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, ha verbalizado precisamente esa preocupación al asegurar que “los virus mutan” y que “el COVID-19 empezó de una forma y luego los vectores de contagio cambian”. El dirigente canario ha cuestionado además cómo podían haberse producido varios contagios en el mismo barco si el hantavirus apenas se transmite entre personas. “Si es difícil que el contagio entre humanos se pueda dar, ¿por qué hay siete contagiados en el mismo barco?”, ha señalado en declaraciones a la Cadena SER. “Son dudas que yo me hago, que se hacen los profesionales de la sanidad pública canaria y que nadie sabe contestarme”. Sus declaraciones han generado aún más incertidumbre en redes sociales, donde algunos usuarios comenzaron a hablar de una posible mutación del virus.

Sin embargo, la comunidad científica ha rechazado de forma tajante esa comparación con el coronavirus y ha recordado que el brote actual responde a un comportamiento ya conocido del llamado Andes virus (ANDV), una variante concreta del hantavirus que sí puede transmitirse de persona a persona, aunque de forma muy limitada.

Virus conocido

Según ha explicado elDiario.es, los expertos han explicado que el hecho de que se hayan producido contagios humanos no significa que el virus haya mutado ni que estemos ante un nuevo patógeno. Gaspar Domínguez, especialista en salud pública y coordinador de la respuesta al último gran brote de hantavirus en la Patagonia, ha señalado que el comportamiento observado en el crucero entra dentro de lo esperado para esta variante. “Si hubiera sido una de las otras variantes, habríamos tenido sospecha de que hay un virus que mutó”, ha asegurado el experto. 

 “El virus Andes se está comportando como se comporta, que es transmitiéndose entre humanos. No hay elementos que hagan sospechar que hubo un cambio en la genómica del virus”, ha afirmado. En la misma línea, ha hablado también Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, quien ha recordado que se trata de un virus estudiado desde hace años y cuya capacidad de transmisión es muy reducida. “Pertenece a una especie muy concreta, la especie Andes, en la que sí se ha demostrado transmisión limitada entre personas, y que probablemente es lo que esté ocurriendo en el barco”, ha aseverado, aunque ha afirmando que "los virus viven mutando y por eso hay distintas especies o tipos de hantavirus, pero lo normal es que no cambie el modo de transmisión". 

"Un virus no cambia de manera de transmisión de un día para otro, no tenemos ningún dato científico que apoye la idea de que este virus vaya a mutar y a transmitirse de una manera muchísimo más rápida”, ha sentenciado. 

Los científicos han recalcado además que los hantavirus tienen una capacidad de mutación mucho menor que los coronavirus. Noemí Sevilla, directora del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA-INIA-CSIC), ha explicado que este tipo de virus posee una estructura genética más estable y menos propensa a desarrollar cambios rápidos en su forma de contagio.

Mientras que los coronavirus están adaptados al ser humano y pueden multiplicarse fácilmente entre personas, los hantavirus tienen como reservorio principal a los roedores. “Para ellos, el ser humano es prácticamente un callejón sin salida”, ha resumido Sevilla.

Transmisión limitada

La principal diferencia con la COVID-19 radica precisamente en la capacidad de propagación. Aunque el hantavirus puede provocar cuadros mucho más graves y presenta una mortalidad elevada, su transmisión entre humanos es excepcional y requiere contactos muy estrechos y prolongados.

El epidemiólogo Joan Caylá ha recordado que, si se tratara de un coronavirus con una capacidad de expansión similar a la COVID-19, el número de infectados en el crucero sería muchísimo mayor.  “El problema de este virus es que la letalidad es muy alta, del 30 y el 40%. Por esto explica que haya habido tres muertes”. , ha explicado.

Hasta el momento, el brote ha dejado ocho contagios confirmados y tres fallecidos. Los especialistas han señalado que la elevada letalidad del virus no implica necesariamente un gran riesgo epidemiológico global. De hecho, históricamente los brotes de Andes virus han sido muy concretos y localizados.

“Tú imagínate que estás en Madrid y te cruzas con una persona; no te vas a contagiar con hantavirus y sí te podrías contagiar con un coronavirus. Esa es la diferencia entre un virus y otro”, ha asegurado Sevilla. 

A su vez, la directora del CISA-INIA-CSIC ha querido trasmitir tranquilidad a la población mundial: “Yo transmitiría tranquilidad a la población de que este virus no es un coronavirus”.

Efecto crucero

El denominado “efecto encierro” es otra de las claves para entender lo ocurrido. Los científicos han considerado que el crucero representa un escenario excepcional, difícilmente comparable a la vida cotidiana.

“En el crucero, la persona que se contagió inicialmente tuvo más posibilidad de infectar al resto porque estaba en un ambiente muy confinado”, ha explicado Noemí Sevilla. Algo similar ocurrió en algunos brotes registrados anteriormente en Argentina, donde reuniones multitudinarias en espacios reducidos facilitaron la propagación del virus entre grupos pequeños de personas.

Aun así, los especialistas han recalcado que el comportamiento epidemiológico del hantavirus sigue siendo muy distinto al del coronavirus. El brote de la Patagonia en 2019, uno de los más importantes registrados hasta ahora, afectó a 34 personas y terminó controlándose sin extenderse de manera masiva.

La preocupación actual se centra en algunos pasajeros que abandonaron el barco semanas antes de detectarse el brote. Al menos uno de ellos permanece ingresado en Suiza con síntomas compatibles con hantavirus. Sin embargo, los expertos consideran poco probable que esto derive en grandes cadenas de transmisión.

Ignacio López-Goñi ha insistido en que el Andes virus lleva décadas circulando en Sudamérica sin provocar pandemias globales. “Conviene recordar que el virus Andes lleva bastantes años circulando en Argentina y han sido siempre brotes muy concretos que no ha trascendido a una gran epidemia, porque la capacidad de transmisión entre personas es limitada. No ha habido grandes explosiones y llevan años con él. No es esperable que se extienda por algunos casos que anden sueltos por ahí”, ha afirmado.

Pese al temor generado por el recuerdo reciente de la COVID-19, la comunidad científica lanza un mensaje de calma y recuerda que cada virus tiene características muy diferentes.

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