Los primeros ataques lanzados por Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní y la contraofensiva iniciada por este país del golfo Pérsico comienzan a tener influencia sobre los mercados. Siendo Irán y sus zonas contiguas un espacio de gran importancia para la producción y distribución de energía en todo el mundo, los precios ya han comenzado a experimentar cambios tras el intercambio de bombardeos al que ha dado lugar la administración Trump. De esta manera, esta pasada medianoche, cuando la bolsa asiática iniciaba su actividad, el valor del petróleo del barril Brent veía como su valor había aumentado más de un 10% respecto al cierre del viernes, superando los 80 dólares.

El precio máximo se sitúo en 82,37, para terminar por estabilizarse en los 79 dólares. Trasladando este valor a euros, serían un total de 68, estando todavía, prácticamente, a la mitad del coste máximo al que llegó en junio de 2022, debido a la invasión rusa de Ucrania, cuando llegó a situarse en los 117. Volviendo a los dólares, el pico histórico del barril Brent llegó en el 2008, cuanto se ubicó en los 147,50.

Preocupación porque se rompa la barrera de los 100 dólares

La repercusión sobre la economía global estará condicionada por la duración del cierre del Estrecho de Ormuz, un punto clave por el que transita alrededor del 20% de los 82 millones de barriles de crudo que se extraen en el planeta. La ofensiva lanzada el pasado sábado por Israel y Estados Unidos contra Irán ha paralizado en la práctica el tráfico marítimo en esa zona estratégica. Varias compañías navieras ya han anunciado que buscan itinerarios alternativos, mientras que las aseguradoras han advertido de que no asumirán pólizas que cubran el riesgo de atravesar un área en conflicto.

Antes de que reabrieran los mercados, los analistas preveían incrementos de entre 5 y 10 dólares por barril, una estimación que se ha cumplido en los primeros momentos. No obstante, si la tensión se intensifica y el enfrentamiento se prolonga, el precio del crudo podría aproximarse a los 100 dólares por barril e incluso superarlos.

El escenario más adverso para la economía mundial se produciría si Irán optara por atacar las instalaciones energéticas de países vecinos como Arabia Saudí, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos. En ese supuesto, la interrupción del suministro sería mucho más profunda y, sobre todo, más duradera.

¿Qué implicaría una subida del precio del barril por encima de los 100 dólares?

Si el precio del barril de petróleo volviera a superar los 100 dólares, el efecto se notaría casi de inmediato en la vida cotidiana y en los mercados. No sería solo una cifra simbólica, por encima de ese umbral, la gasolina y el diésel suelen encarecerse con rapidez, y ese aumento termina trasladándose al transporte, a la cesta de la compra y a buena parte de los productos que dependen de la logística.

La experiencia de anteriores episodios muestra que el petróleo caro actúa como un freno para el crecimiento. En Europa, muy dependiente de las importaciones energéticas, el golpe sería más visible que en grandes productores como Estados Unidos. Las empresas verían elevarse sus costes y los hogares tendrían menos margen para el consumo, lo que podría enfriar la actividad económica.

Además, un crudo en esos niveles complicaría la hoja de ruta de los bancos centrales. Si la energía empuja de nuevo la inflación, podrían retrasarse las bajadas de tipos de interés previstas para este año, encareciendo hipotecas y créditos. En bolsa, las petroleras tenderían a subir, mientras sectores como aerolíneas o transporte sufrirían más presión. Todo dependería, en última instancia, de cuánto tiempo se mantuviera el petróleo en esa cota.

Los conflictos bélicos marcan los mercados: así ha variado el mercado energético cuando ha habido guerras

A lo largo de la historia reciente, diversos conflictos armados han alterado de forma significativa el rumbo de la economía mundial, especialmente cuando han afectado a regiones estratégicas o a materias primas esenciales. Un ejemplo paradigmático fue la guerra del Yom Kipur en 1973, cuando varios países árabes respondieron al apoyo occidental a Israel con un embargo petrolero. Aquella decisión disparó los precios del crudo y provocó una crisis energética que desencadenó inflación, recesión y profundas transformaciones en las políticas económicas de Europa y Estados Unidos.

Algo similar ocurrió tras la invasión de Kuwait por Irak en 1990, que desembocó en la Guerra del Golfo y volvió a tensionar el mercado energético. Más recientemente, la invasión rusa de Ucrania en 2022 alteró los flujos globales de gas, cereales y fertilizantes, encareciendo la energía y los alimentos a escala global.

En 1973, el precio del barril llegó a cuadruplicarse en pocos meses, pasando de alrededor de tres dólares a más de doce, lo que alimentó tasas de inflación de dos dígitos en varias economías occidentales y fuertes caídas bursátiles. Durante la Guerra del Golfo, el crudo subió cerca de un 70% entre julio y octubre de 1990 antes de corregir tras el inicio de la ofensiva internacional. En 2022, el barril de Brent superó los 120 dólares y el gas europeo multiplicó varias veces su precio habitual, mientras las bolsas registraban episodios de alta volatilidad y los bancos centrales aceleraban las subidas de tipos para contener el repunte inflacionista.

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