El vicecanciller alemán y líder del Partido Socialdemócrata (SPD), Sigmar Gabriel, afirmó que tras el referéndum de , el Gobierno de Atenas "ha roto los últimos puentes" que podían llevar a un compromiso entre Europa y Grecia. "Con el rechazo a las reglas de la zona del euro, como se refleja en el mayoritario 'no', las negociaciones sobre millonarios programas son difíciles de imaginar", subrayó Gabriel en declaraciones al diario alemán "Tagesspiegel". A su juicio, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha engañado a los ciudadanos griegos al asegurar que un "no" en el referéndum fortalecería la posición de Atenas en la negociación y le ha acusado de conducir "al pueblo griego a un camino de la amarga resignación y desesperanza".



Para Grecia, una oportunidad
Sin embargo, en Grecia, se ve una oportunidad en el 'no' rotundo del referéndum. El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis, el Gobierno podrá "tender una mano de cooperación" a sus socios e intentar buscar con ellos un "lugar común". "A partir de mañana vamos a colaborar con el Banco Central Europeo que mantuvo una posición neutra la semana pasada y tendremos una actitud positiva hacia la Comisión Europea", dijo Varufakis en una declaración pública tras la victoria del 'no'.

Varufakis sostuvo que el "'no' de hoy es un 'no' a la austeridad. Es un regreso a los valores de Europa". "El 'no' es un gran 'sí' a la Europa democrática", afirmó el ministro, para recalcar que el resultado de hoy es "una gran herramienta de colaboración con los socios".

Pese al tono conciliador, Varufakis reafirmó sus críticas a los acreedores al recalcar que "durante cinco meses rechazaron todo debate sobre la austeridad y la deuda". "El 25 de enero (día de las elecciones generales) el pueblo dijo 'basta ya' a cinco años de hipocresía, a cinco años de nuevos préstamos para encubrir la quiebra del Estado. Durante cinco meses intentamos negociar para explicar esto: no más préstamos sino reestructuración de los antiguos", afirmó. Varufakis fue más lejos al asegurar que "desde el primer momento los acreedores intentaron cerrar los bancos" y "obligarnos a pedir perdón por nuestra crítica a los programas fracasados", aseveró.