No es que disimulen mucho. Y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, está muy lejos de ser excepción. Este Gobierno nueve de cada diez veces elige entre los suyos. Y por entre los suyos no nos referimos a gente de derechas, a gente del PP. No, nos referimos a 'los suyos', sus amigos, su círculo más cercano... O sea, lo que se podría llamar 'amigocracia'. Y lo hacen hasta el último momento.

Un amigo que sustituye a otro amigo que...
Obligado por la deserción de José Ignacio Wert, a quien Moncloa pagó su servicio de aceptar el papel de 'ministro útil' que le hizo la reforma de Educación que querían la Iglesia Católica y los sectores más conservadores mandándole a París a costa del bolsillo de todos, Rajoy hizo su tan cacareada 'gran crisis de Gobierno', y nombró ministro a Iñigo Méndez de Vigo.

Fernando Eguidazu... amigo de sus amigos. Foto Flickr Exteriores



Méndez de Vigo tenía una gran virtud para el 'ascenso' a ministro (aún sea a 'breve ministro', porque lo suyo, contando las vacaciones veraniegas y un no descartado adelanto electoral puede llegar a que no le dé tiempo ni a encontrar el cuarto de baño de su despacho): ser amigo íntimo (y socio en alguna aventura empresarial) de García Margallo... y de Francisco José Millán Mon, de estado civil, cuñado de Mariano Rajoy. Juntos formaron en el Europarlamento (porque los tres fueron eurodiputados mucho tiempo) una reedición de 'los tres tenores'.

Pero ahora, antes de su ascenso a 'ministro breve', Méndez de Vigo ocupaba el cargo de secretario de Estado para la Unión Europea. Con su 'colocación' ha dejado un hueco. Y ¿de quién han ido a echar mano para cubrir la vacante? Por supuesto, de otro del clan... No del clan PP. No... de su clan. Nos referimos a Fernando Eguidazu, quien tiene tiene todas las papeletas para ser nombrado este viernes en el Consejo de Ministros y cuya principal divisa es ser del círculo de amigos... En este caso, amigos del ministro García Margallo. El corrimiento de fichas no deja ni un resquicio para que se cuele una gota de aire.

Compañero de andanzas estudiantiles del Ministro
Margallo ya tenía colocado a Eguidazu en 'su Ministerio de Exteriores'. En concreto de director general de Relaciones Económicas (DGREI). Lo nombró en la primera hornada. En cuanto tuvo ocasión, en enero de 2012. Y ya entonces hicimos una semblanza de él... que ahora resumimos y recuperamos, porque da una idea de lo que estamos hablando.

Recordábamos entonces que Fernando Eguidazu podría resultar alguien desconocido para la mayoría, pero no para los espectadores, oyentes o lectores de los medios de los grupos Libertad Digital, Intereconomía y Telemadrid, los medios de comunicación de la derecha extrema, en los que este hombre, en su condición de vicepresidente del Círculo de Empresarios aparecía con frecuencia en los últimos meses del Gobierno socialista para compartir sus ideas políticas y económicas. Pero no era por estas intervenciones por las que se había hecho merecedor del reconocimiento... sino que las raíces de sus méritos se hundían mucho más en el tiempo.

Eguidazu y el ministro, García-Margallo, se habían conocido en su época de estudiantes.  Y ahí fraguaron una amistad cuyos votos, como se ve ahora otra vez, renuevan con el paso de los años.



Moviendo el dinero de los mutualistas
Nacido en Bilbao en 1944, hasta que Margallo le dio despacho y coche oficial en la Administración, había tenido como cargo profesional más relevante el de Gerente de Fraternidad-Muprespa, mutuas de accidentes de trabajo  que son las entidades colaboradoras de la Seguridad Social para gestionar las prestaciones por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. Mutuas, recordamos, que son asociaciones de empresarios, pero lo que manejan es el dinero que proviene de las cuotas que pagan empresarios y trabajadores, es decir de la Seguridad Social, por lo que su gestión y el nombramiento de su dirección está ‘controlada’ y supervisada por la Administración. Sus presupuestos, de hecho, se aprueban por el Parlamento dentro del presupuesto de la Seguridad Social.

El dinero de estas mutuas debe, por tanto, dedicarse a cubrir los gastos e indemnizaciones en los casos de enfermedad y accidentes de los afiliados. Para ninguna otra cosa. Sin embargo, algunas mutuas realizaron actividades de inversión con sus fondos que merecieron ‘la atención’ de la Seguridad Social. Entre ellas, desde luego, Fraternidad-Muprespa, la empresa que dirigía Fernando Eguidazu.

La historia de la compra de una consultora y un rancho con olivos
El primer ejemplo de estas ‘inversiones’ que chirrió a la Administración fue la adquisición por parte de MUPRESPA, mediados los años 90, de una empresa consultora en Argentina. Cuando la Seguridad Social supo de esta ‘inversión’, ante la incomprensibilidad de la operación, pidió explicaciones: ¿Qué hacía una mutua española adquiriendo una consultora? ¿Quién ganaba y qué por semejante operación tan inapropiada? Ante la falta de una explicación coherente a ésta y otras dudas, y más allá de posibles sospechas, lo que decidieron los responsables de la Seguridad Social fue ordenar que se deshiciera la compra. Al mismo tiempo, Eguidazu y otros socios habían adquirido un rancho con olivos que podían visitar sin gastos viajando a ver su consultoría. Los viajes se hacían en compañía de otras personas siempre a cargo de la Mutua.

Eguidazu se resistió reiteradamente a deshacer la compra de la consultora argentina, como se le pidió desde la dirección de la Seguridad Social española, asegurando que se trataba de una inversión productiva  El desencuentro se prolongó hasta el punto de que la Seguridad Social tuvo que judicializar el asunto. Las sentencias fueron favorables a las órdenes de la S.S., pero Eguidazu se resistió a cumplir con los requerimientos hasta su propio cese al frente de la Mutua, dejando este problema sin resolver. Parece, en cualquier caso, que las dudas sobre el provecho de la inversión que tenían en los organismos de control de la Seguridad Social estaban fundadas, porque hasta que publicamos aquel artículo había resultado imposible convencer a nadie para que comprara la empresa y recuperar la inversión que se hizo..., con dinero público.

Viajes a Cuba con familias y gastos a cargo de la Mutua
Otro caso que la Seguridad Social consideró ‘dudoso” en la gestión de Eguidazu fue la supuesta colaboración de  Fraternidad-Muprespa con ‘entidades mutualistas’ cubanas. El organismo encargado de supervisar las actividades de las mutuas detectó que cada verano la dirección de Fraternidad-Muprespa organizaba un viaje a la isla caribeña, en el que los directivos acudían acompañados por familiares. En determinados periodos estos viajes llegaron a tener una frecuencia mensual…  Casualmente la dirección de la Seguridad Social supo que Eguidazu y alguno de quienes le acompañaban tenían allí también intereses particulares de tipo inmobiliario que podía atender de la misma manera financiando sus viajes y de los acompañantes con cargo a Fraternidad-Muprespa.

Cuando se pidieron explicaciones, la que el equipo de Fernando Eguidazu dio fue que se trataba de compartir con los cubanos los métodos utilizados por su organización. Lo difícil es comprender cómo una mutua, organizada por empresarios y pensada para empresas privadas, puede organizar o impulsar organizaciones similares en Cuba, donde no hay mutuas ni, mucho menos, organizaciones de empresarios privadas, ni casi empresas que no sean del Estado. Desde la dirección de la Seguridad Social se les hizo ver esta contradicción y se pasó a prohibir que se organizaran más viajes de estos, coincidieran o no con periodo vacacional… Viajes, de nuevo hay que recordar, que estaban siendo además pagados con las cuotas de empresarios y trabajadores a través de la Seguridad Social.

240.000 euros… más gastos
El último dato, recordábamos, que habíamos conocido en ELPLURAL.COM sobre quien entonces era nuevo alto cargo de Exteriores, y ahora nada menos que a punto de ser Secretario de Estado, resultaba también revelador. Por su gestión, el señor Fernando Eguidazu recibía un sueldo de 240.000 euros, a lo que había que añadir gastos de representación, secretariado y auto con chófer, lo que llevaba a que se calculara que sus retribuciones en total se acercaban al medio millón de euros anuales.

Esto, más discrepancias de criterio como las ya expuestas, llevó a que desde la Administración el señor Eguidazu fuera ‘invitado’ a dejar su cargo como gerente de Fraternidad-Muprespa en 2009. Su salida no se realizó sin una nueva sorpresa.

Cese sin indemnización… o más bien no
Para su desagrado, la dirección de la Seguridad Social había comprobado que otros gestores de mutuas se habían ido llevándose considerables indemnizaciones. Se prohibió expresamente a todos estos directivos tener contratos blindados. Se les recordó que por razones éticas no podían dedicar dinero de los cotizantes para estos menesteres éticamente poco justificables. Cuando Fernando Eguidazu aceptó dejar su puesto se le preguntó si él tenía firmada alguna de estas indemnizaciones; dijo que no era así y en la Seguridad Social se le agradeció. Poco después de su salida se comprobó, sin embargo, que el señor Eguidazu había preparado su salida de otra forma.

En realidad había contratado un seguro con Catalana de Occidente en 1998. En concreto una póliza por valor de 165.405.439 pesetas, o lo que es lo mismo, un millón de euros, que ‘casualmente’ había rescatado poco antes de aceptar su salida de la mutua, en mayo de 2009. Las primas de esta póliza las había pagado religiosamente Fraternidad-Muprespa, a razón de 12.500.000 de pesetas, es decir, unos 72.000 euros anuales que, de nuevo hay que recordarlo, es dinero que provenía de las cotizaciones que aportaban empresarios y trabajadores.