Imagen de un cazador de jabalíes con lanza, propieda de Club Internacional de Lanceo.



No hace falta ir a Tordesillas para ver a los neandertales, que diría el Gran Wyoming, alancear a un pobre toro, acosado por miles de personas y perseguido por esos mandingas mesetarios de a pie. No, ni siquiera es necesario desplazarnos a Tarragona para presenciar la dantesca “antorcha animalaria de  los correbous”. ¡Qué va! Mientras que en el resto de España los amantes de los animales llevan un par de días rasgándose las vestiduras por la cruel muerte a la que fue sometido al astado de nombre “Rompesuelas” en la localidad vallisoletana, y cómo su matador, Cachobo,  apodo cariñoso recibido entre la “tribu paleolítica” que lo aclamaba mientras exhibía los testículos del abatido cornúpeta en su pica, aunque por lo visto tiene nombre y apellidos de humanoide (Fran Alcalá), en Castilla-La Mancha llevan tres años cazando jabalíes alanceados a caballo, gracias a una ley que autorizó la expresidenta del Gobierno castellano-manchego, María Dolores Cospedal, y que todo indica que será abolida por su sucesor en el cargo, el socialista Emiliano García-Page, a quien se le supone estar más cerca de las asociaciones en contra del maltrato animal, que de aquellos que reivindican estas aberraciones, aludiendo a la tradiciones y a la cultura popular, como si el sufrimiento, acoso y salvajismo fuera patrimonio de la humanidad, cuya declaración de la Unesco busca Cospedal para la mal llamada fiesta de los toros. Y no es broma.

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La “crueldad genera empleo”
Pues bien, la  caza del jabalí alanceado a caballo es una realidad desde hace tres años en Castilla-La Mancha. María Dolores Cospedal cambió la ley para adaptarla a los intereses de un grupo reducido (Club Internacional de Lanceo), devolviendo así a la región a “épocas del colonialismo británico”, como denuncia la Federación Española para el Bienestar Animal (FEBA). Sin embargo, el Gobierno de Cospedal hizo caso omiso de las quejas de asociaciones y ecologistas porque a su entender esta cruel y despiadada práctica cinegética “genera empleo”, dijo en su momento. Y claro, le llovió un aluvión de críticas en la red que, entre otras cosas, le recordaban que: “Ya sabemos que existen personas (por llamarlas de alguna forma) crueles, pero asusta que una ley les permita serlo”. “Es increíble que queramos que Europa nos ayude económicamente y nos tome por gente civilizada y seria y en Castilla La Mancha legalicen la muerte de animales con una lanza”. “Es como si en España viviésemos en la Edad Media”. “Sencillamente salvaje”. “Imagen patética y vergonzosa de España una vez más”…críticas que se acompañaban, por ejemplo, con fotografías de Alfonso XIII, que como buen Borbón era aficionado a cualquier práctica que supusiera abatir a un animal, entre otras el lanceo.

Cazadores de jabalí con lanza posan con sus trofeos, fotografía propieda de Club Internacional de Lanceo.



El selecto club de alanceadores
Pero mientras que en Tordesillas son los “Cachobos” y sus “Chonis” los que disfrutan del toro de la Vega, en Castilla-La Mancha son los señoritos los usuarios de esta, también tradición, “un arte tan antiguo que se remonta al Siglo I a.c”, dicen en su página web (clubinternacionaldelanceo.com), donde, además, reivindican la historia para proseguir con esta práctica salvaje: “En el Arco de Constantino se ven medallones de unos de los dos hispanos emperadores romanos como Trajano, lanceando jabalíes”. No solo eso, los defensores de esta aberrante práctica aseguran que el traslado de la capital de Toledo a Madrid por Felipe II “fue porque la orografía de la dehesa madrileña era ideal para practicar este deporte”. Ya puestos, por qué no reivindican también el derecho de pernada.

Miles de firmas contra la ley
Una práctica que recibió inmediatamente el rechazo de las asociaciones ecologías, que consideraban la misma “sangrienta y salvaje propia de bárbaros”, mientras  SEO Birdlife considera “inconcebible que se modifique una norma por el interés de una o dos personas, por importantes que sean”. EQUO también considera que esta modalidad es un “anacronismo incompatible con una sociedad avanzada”. Tanta indignación causó la decisión de Cospedal, que las redes se movilizaron en apenas unos días y conseguían miles de firmas para pedir su prohibición (Junta de Castilla-La Mancha: No autoricen la sangrienta práctica del “jabalí alanceado a caballo”). De nada sirvió.

Nueva ley consensuada
No es de extrañar, entonces, que el Gobierno de Emiliano García-Page haya anunciado ya que modificará la Ley de Caza que se aprobó en la anterior legislatura sin consenso, y que ahora se pretende alcanzar, para lo que se formará un grupo de trabajo con representación de todos los actores representativos de los sectores de la caza y conservacionistas. “Todos deben estar en la elaboración de esa ley porque la caza es una actividad económica de enorme importancia para la región”, reconocía hace unos días el consejero de Agricultura del Ejecutivo socialista. Además, la normativa de Cospedal es, según el Gobierno de Mariano Rajoy, inconstitucional porque al menos diez de sus artículos no se adaptan a la norma nacional. No sabemos si el lanceado del “jabalí de la Vera de Cospedal” se encuentra entre estas anomalías constitucionales.