Había ejercido de periodista y había escrito libros de relatos, ensayos y una novela. Pero Sergio del Molino (Madrid, 1979) despuntó definitivamente en 2013 con La mirada violeta, una descarnada y premiada obra autobiográfica sobre el paso por el mundo de su hijo, que falleció, enfermo de leucemia, siendo un niño.


Después de aquel texto, ahora llega con una breve autoficción, Lo que a nadie le importa, un título bastante interesante en el que compara su generación con la que vivió la guerra civil, a partir del retrato de su propio abuelo. Se alinea, así, con la perspectiva de Soldados de Salamina, un libro que marcó un punto de inflexión en la literatura española relacionada con la guerra civil, al ofrecer no ya la visión de los que la vivieron ni la de los hijos de éstos, sino la de los nietos.


Lo que a nadie le importa es, claramente, una novela de personajes. Los principales son el autor y su abuelo, cuyos caracteres están muy bien retratados, con análisis, referencias y hasta metáforas: “Hasta que vi unos cuadros de Hopper de verdad no entendí que el personaje hopperiano era mi abuelo. Yo era más de Juan Gris. Yo era más Ideales y él, más Marlboro. También era un vagabundo de la cosecha, un okie de Steinbeck y una estrofa de Woody Guthrie. Lo supe años después de su muerte, mientras mis zapatos hacían crujir la madera del suelo del MoMA de Nueva York”. Del Molino describe a su abuelo como un hombre serio, callado, seco, circunspecto, enigmático. Un carácter que sirve de exponente de una generación de supervivientes de una guerra civil y décadas de penurias, exilios, recuerdos reprimidos y tabúes. Una generación acorazada sentimentalmente.


La novela combina la descripción realista, muy periodística, y la introspección. Por medio de radiografías de la guerra y las costumbres, que no siguen un retrato lineal sino evocaciones que sugieren el funcionamiento natural, desordenado, de la propia memoria, se muestra un pasado inhóspito, el diagnóstico de un tiempo. Una descripción a raíz de la que el autor extrae conclusiones sobre su propia vida y su generación. “Mientras escribo esto me doy cuenta de que yo también hice como Buñuel y Sender y todos los escritores españoles que, antes de escribir lo que realmente querían escribir, se metieron a cronistas e intentaron retratar su país con ingenuidad y efectos especiales”.


El estilo narrativo de Sergio del Molino es directo y entretenido. Administra las palabras en favor de la economía del texto. Sin ser prosa poética, tiene una carga lírica notable: “José Molina, medio cojo y casi inútil, arrastró su pierna por toda Cataluña, barriendo con el empeine de la bota los despojos de una España a la que no le habría importado pertenecer”.


Un libro interesante en forma y contenido, una interesante comparación de dos periodos históricos y las personas a las que han dado forma. Una nueva novela de uno de nuestros autores en alza.


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