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William Gaddis y Phillip Lopate: el arte del ensayo

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Jue, 9 Feb 2017

El ensayo como arte literario y como seña de identidad autobiográfica es algo que entendieron y cultivaron con maestría y precisión William Gaddis (que falleció en 1998) y Phillip Lopate (que aún sigue vivo), dos escritores norteamericanos que en este país no cuentan con tantos lectores como deberían. Aquí hemos leído ambos libros: en principio tienen en común que muchos de los textos reunidos en los dos fueron escritos en los años 90. La traducción de La carrera por el segundo lugar (a cargo del escritor, poeta y traductor Mariano Peyrou) se acaba de publicar ahora en Sexto Piso. La traducción de Retrato de mi cuerpo (de Ana Marimón Driben) se publicó en 2010 en Tumbona Ediciones, pero hasta hace poco no se podía conseguir en España.   

William Gaddis: La carrera por el segundo lugar (Sexto Piso)

Los editores de Sexto Piso llevan varios años enfrascados en una empresa suicida y asombrosa: recuperar la obra completa de William Gaddis, bien sea en forma de reediciones o de traducciones de textos inéditos. La carrera por el segundo lugar era el último volumen de esta Biblioteca Gaddis (aunque aún faltaría su correspondencia), que forman Ágape se pagaGótico carpinteroJota ErreLos reconocimientos y Su pasatiempo favorito: novelas difíciles, complejas, extraordinarias y, en algunos casos, bastante voluminosas. El escritor no se lo ponía fácil al lector y él mismo lo reconoce en unos de los textos aquí reunidos: sus ficciones contienen oraciones largas, o están estructuradas con diálogos sin apenas acotaciones, o abundan en datos y en citas y en múltiples referencias. Pero quien aún no se haya atrevido con sus obras, bien puede empezar por este volumen: los ensayos alcanzan una extensión breve o media, resultan más accesibles que sus novelas y constituyen una perfecta carta de presentación para saber quién era William Gaddis o, al menos, para saber en qué territorios se movía. Por ejemplo, lo mucho que detestaba hablar sobre su obra o leer sus propios textos en público (Se les lee a los niños. ¿Por qué inventamos la imprenta? ¿Por qué estamos alfabetizados? Porque el placer de estar completamente solos, con un libro, es uno de los mayores placeres que hay. / No hay nada más angustioso y agobiante que un escritor leyendo su obra delante del público), o de qué manera establece una crítica afilada contra quienes nos manejan. El libro es una suerte de cajón de sastre, con textos de ocasión, notas y ensayos, discursos al recibir algunos premios, retratos sobre personas a las que admiraba, borradores y tratamientos para películas o esbozos y cronologías de proyectos que jamás llegó a terminar (su historia de la pianola). Incluso en sus textos menores o menos logrados, Gaddis siempre se revela como el dueño de una especie de inteligencia superior, certero en sus diagnósticos y mordaz en sus reproches. Leyendo estos ensayos dispersos ocurre como con Phillip Lopate: que, aunque a veces no hablen sobre ellos, nos están diciendo entre líneas mucho sobre ellos mismos, sobre sus aspiraciones, sus conductas, sus maneras de proceder. Por eso el ensayo, en manos de ambos, alcanza el grado de arte superior.

 Phillip Lopate: Retrato de mi cuerpo (Tumbona Ediciones)

Es curioso el caso de Phillip Lopate. Dos de sus novelas han interesado a los editores españoles (corrijo: a un editor, Luis Solano, de Libros del Asteroide): Segundo matrimonio y El mercader de alfombras. Pero sus ensayos sólo parecen haber motivado, por el momento, a editores de Latinoamérica: Contra la alegría de vivir y Retrato de mi cuerpo se publicaron en la mexicana Tumbona Ediciones; Totalmente, tiernamente, trágicamente (sus textos en torno al cine) salió en la editorial chilena Universidad Diego Portales. A falta de leer esta última compilación, tengo para mí que Lopate es superior en el ensayo que en la novela, y eso sin desdeñar sus fabulosas ficciones, en especial la ya mencionada El mercader de alfombras. Pero imagino que no será comercial. España es ese país donde siempre se apostará primero por la novela, reservando los últimos huecos para el cuento, la poesía y el ensayo. En Retrato de mi cuerpo encontramos trece textos, en los que Lopate se muestra lúcido e implacable. En ocasiones habla de otros, elaborando piezas sensacionales: sirva para el caso su semblanza del escritor Donald Barthelme, del que fue colega y amigo aunque hubo algunos roces y malentendidos entre ellos; Lopate lo trata con justicia, lo mira con devoción, pero no se ahorra dardos cuando sabe que tiene que lanzarlos. El retrato que elabora sobre su padre no dista demasiado de los que John Fante hacía (en la ficción) sobre el suyo: retratos crudos, a menudo crueles, pero no exentos de cariño. No falta el cine, una de las pasiones de Lopate: son desternillantes sus "Confesiones de un callador de bocas", donde cuenta sus problemas para lograr ver y escuchar una película en silencio en las salas de cine, lugares donde nunca faltan gárrulos, maleducados y gente de naturaleza nerviosa; y son casi metafísicas sus observaciones en "El cine y la vida espiritual". Lopate también habla de los tiempos en que iba encaminado a ser un soltero sin remedio, de sus viajes, de sus paseos sin rumbo por Greenwich Village, o, en la pieza más polémica de todas, de lo que él llama la obsesión de los judíos por el Holocausto (y él también es judío, de manera que no estamos ante una crítica gratuita ni antisemita). Un ejemplo de la mirada de Phillip Lopate, que a veces es bastante viperina, es evidente en su "Retrato de mi cuerpo": es magnífico el modo en que se analiza a sí mismo y no oculta sus faltas y sus defectos (No me gusta en absoluto la persona que soy, pero a fuerza de un orgullo pertinaz actúo como un hombre satisfecho consigo mismo). Para quien guste del ensayo literario, en Lopate y en Gaddis tiene a dos de los grandes.