Cocochas de merluza con crema de jalapeños, calamares casi quemados  por fuera y ternísimos por dentro,  sándwich de perdiz y anguila, carrillera (que es lomo de atún) glaseada al jengibre con parmesano, trufa... Cocochas de merluza con pil pil ligero de foie refrescadas con espuma de rábano, mollete chino relleno de rabo de toro, queso  acidulado y ligero de pochas, zamburiñas, berberechos y leche de coco, todo ello reposado en el cuenco de medio coco. Y así…

De risas y Champagne
Estos, y decenas de delicias más sabrosas y complejas aún, son los platos que desde 2007 ofrece el archialabado y estrellado restaurante madrileño DiverXo, creado por David Muñoz, el cocinero más famoso de  la capital, el que recuperó para la ciudad las tres estrellas Michelin que un día alcanzó el aristocrático y reverenciado Zalacain, ahora de capa caída y sin otra luz que la de su imborrable recuerdo.

El travieso crestas David Muñoz, una suerte de Marcel Duchamp del  plato que, como el artista francés hijo de Dada y el surrealismo, pretende ser el principio de un nuevo concepto de cocina nunca antes existente; el que deslumbra a los calibradores  del paladar más exigentes del mundo y se convierte, por interés del presidente de la comunidad de Madrid y la crítica entregada, en un símbolo de la mismísima capital de España hasta el punto de competir con la Cibeles, la Mahou y el Real Madrid. Sí, ese cocinero estrella y su obra han desaparecido de las posiciones Premium que tenían en el rollo infinito de san Google al conocerse que mantiene una relación sentimental con Cristina Pedroche, la joven vallecana, morena de espléndidas curvas, que viene haciendo en televisión de todo: presentadora, corista, actriz, cuenta chistes... gracias a su arrojo y a ese cuerpo que dios le ha dado. Vamos, una chica famosísima.

El Twitter de la confirmación del romance El Twitter de la confirmación del romance



Ahora buscas a David Muñoz en la red y la primera, segunda, tercera, cuarta.... referencia que encuentras del artista, de su  pinza y el minimalismo intenso de su inventiva culinaria está unida a su relación con Pedroche. La memoria creativa del joven Muñoz hemos de encontrarla muy abajo. Las críticas más encendidas sobre su obra y restaurantes han sido sepultadas por unos ojos morenos y los pechos en proa de una conquista más adictivos de la televisión farandulera.

¿Comida callejera? ¿Comida callejera?



Claro que preguntas en internet por Cristina Pedroche y allí sigue primando ella en bikini o bailando, en la ducha de hielo o con su cuerpo al raso de la última nochevieja. Su relación con el chico de la cocina para el futuro la encontramos mucho más abajo. Ella, la Pedroche, sigue dominando sola a pesar de haberse dado un baño con el arte anunciado por Twitter.

Es lo que hay. En esto se ha convertido nuestro mundo de famosos y Sálvame. Un río catódico de espectáculos banales, y casi siempre chocarrero, que atrapa la atención de la mayoría de la población ansiosa de escenas televisivas que se adornan con melodías de dos notas narradas con palabras pronunciadas a gritos. El cocinero, portada de medios serios e influyentes, la nueva sensación tras Ferran Adriá de la cocina y la excelencia española, sepultado en la red por unos ojos de cartel y dos tetas de espectáculo.

El amor es así, y puede que la fama y el éxito rotundos vengan por esos caminos, también para David Muñoz. Pero ya debe haberse dado cuenta que la cara bonita de su chica será lo primero durante un tiempo imprevisible. Aunque tampoco debería importarle mucho. Al fin y  al cabo no ha sido el primero ni será el último que cae atrapado por  la carne más bella. La historia del mundo está repleta de ejemplos  idénticos. Ahora recuerdo aquella pareja que formaron Marilyn Monroe y Arthur Miller. ¿Qué poesía volaría por la habitación del hotel cuando se encerraban durante días bien pertrechados de champán y los camareros sólo oían risas?