La juventud, como estado, es transitoria, como recurso es fundamental. Por encima de gobiernos, circunstancias y coyunturas, la juventud es la garantía de pervivencia de lo saludable y el seguro para combatir lo que de negativo acumulan las generaciones que le preceden. Pero registra la mayor fortaleza posible: renovadora, audaz y capaz, de una Sociedad. El perfil de la Sociedad en el medio y largo plazo, pasa por la juventud actual. Cuando se dan las cifras de paro y se concreta el que corresponde a los jóvenes, nos quedamos aterrados todos aquéllos a los que la salud de nuestra Sociedad importa algo, aquéllos a los que el legado que dejamos para los que sigan, forma parte de nuestras preocupaciones fundamentales. Hay algunos a los que este tipo de cosas les resbalan. Cualquiera, medianamente sensato, debe quedar sin palabras cuando contempla las cifras de paro juvenil, no sólo en su Región, sino en su País e incluso en Europa.

La gravedad de la situación es de dimensiones de cataclismo. Los derechos asociados a las personas resultan fulminados cuando se trata de personas jóvenes. Es posible que la vulnerabilidad asociada a la edad, experiencia y destreza, tenga algo de parte en este desideratum, pero no lo es menos que concurren multitud de factores que entorpecen mucho más el escenario. La desregulación del mercado laboral ha venido a popularizar un círculo vicioso en el que se suceden, sin solución de continuidad, contratos temporales y trabajo mal pagado. Desde que se inició la crisis, el paro juvenil no ha cesado de aumentar, alcanzando cifras realmente indecentes. La OIT, certifica que la UE y los países desarrollados alcanzaron entre 2008 y 2011 el mayor incremento del paro a nivel mundial, llegando al 26.5%. Claro que la historia se cuenta por barrios: en España 52.4%, en Grecia 54.3%, en Portugal, 37.4% y en Italia 34.2%. Cifras aterradoras.

No sólo es nocivo la elevada cifra de paro, sino el tiempo en el que se permanece en tal situación, ya que es un demérito añadido, por cuanto merma las posibilidades de futuro: menor ingreso, menos habilidades, menos empleabilidad, menos satisfacción laboral y, en suma, repercusión sobre la salud. Círculo maldito y espiral autoexplosiva. Un estado retroalimentado constantemente que queda fuera de control. Se ha estimado que un periodo de 6 meses en paro acaecido a los 22 años, puede desencadenar, con mucha probabilidad un sueldo inferior en un 8% a los 23 años. Es decir, por si no fuera poco ya el hecho de sufrir el desempleo, encima refuerza la debilidad afectando a un momento posterior, negativamente. Pero no queda ahí zanjada la cuestión, por cuanto sigue afectando al estado a los 30 y 31 años, ya que el sueldo podría ser inferior en un 2-3% para aquellos que estuvieron 6 meses parados a los 22. Es decir, el periodo de latencia de la dolencia del paro afecta durante una década. Es escandalosamente insultante la incidencia de las consecuencias de unos hechos involuntarios en la vida de las personas.

Atravesamos unos momentos históricos, nunca vividos con anterioridad. El desprecio de los valores por parte de una sociedad inconforme, pero sumida en una nebulosa ideológica que la mantiene secuestrada y entregada a principios impuestos por una minoría, hace que no sea capaz de distinguir lo superfluo de lo fundamental. La Sociedad actual ni reacciona ni es capaz de poner pie en pared cuando la parte más sensible de la misma, que es su población joven, sufre el desprecio, el olvido y se sumergen en una indiferencia enfermiza. Esta Sociedad actual no es capaz de darse cuenta de que, incluso por puro egoísmo, la juventud es la garante del futuro de las cohortes de edad que ocupan el rango maduro de la misma. Todo lo que subyugue, soslaye o ignore a la juventud, va en detrimento de la tranquilidad a la que puede aspirar la parte madura de la sociedad. Pero es que además de esto, esta sociedad está negando a la juventud actual un entorno en el que quepan como personas, se desarrollen como tales y se proyecten con sus potencialidades, corrigiendo a la propia sociedad, carente del flujo vital de una juventud que late mortecina, marginada y potencialmente disminuida.

Cuando se recuerda a los autores del primer tercio del siglo pasado, Ortega, Machado, … que clamaban por la España invertebrada, como haría Ortega en 1921, todo parece indicar que es como si no hubiera pasado el tiempo. Porque la insolidaridad de antes, como la de ahora, impide que nadie tenga fuerzas para hacer, ni siquiera para asegurar sus propios derechos y, muy al contrario, cualquiera tiene fuerzas para deshacer. Esto tiene una denominación unívoca: incivismo. Es el mal de nuestro tiempo contemporáneo. Nadie se preocupa de otro y, al cabo, los jóvenes no escapan a esta generalizada barbarie. No parece que sean tiempos para las revueltas. Pero no diría yo que no sean propicios para las revoluciones. Si hay algo que atesora la juventud es audacia, a raudales. Es posible que comience a hacerse patente.

Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia