La situación en Estados Unidos es de otro mundo. Extraterrestre, incluso. El segundo mandato de Donald Trump ha comenzado su segundo año con polémicas a ritmo semanal: la detención de Nicolás Maduro y su sustitución por Delcy Rodríguez, las amenazas sobre Groenlandia, la marcha de la Organización Mundial de la Salud, las agresivas acciones y políticas sobre la población migrante a través del ICE o la publicación de los archivos de Epstein, en los que se descubría la existencia de una red de tráfico sexual con menores de edad como víctimas en la que habrían participado, presuntamente, infinidad de personalidades de las más altas esferas socioeconómicas. Tantos terremotos políticos juntos suelen requerir de maniobras de distracción para apaciguar las aguas y llevar el debate público hacia cuestiones más laxas, como la reciente orden del mandatario estadounidense a distintas agencias federales para iniciar el proceso de identificación y futura divulgación de archivos oficiales relacionados con objetos voladores no identificados (OVNI), fenómenos aéreos no identificados (FANI) y posibles formas de vida extraterrestre.
Trump hizo este anuncio a través de TruthSocial, donde señaló que la medida responde al "gran interés mostrado" por la ciudadanía y que los asuntos en cuestión son "altamente complejos, pero extremadamente interesantes e importantes", después de que su predecesor, Barack Obama, sacara el tema en el podcast del periodista Brian Tyler Cohen, donde aceptó responder a una ronda de preguntas rápidas. Al ser preguntado por si los extraterrestres son reales, Obama respondió: "Son reales, pero yo no los he visto". El exmandatario añadió que no existen instalaciones secretas subterráneas, y descartó que haya algo oculto en el Área 51 salvo que hubiera "una enorme conspiración" capaz incluso de esconder información al propio presidente de Estados Unidos.
Horas después, Trump criticó esas palabras ante los periodistas a bordo del Air Force One, asegurando que Obama "dio información clasificada" y que "cometió un grave error" al expresarse en esos términos. Aun así, el actual presidente admitió que él mismo desconoce si los extraterrestres existen o no, pero defendió la necesidad de recopilar y divulgar documentos oficiales sobre OVNI, FANI y posibles formas de vida extraterrestre. Tras la polémica, Obama precisó posteriormente en Instagram que durante su presidencia no vio "pruebas" de contacto con extraterrestres. No obstante, matizó que sus palabras se fundamentaban en que teniendo en cuenta lo vasto del universo, considera probable que exista vida más allá de la Tierra.
Esta orden afecta al Departamento de Defensa, al que Trump se refirió como "Departamento de Guerra", y a otros organismos del Gobierno federal. El objetivo, según explicó, es recopilar y hacer públicos documentos que durante décadas han alimentado especulaciones sobre fenómenos aéreos no identificados y la posible existencia de vida más allá de la Tierra. Por ahora, la Casa Blanca no ha detallado plazos ni el alcance concreto de la documentación que podría hacerse pública, aunque el mandatario insistió en que se trata de un asunto “tan complejo” como relevante desde el punto de vista institucional. Pese a las justificaciones que se aportan desde Washington, el timing no podría ser más conveniente para Trump y sus secuaces, y la conveniente utilización de esta información como bomba de humo y distracción de las cuestiones mencionadas al comienzo del texto parece clara.
La Isla de Epstein
El Departamento de Justicia de Estados Unidos publicaba en enero más de 3 millones de documentos relacionados con la investigación sobre el pederasta y delincuente sexual Jeffrey Epstein. Más de 2.000 vídeos y 180.000 imágenes recopilados de las investigaciones contra el multimillonario y su expareja, Ghislaine Maxwell; así como de las pesquisas sobre su muerte. Unos archivos que fueron publicados con el fin de revelar lo que el Gobierno sabía sobre el abuso sexual de menores por parte de Epstein y sus interacciones con personas poderosas. El departamento declaró, a finales de año, que aún tenía más de cinco millones de páginas por revisar y que necesitaba reasignar a cientos de abogados para ello.
"Hoy estamos produciendo más de tres millones de páginas, incluyendo más de 2.000 vídeos y 180.000 imágenes en total. Los empleados del Departamento de Justicia han estado trabajando duro para conseguir que se publiquen los archivos, con más de 500 abogados y profesionales dedicando largos días y noches para completar esta producción", señalaba el fiscal general adjunto Todd Blanche en una rueda de prensa.
Donald Trump, que fue amigo de Epstein en la década de 1990 y principios de los 2000 antes de su primera condena, se había resistido durante meses a cualquier divulgación de la investigación hasta que tanto demócratas como republicanos en el Congreso aprobaron la ley a pesar de sus objeciones. En los archivos, se revelan presuntos delitos tales como tráfico de personas, abusos sexuales sobre menores de edad, asesinatos, tráfico de drogas, torturas, extorsiones e influencias indirectas en asuntos de la política y economía internacionales.
El ICE y sus abusos internos sobre la población migrante
Por otra parte, desde su regreso al poder, Donald Trump ha reiterado su objetivo de llevar a cabo la mayor deportación de personas en situación irregular de la historia de Estados Unidos. Para ello, su administración ha impulsado una intensa campaña de reclutamiento destinada a aumentar de forma drástica el número de agentes del ICE, la principal agencia encargada de hacer cumplir las leyes de inmigración en Estados Unidos. Fue creada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, junto con el actual Departamento de Seguridad Nacional, a partir de la fusión de funciones del antiguo Servicio de Aduanas y del Servicio de Inmigración y Naturalización.
A diferencia de la Patrulla Fronteriza, el trabajo del ICE es interno: sus agentes no vigilan las fronteras, sino que operan dentro del país. Hasta hace poco, ambas divisiones tenían funciones diferenciadas; no obstante, hoy ejecutan el mismo plan de deportaciones masivas impulsado por la Casa Blanca. Con varios asesinatos a las espaldas de este cuerpo, se ha intensificado el debate sobre la capacitación real de los agentes. La reacción social a los últimos acontecimientos se ha escenificado en grandes manifestaciones.
El aumento de recursos de este cuerpo ha sido innegable. Con la reforma fiscal bautizada por Trump como la "gran y hermosa ley", el ICE recibió 75.000 millones de dólares adicionales, que se sumaron a los 11.000 millones con los que ya contaba. Más fondos, más agentes y más operaciones que se han traducido en más detenciones, más violencia sobre la población migrante y más asesinatos.
El timing perfecto
Una injerencia en la política interna de un país extranjero, el secuestro de su máximo mandatario y su sustitución por otra persona servil a los intereses de Washington. Amenazas a un país miembro de la Unión Europea y de la OTAN por controlar Groenlandia. Tensiones graves con Irán y el completo apoyo a Israel ante el genocidio palestino. Ciudadanos muertos a manos de las fuerzas de represión. La élite socioeconómica participando presuntamente en una red de prostitución de menores y otras atrocidades. Y de repente, aliens. ¡Qué maravilla! ¡Qué conveniente!
Las cortinas de humo, los reforzadores de opinión y las distracciones capciosas se llevan utilizando en política desde que el mundo es mundo para desviar el foco de asuntos más importantes o escabrosos. Sea coincidencia o no, el de los OVNI files es un ejemplo perfecto para ilustrar este fenómeno, con la prensa y la actualidad noticiosa centrada en esta cuestión y desviando el foco de otras cuestiones recientes de mucha mayor gravedad.
El proceso, en cualquier caso, es cíclico y constante: cuando surjan nuevos escándalos y acciones difíciles de justificar, surgirán nuevos velos distractivos. Nada del otro mundo, literalmente.