El último bastión del PP en Andalucía cada vez está más cerca de caer. El Ayuntamiento de Málaga, regido por Francisco de la Torre desde el año 2000, podría cambiar en las próximas elecciones municipales del 26 de mayo. 

¿El motivo? Daniel Pérez, el candidato que presenta el PSOE por esta localidad, un hombre que, pese a tener solo 38 años, cuenta ya con una gran trayectoria política. 

Recientemente concedió una entrevista a ElPlural.com, y entre muchas cosas, Pérez nos mostró su lado más íntimo al confesar su amor por el Málaga C.F. Es muy habitual verlo cada vez que su equipo juega en La Rosaleda, verlo, como socio que es del club desde hace ya muchos años, en compañía de su hermano disfrutando o sufriendo en el fútbol con sus amigos. Pero lo hace como un socio más, sin protocolos y en la cercanía que da el estar entre la gente. El malaguismo lo lleva en la sangre lo siente de verdad desde niño. Jugó en el Olímpica Miraflores, pero pronto descubrió que sus dotes futbolísticas no eran las más adecuadas para hacer carrera en la Liga.

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Este amor incondicional al club de su tierra le ha dado muchas alegrías, pero también tristezas. Como el curso pasado, cuando el Málaga C.F fue el colista de la competición tras una temporada nefasta y bajó a la categoría de plata del fútbol español -ahora son líderes de la Liga 1,2,3-. Sin embargo, Pérez no se bajó del barco ni en esta delicada situación. Prueba de ello es una columna que publicó en el periódico digital Diario Sur titulado El Málaga es un sentimientojusto el día después de consumarse el descenso. 

La carta íntegra: 

 Han pasado más de 30 años desde que pise por primera vez el estadio de 'La Rosaleda'. Cuando joven pude acudir al estadio en pocas ocasiones, ya que mi padres no podían costearnos, a mi hermano y a mí, el carnet de socio. Sin embargo, eso no acabo con las ansias de aquel chiquillo que jugaba por las calles de Miraflores pensando en ser el próximo Juanito o Makanaki, que si bien no fue un gran referente futbolístico su nombre inundaba las escuelas por su sonoridad.

El tiempo me fue quitando el sueño de debutar en mi equipo, la calidad nunca me acompañó, pero el sentimiento siguió igual de fuerte. Ya de mayor decidí hacerme socio de mi equipo, junto a mi hermano Antonio. Nunca fallamos en nuestro asiento. No hay nada más motivador que un gol del Málaga en la Rosaleda con su consecuente piel de gallina y temblor bajo los pies.

Habíamos vivido unas décadas de meridiana estabilidad. Mi época adolescente, la más futbolera, coincidió con aquel Málaga que ascendió a segunda, con Ismael Díaz de entrenador, de los Basti, Guede, Roteta, Larrainzar, Movilla, Sandro o Bravo, entre otros.

De la mano de Joaquín Peiró llegó el mejor Málaga que yo recuerde -por mi edad-, por aquello de la estabilidad. Cierto es que no había dinero, éramos un club vendedor, pero parecía que se acertase en cada fichaje para, como mínimo, mantener un buen nivel, con un equipo que acostumbraba a jugar con extremos y laterales veloces.

Ayer, cuando se consumó el descenso, y después de apagar el televisor, vino de nuevo a mi memoria aquel Málaga que brindaba victorias y emocionaba a la afición en cada partido. Este fue el Málaga que me hubiese gustado ver.

Hoy leemos por parte de la propiedad una carta pidiendo disculpas. Lo que hace falta es menos palabras y más hechos. Los malagueños queremos ver a una propiedad involucrada y sobre el terreno, que como nosotros le duela el equipo. Y es que muchos no lo entenderán, ellos parece que tampoco, pero ser del Málaga es un sentimiento.