¿Cuánto hace que no pagas con dinero en metálico? No sé tú, pero yo cada vez lo hago menos. Para empezar, porque no llevo cartera, pero eso ya te lo explico otro día. Pero, sobre todo, porque contar billetes y monedas o esperar el cambio ha pasado de ser un gesto cotidiano, a algo casi olvidado.

Cuanto más “lejos” estás del dinero, más fácil es gastarlo

Hoy, pagar con tarjeta o con el móvil se ha convertido en la opción más habitual en supermercados, bares, transporte y comercios de todo tipo. El pago es rápido, silencioso y casi invisible. Porque, cuanto más “lejos” estás del dinero, más fácil es gastarlo.

Ese cambio, aparentemente menor, dice mucho de cómo está evolucionando nuestra relación con el dinero. Pagar ya no implica tocar ni ver el dinero, y eso tiene consecuencias económicas, sociales y culturales que van más allá de la comodidad.

El impulso definitivo hacia el pago digital

Según el Banco de España, “el uso del efectivo ha disminuido de forma significativa en los últimos años, especialmente tras la pandemia, mientras que los pagos digitales han ganado protagonismo”. El cambio se consolidó incluso cuando desaparecieron las restricciones sanitarias.

Está claro que la pandemia marcó un punto de inflexión. El pago sin contacto pasó de ser una opción cómoda a una recomendación sanitaria. Desde entonces, su uso no ha dejado de crecer. Lo que empezó como una medida excepcional, se convirtió en hábito.

Comodidad, rapidez y control… en apariencia

El principal argumento a favor del pago digital es la comodidad. No hace falta llevar efectivo, no hay que contar monedas y el proceso es inmediato. Para los comercios, además, supone menos gestión de caja y mayor trazabilidad.

Desde el Banco Central Europeo (BCE) se reconoce que “los pagos electrónicos ofrecen eficiencia, rapidez y seguridad en un entorno económico cada vez más digitalizado”. En términos operativos, el sistema funciona. Pero esa misma facilidad tiene un reverso menos visible.

Cuando el dinero deja de sentirse

Uno de los efectos más citados por economistas y expertos en consumo es el cambio en la percepción del gasto. Al no ver ni tocar el dinero, gastar se vuelve más abstracto.

El propio Banco de España advierte en varios informes que “el uso del efectivo facilita una mayor conciencia del gasto, especialmente en determinados colectivos”. Pagar con billetes hace que el desembolso sea más tangible, algo que se diluye cuando el pago es digital.

No es casualidad que muchas personas tengan la sensación de gastar más cuando todo se paga con tarjeta o móvil. por eso, el Banco de España subraya que “la educación financiera es clave para que los ciudadanos comprendan y gestionen adecuadamente los nuevos medios de pago”. Sin esa formación, el riesgo de descontrol aumenta.

No todos pueden prescindir del efectivo

Aunque el pago digital se presenta como universal, no todas las personas avanzan al mismo ritmo. Personas mayores, población rural, personas con bajos ingresos o sin acceso estable a servicios bancarios siguen dependiendo del dinero en metálico.

Desde el ministerio de Consumo se ha insistido en que “el efectivo sigue siendo un medio de pago esencial para garantizar la inclusión financiera de todos los ciudadanos”. El problema surge cuando esa realidad no se tiene en cuenta.

Comercios que ya no aceptan efectivo

En los últimos años han proliferado establecimientos que solo aceptan pago con tarjeta o móvil. El Banco de España recuerda que “el efectivo es un medio de pago de aceptación obligatoria, salvo en casos justificados”.

Sin embargo, la frontera entre lo legal y lo habitual se vuelve difusa en el día a día. Para quien depende del efectivo, esta situación supone una barrera real.

El rastro que deja el dinero digital

Otro de los debates centrales es la trazabilidad. Cada pago digital deja un registro. Esto facilita el control financiero, la lucha contra el fraude y la gestión personal del gasto, pero también plantea preguntas sobre la privacidad.

El BCE reconoce que “el equilibrio entre innovación, eficiencia y protección de la privacidad es uno de los grandes retos del sistema de pagos actual”. Pagar en efectivo, en cambio, no deja huella digital. No es una cuestión de nostalgia, sino de derechos y opciones.

Además, aunque se use menos, el dinero en metálico sigue cumpliendo una función clave como sistema de respaldo. Los fallos técnicos, caídas de red o problemas bancarios nos recuerdan periódicamente que depender de un único sistema siempre tiene riesgos.

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