Si has cambiado de móvil en los últimos dos o tres años, no estás solo.¿Estamos antes un ejemplo mas de obsolescencia programada? La respuesta no es tan simple como “la batería se gasta”. 

Entre actualizaciones, nuevas funciones, políticas y hasta regulaciones, los móviles cada vez duran menos

Entre actualizaciones, nuevas funciones, políticas de fabricantes y hasta regulaciones europeas, se ha construido un ecosistema en el que la vida útil de un dispositivo depende de muchos factores. Entenderlos puede ayudarte a alargar su uso, ahorrar dinero y reducir tu impacto ambiental.

Por qué la “vida útil” de un móvil no es una sola cifra

Cuando hablamos de cuánto dura un teléfono o un portátil, entran en juego varias definiciones: vida útil del hardware, soporte del sistema operativo y actualizaciones de seguridad. En España y Europa, esta última dimensión está sufriendo un cambio importante como consecuencia de las nuevas normas del Pacto Verde Europeo que exigen, entre otras cosas, actualizaciones de seguridad durante al menos 5 años y disponibilidad de repuestos durante 7 para los dispositivos comercializados después de junio de 2025.

Sin esto, un dispositivo puede “funcionar” pero dejar de recibir parches de seguridad o nuevas funciones, lo que reduce su utilidad real.

Obsolescencia: ¿planificada o percibida?

No todos los problemas tienen que ver con la calidad del dispositivo. A veces la obsolescencia viene marcada por la necesidad de usar nuevas aplicaciones, funciones o sistemas que ya no son compatibles con modelos anteriores. 

Este fenómeno se mezcla con lo que se conoce como obsolescencia programada, es decir, cuando un producto está diseñado para dejar de ser útil o competitivo mucho antes de lo que sus materiales podrían permitir.

Lo cierto es que los sistemas operativos y algunas aplicaciones requieren cada vez más recursos: si un móvil tiene un procesador que no soporta las últimas funciones de IA o seguridad, aunque físicamente funcione bien, su utilidad real baja. Por eso, algunos modelos antiguos pueden seguir encendidos, pero el usuario siente que están mal porque van más lentos o fallan. 

El papel de las actualizaciones

Otro factor clave es el soporte de software. Apple, por ejemplo, ofrece a sus iPhone al menos cinco años de actualizaciones de seguridad y funcionalidades. En el mundo Android, la situación era más caótica hasta hace poco, pero fabricantes y plataformas están extendiendo el soporte.

De hecho, algunos fabricantes que usan chips Qualcomm han anunciado que sus modelos con procesadores más recientes ofrecerán hasta ocho años de actualizaciones de sistema y seguridad en algunos casos. Esto es un paso importante hacia una vida útil más larga, aunque depende de que cada marca lo implemente realmente.

¿Qué papel juegan la batería y el hardware?

Es cierto que la batería es el componente que más suele fallar. Las pilas de iones de litio, comunes en todos los móviles modernos, pierden capacidad con cada ciclo de carga. Tras unos 500 ciclos completos de carga y descarga, muchos usuarios empiezan a notar una bajada significativa de rendimiento. 

Sin embargo, esto no significa que el teléfono entero esté obsoleto: en muchos casos, una reemplazo de batería puede devolver una vida útil satisfactoria al dispositivo. El hardware también influye, pero su obsolescencia depende más de lo que exija el software moderno que de su desgaste físico.

El impacto ambiental de sustituir dispositivos pronto

La brevedad de la vida útil no es solo un problema financiero para el consumidor; también tiene un gran impacto ambiental. Un informe de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES) y Fundación Alternativas señala que en España muchos teléfonos móviles alcanzan el final de su vida útil en torno a los 3,5 años, mientras que los ordenadores portátiles se sitúan alrededor de los 6. Se calcula que duplicar la vida útil de estos dispositivos podría evitar emisiones de CO₂ equivalentes a las de 17.000 coches en un año, además de reducir la extracción de materiales como litio o cobalto.

Qué se puede hacer (sin renunciar a lo útil)

Si quieres alargar la vida de tu dispositivo, ahorrar dinero y ser más sostenible, lo primero es cuidar la batería y evitar recargas completas constantes. Trata de instalar actualizaciones de seguridad tan pronto como estén disponibles. Si es posible, reemplaza la batería antes de pensar en cambiar todo el dispositivo. También puedes usar almacenamiento en la nube o herramientas de migración de datos para que el cambio a un nuevo dispositivo sea menos traumático y sin pérdida de información Y espera a comprar nuevos modelos cuando haya actualizaciones importantes de ley o soporte, como las normas europeas que se empezaron a aplicar a partir de mediados de 2025. 

Recuerda: no todo se arregla cambiando de móvil, ni todo lo viejo está obsoleto. Entender cómo y por qué envejecen nuestros dispositivos nos da margen para usarlos mejor y durante más tiempo. A veces, la decisión más inteligente es no cambiar nada.

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