El presidente del Partido Popular de Castilla-La Mancha, Paco Núñez, ha vuelto a situar el foco de su discurso político en la idea de que Emiliano García-Page estaría “agotado”, “sin ambición” y desconectado de la sociedad castellanomanchega. Un mensaje que el líder popular ha repetido este jueves y con el que ha tratado de proyectar la imagen de un final de ciclo político en la comunidad autónoma de cara a 2027. Sin embargo, esta estrategia choca de frente con una realidad incómoda para el propio Núñez: él mismo ya ha perdido dos elecciones autonómicas consecutivas y se encamina a unas terceras sin haber logrado construir una mayoría alternativa.
Desde que asumió el liderazgo regional del PP, Núñez ha concurrido como candidato a la Presidencia de la Junta en 2019 y 2023, cosechando los peores resultados de la historia del Partido Popular en Castilla-La Mancha. Dos derrotas claras frente al PSOE de García-Page que, lejos de debilitar al actual presidente, han consolidado su posición al frente del Ejecutivo autonómico. Aun así, Núñez insiste ahora en presentar a su adversario político como un dirigente “caduco”, obviando que su propio liderazgo no ha conseguido revertir la hegemonía socialista ni acercarse a una mayoría de gobierno. A todo ello se suman las distintas encuestas publicadas, tanto electorales como de valoración de líderes, que dan como claro ganador a García-Page.
El discurso del dirigente popular resulta especialmente llamativo porque, de repetirse el escenario electoral, la única vía real para que Núñez alcanzara la Presidencia de Castilla-La Mancha pasaría por un acuerdo con Vox, formación con la que el PP ya ha gobernado en otras comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones. Un pacto que implicaría asumir postulados ultras en materias clave como igualdad, derechos sociales, memoria democrática o inmigración, y que contrasta con la imagen de moderación que Núñez intenta proyectar en el ámbito regional.
A pesar de ello, el líder del PP ha optado por cargar contra la gestión económica y laboral del Ejecutivo autonómico, asegurando que Castilla-La Mancha presenta “una de las peores radiografías laborales del país” y denunciando un aumento del desempleo en 2025, con especial incidencia en mujeres y jóvenes. Un relato que, sin embargo, no encaja con los datos oficiales más recientes, que sitúan a la región en máximos históricos de empleo, con la mayor cifra de personas ocupadas desde que existen registros comparables.
Los indicadores de empleo muestran que Castilla-La Mancha ha alcanzado el mayor número de ocupados de su historia, fruto de una tendencia sostenida de creación de empleo a lo largo de la última década. Desde la llegada de García-Page al Gobierno regional, la comunidad ha ido superando año tras año sus propios registros, situándose en cifras que contrastan de manera clara con las alcanzadas durante la etapa del PP con María Dolores de Cospedal. En aquellos años, marcados por los recortes y la crisis, la región llegó a encadenar tasas de paro récord y una intensa destrucción de empleo, que dejó una huella profunda en el tejido social y económico.
Este contraste histórico debilita el argumento de Núñez cuando habla de empobrecimiento estructural o de un modelo fallido, ya que los datos de ocupación y actividad económica reflejan una recuperación y un crecimiento que no se produjeron bajo los gobiernos del PP. Incluso con los problemas persistentes del mercado laboral, como el desempleo juvenil o la brecha de género, la evolución global es muy distinta a la que se vivía hace una década.
En paralelo, Núñez ha extendido sus críticas a la sanidad pública, la vivienda y las infraestructuras, dibujando un escenario de colapso generalizado y prometiendo que, si llega a la Presidencia en 2027, todas las propuestas del PP se convertirán en acuerdos del Consejo de Gobierno. Un compromiso que suena a ejercicio de voluntarismo político, teniendo en cuenta que hasta ahora no ha logrado el respaldo mayoritario de los castellanomanchegos y que su proyecto depende, en última instancia, de una suma con Vox.
Mientras Núñez insiste en hablar de “fin de etapa” y de “gobierno agotado”, los resultados electorales y los principales indicadores económicos dibujan un escenario muy diferente. Uno en el que el desgaste no parece haber afectado al presidente regional, pero sí empieza a proyectarse sobre un líder del PP que afronta su tercer intento consecutivo tras dos derrotas y sin una alternativa de gobierno propia, más allá de la alianza con la extrema derecha.