En medio de la profunda crisis que está sufriendo España, con elevadas cifras del paro y fuertes recortes salariales, los departamentos responsables de las políticas sociales se han visto obligados a prestar ayuda a muchas personas y familias que nunca hasta ahora la habían necesitado. Los que antes nunca habían tenido dificultades para mantener su nivel de vida, empezaron a tener problemas para pagar su hipoteca y sus productos de consumo básicos. Algunos buscaron la ayuda en su entorno familiar o en otros ámbitos, pero muchos otros no han sido capaces encontrarla ni tampoco de hallar una salida para paliar su desesperación. El concejal de Bienestar Social de Ayuntamiento de Sevilla, Juan Manuel Flores Cordero (PSOE), conoce bien esa dura problemática y ha explicado a Andalucesdiario.es algunas claves de la misma. –Desde lo público tenemos que tener muy claro el concepto básico del Estado de bienestar y ayudar a los ciudadanos que pasan carencias o tienen necesidades. La crisis que hemos pasado en países como el nuestro ha tenido un impacto grande sobre bastantes sectores que vivían de un sueldo y han perdido el trabajo”. –En Sevilla existe el asentamiento chabolista más grande de España, El Vacie, con más de 50 años. Los que viven allí están sufriendo una exclusión social inmensa, pero hay otras zonas similares también muy deprimidas. ¿Cómo se ha llegado a esa situación? –Son barrios sustentados y mantenidos a finales de los 50 por las clases trabajadores. Esa población se hizo adulta y con hijos. En la década de los 80 también tuvimos también una crisis que afectó en gran parte a jóvenes de la clase obrera, que entonces se vinculan al mundo de la droga en muchas ocasiones, pero más con la heroína, lo que provocó muchísimos problemas. –¿Cómo evoluciona esa situación? –Toda esa población joven en la década de los 80 ronda ahora los 50, los que han sobrevivido, porque ya en aquella época estaban en una situación de franca fragilidad social. Pero mucha de la gente que estaba inicialmente allí tienen ahora 70 u 80 años, y otros ya han fallecido, muchos de ellos con hijos que se educaron, consiguieron un trabajo, mejoraron su nivel de vida y se fueron de aquellos barrios, y de ahí que se hayan quedado solo viejos o hayan sido ocupados por los sectores con menos recursos, sobre todo población inmigrante llegada durante el aluvión de gente de fuera, ya que eran los únicos lugares que se podían permitir debido a su bajo nivel económico. –Pero también habrá gente de otras edades. –Sí, a esa población envejecida se suman los que tienen entre 30 o 50 años y que quedaron atrapados en la marginación social, ya que muchos de ellos se vincularon al mundo de la droga y algunos, tangencialmente, a la delincuencia. Por lo demás, mucha gente de esos barrios ha ido vendiendo sus casas, y vendiendo muy barato a la población inmigrante que venía aquí a buscar trabajo y que solo podía costearse estas viviendas. –¿Qué hacer, entonces? –Tienes dos opciones: giras la cabeza mirando hacia otro lado, o intervienes, aun sabiendo que estamos ante un problema crónico y complejo para que el no hay una respuesta rápida. Las respuestas suelen ser lentas y graduales. Nosotros optamos por intervenir y cambiar eso. Es una situación muy difícil porque las primeras herramientas que tenemos para poder conseguir eso son las del empleo, pero hoy el empleo es un bien muy escaso, y más para aquel que vive en un barrio chabolista, que se ha quedado fuera de la cobertura de los grandes sistemas y que no tiene un nivel de formación adecuado. Sacarles de ese círculo es difícil. –¿Son eficaces las políticas que aplican? –Sabemos las circunstancias en las que estamos y las herramientas de que disponemos. ¿Que son paliativas? ¿Que son para tratar solo os síntomas? Por supuesto, pero son herramientas que intentamos mejorar y que ayudan. –¿Por ejemplo? –Por ejemplo, un taller hecho con gente de la zona. Se han hecho talleres de enseñanza de trabajos en carpintería metálica, jardinería, etc. Es espectacular lo que han aprendido, es decir, que esos jóvenes logran hacerse ahí con unas herramientas para labrarse un futuro. –Aun así, las opciones de encontrar un empleo son pocas, ¿no? –¿Que las oportunidad laborales son muy limitadas? Sí, pero ellos ya tienen herramientas para labrarse un futuro con su trabajo gracias a estas políticas. A pesar de todo, sí es verdad que hay muchas situaciones que son difíciles de solventar, pero seguiremos actuando contra ellas mientras gobernemos. –Un cometido complicado el de su departamento, sobre todo en estos tiempos. –Tengo muy claro que el bienestar social es prioritario, y desde lo público optamos por la intervención social. Nosotros tenemos una máxima y es que Sevilla tiene que ser una ciudad de inclusión social. Por tanto, lucharemos contra la exclusión con todos los medios de los que dispongamos, y el empleo es la herramienta, o es una de las herramientas fundamentales para conseguir la inclusión social, sobre todo en los sectores de los que estamos hablando. –¿Cuál es su hoja de ruta como concejal de Bienestar? –Nosotros tenemos una obligación dictada por nuestros principios ideológicos: ayudar a todos nuestros vecinos, y es lo que vamos a hacer. Es una filosofía que inspira y forma parte de nuestra labor de un gobierno, y en eso estamos. Lo que ocurre es que aun nos quedan muchas cosas por hacer. Yo, en esto, soy también machadiano: ‘Caminante se hace camino al andar’.