En Granada, la Fiesta de la Cruz es una reposición lúdico-folclórica de finales del siglo XX que se enmarca entre las fiestas populares de primavera y retoma la tradición autóctona de engalanar patios y corralas con un altar presidido por una cruz ataviada de flores, cobres, colgaduras y mantones de manila; platos y peroles de cobre; jarrones, faroles y candelabros que festejan la primera efemérides del mes junto al Darro y que corre paralela a los Patios cordobeses, a las del barrio sevillano de la Santa Cruz y de otros muchos lugares de Andalucía donde parece que no les bastó con la procesionitis semanasantensis aguda y tienen que seguir demostrando se adhesión pos-tridentina al santoral, a sus pompas y a sus obras y se entregan a Jesucristo por medio de la santísima Virgen. Ojú. Ahí es nada. En concreto, en Granada y en pueblos como Lanjarón se guarda memoria de ese hecho por las muchas hornacinas santorales y marianas que trufan las fachadas y jalonan el callejero estrecho y sinuoso del Sacromonte, Albaycín y centro histórico donde antaño, al pasar junto a ellas, había que santiguarse reverencialmente y doblar la rodilla e inclinar la cerviz en demostración inequívoca de no practicar rectamente la fe. Al tiempo que en los dinteles de las viejas casas moriscas, judías o cristianas se esculpió una M inscrita por una A que abreviaban la jaculatoria AVE MARÍA [PURISISIMA] lema inequívoco de los partidarios de canonizar el dogma de la Inmaculada Concepción de María de nativitatis. Además, cuando la reposición de las Cruces en la que tuvo parte destacada mi maestro don Antonio Gallego Morell, a la sazón profesor en la Facultad de Letras y Delegado Provincial de Información y Turismo (Fraga regente) se intentó casi infructuosamente que el baile y la canción de La Reja fuera aquí entre nosotros el protocolo emblemático y musical correspondiente y contrapuesto al que jugaban las sevillanas en el Rocío y sobre todo en la Feria de Sevilla. Claro que para entonces (1968) Sevillanas, Bulerías, Alegrías, Tanguillos y Fandangos ya se habían protocolizado, enraizado y diversificado en las celebraciones festivas de Andalucía Occidental e incluso en Málaga se había hecho lo propio con los Verdiales y otras músicas danzables de sus Montes y de la Serranía de Ronda. Granada, en cambio, siguió contando con sus tangos gitanos y con la media granadina y otros aires autóctonos en el ámbito del Flamenco propiamente dicho pero no popularizó más son que La Reja para el baile con la pobrísima variante de tres o cuatro letras (Quiero vivir en Granada / solamente por oír / la campana de la Vela / cuando me voy a dormir, etc.) y dos o tres más. En siete años, lo que tardó en morir Franco e irrumpir el Andalucismo como movimiento sociopolítico y cultural, el núcleo sevillano ganó ampliamente la partida y toda Andalucía adoptó las sevillanas como santo y seña de su regio/nacionalidad lúdica popular y aquí paz y después gloria, no hubo más que decir en favor de La Reja. Y ahora en Granada, en la Fiesta de la Cruz, la juventud y la chiquillería se visten con trajes flamencos sinónimos de sevillanos, se cantan y se bailan sevillanas (la primera, la segunda, la tercera y la cuarta) tradicionales y modernas, se intenta imitar el paseo de caballos y carrozas y se traga el polvo y el olor a estiércol correspondientes en La Cruz o las Cruces, en el Corpus y en la salida de las hermandades para El Rocío, ejemplo sumo de la colonización cultural andaluza oriental. Olvidé señalar que aquí en Granada, en los monumentos efímeros levantados para el día de la Cruz, siempre aparece un pero o manzana ensartado por unas tijeras que significa A quien me ponga un "pero" o una pega, le hinco estas tijeras, por lo que no dudo de que buena parte de mis comentarios críticos y despegados habrán levantado –qué le vamos a hacer– más de una reacción asesina entre mis posibles lectores paisanos de adopción. Ya lo dijo san Juan de Dios anticipándose (Granada será mi Cruz) y yo, cuando me planto y digo: Ya está bien de prosecioncicas y viva el 1º de Mayo, día de los Trabajadores y sus derechos, que ni Jesucristo pasó de la cruz, ni yo paso de aquí.