La comparaciones son odiosas, pero a veces resultan muy útiles; incluso pueden llegar a ser imprescindibles para comprender determinadas situaciones en la vida. Si nos imaginamos, sólo a modo de ejemplo, que el Titanic recien salido de Southampton es el Estado español, y la protagonista de nuestra historia es una madre con dos hijos que van en una chalupa casi a la deriva, sin apenas gasolina en el motor, y con muchos visos de perderse en alta mar, comprenderemos mejor la situación de nuestros tres protagonistas. Angustias es una madre coraje. Básicamente. Es decir, su vida está dedicada en exclusiva a salvar las vidas de sus dos hijos, Miguel Ángel y David, de 10 y 7 años respectivamente, los cuales son culpables de padecer una de las denominadas enfermedades raras que quedan fuera de los registros oficiales… o sea… están sentenciados por el Estado español sin ayudas y condenados a sufrir y padecer su enfermedad (epilepsia criptogénica) sin que nadie haga absolutamente nada por salvar sus vidas. Desde la nada, esta luchadora ha organizado festivales benéficos, acciones solidarias, llamadas de atención en prensa, radio, tv e internet, para financiar el tratamiento del que depende la vida de sus hijos. Pero todo ha sido poco. Son 60.000 euros los que separan a Miguel Ángel y David de tener una vida digna, pero en estos momentos la delicada situación económica y personal de esta madre admirable hace sosobrar por momentos la barquita donde viaja casi a la deriva con sus dos hijos enfermos… ¿Hasta cuándo esta ignominia?¿Dónde está la capacidad de reacción del Estado ante una problemática que en términos de afectados podría estar en los mismos niveles que la colza, la pantanada de Tous y otros males patrios más mediáticos?¿Cómo es posible que el Estado español deje morir a dos niños…a miles de personas sin los tratamientos adecuados? El Estado español, al más puro estilo Titanic, dejará que la orquesta de la incompetencia toque hasta el último momento, antes de hundirse en su propia mediocridad, y seguramente serán pocos lo que se salven cuando el barco de la insolidaridad se hunda… Y además, es un delito contra la humanidad no proteger a la infancia...por si fuera poco.