No es la primera ocasión en que escribo para este diario a propósito de mi tierra y de sus gentes, ni la primera en que analizo la situación política y cultural en cuyo ámbito el pueblo andaluz ejercita la democracia tanto tiempo deseada y cuya consecución (no plena y perfecta pero suficiente y formal) costó siglos de lucha y de calamidades, con las únicas excepciones de periodos cortísimos que, como relámpagos premonitorios, nos anticiparon intermitentemente los que acabarían siendo lema y luz de nuestro pueblo. Y no debe olvidarse que fue Blas Infante, padre fundador de la Patria Andaluza, quien mejor la definió al escribir la letra de su himno cuando deseaba para nuestro futuro "Sean por Andalucía libres / los pueblos y la Humanidad", literalidad que alberga el estado de la cuestión en el siglo XIX y que luego ha obligado a modificar la letra para mantener el espíritu ( "Sean por Andalucía libres,/ España y la Humanidad") al entenderse, como se ha hecho posteriormente, que España era una nación de naciones cuya congregación cooperativa en libertad tendría que contribuir a la libertad del género humano, como se afirmaba también en otro gran himno de la época, La Internacional, todavía sintonizado con los andalucistas por no haberse producido aún la ruptura entre la Primera y la Segunda y luego la Tercera Internacional. En cualquier caso, lo que une a las visiones desmembradas del tronco común reivindicativo del fin de la opresión y de la libertad auto-gestionada de la patria andaluza es mucho más de lo que las separa, el carácter proteico del enclave sur ibero-peninsular, el "sean por Andalucía libres,/ Los pueblos (o España) y la Humanidad", es decir que Andalucía se ofrece como palanca para forjar la libertad en ámbitos geográficos superiores, incluyendo es estos explícitamente el más amplio conocido hasta la fecha, el universal donde se desenvuelve la Humanidad. Y por eso, los redactores de la versión moderna del himno hicieron muy bien en respetar el complemento circunstancial de causa (Sean "por Andalucía" libres...) del texto original que es, además lo que engancha la segunda versión con la primera y lo que hace mantenerse la idea central del canto andalucista: Andalucía se ofrece a liderar la batalla por la libertad porque ya se siente llamada a ello cuando ha visto las luchas del primer Liberalismo español, regadas con la sangre de Torrijos y Mariana Pineda y... (¿se me permitirá decirlo?) luego, con la de un andaluz tan universal como Federico García Lorca. En los umbrales de la etapa pre-autonómica de Andalucía, reinando Juan Carlos y gobernando Suárez, celebré una reunión en Antequera con Javier Pérez Royo para ver la manera de conectar distintas aspiraciones y empapar a los entonces dos partidos más importantes de la izquierda con ese sentimiento de andalucismo reivindicativo que acercase el poder al pueblo tiñendo de andaluz las aspiraciones mediatas e inmediatas del pueblo trabajador que, en el Partido Comunista en que ambos militábamos, se mostraba reticente en liderar esa aspiración como una de las principales de las contradicciones existentes. Ambos pensábamos que en Andalucía había que extender el sentimiento nacionalista a todas las capas sociales y organizaciones políticas para evitar dejar tales reivindicaciones en manos de un solo partido andalucista, entonces emergente como en Euskadi y Cataluña, por la falta de interés en el tema de PSOE y el PCE. Y fue gracias a la previsión iluminada de Rafael Escuredo y de otros dirigentes andaluces como Fernando Soto y Eduardo Saborido con quienes coincidió el mismo Pérez Royo, como se logró llegar al Estatuto de Carmona y la desactivación por consunción del Partido Andalucista hasta desembocar en el mapa del 28-F y luego del actual 22-M que hoy celebramos No es preciso decir más: profundizar el andalucismo, la libertad, la igualdad y la democracia es avanzar decididamente hacia un futuro mejor para Andalucía. Incluso votando.