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En el Día del Consumidor, ‘alargascencia’ por favor

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Mié, 15 Mar 2017

No hace tiempo, las lavadoras podían durar unos veinte años. Y un teléfono o un abrigo, casi tanto como eso.

Hoy es el Día del Consumidor, y para celebrarlo, la ONG Amigos de la Tierra ha emprendido una campaña en redes sociales a favor de alargar la vida útil de los productos que tenemos en casa, prolongación de otra campaña que la ONG viene desarrollando por diferentes vías desde hace un año. Bajo el título de Alargascencia, pretende también, así, combatir el consumo de usar.

Es, salta a la vista, una contraposición a la obsolescencia -o caída en desuso de todo tipo de elementos o equipos, por quedar obsoletos respecto a los introducidos más recientemente en el mercado- y especialmente a la obsolescencia programada -cuando es el propio fabricante quien decide de antemano el momento en el que su producto dejará de funcionar o quedará inservible y lo diseña con tal fin-.

A partir de la iniciativa se persigue elaborar además un directorio que recopile comercios responsables y locales de reparación, segunda mano y alquiler con objeto de ampliar la utilidad de distintos tipos de artículos.

Insostenible modelo de consumo

En particular, la organización llama la atención sobre los bajos índices de reciclado. En España, señala la ONG  a Efe Verde, sólo se recicla el 30 % de los productos utilizados, y el 70 % restante se desecha como residuo y acaba en vertederos o incineradoras”, aunque, reconoce, “cada vez hay más reflexión sobre este tema”, pero “todavía nos falta mucho, tanto entre consumidores como entre fabricantes y vendedores”. Además, también se recuerda que un paso previo antes del reciclaje para mejorar la calidad medioambiental es la reducción del consumo y la reparación de lo que ya tenemos.

Para Amigos de la Tierra, el modelo de consumo actual genera impactos muy graves, principalmente por el derroche de recursos naturales y el uso innecesario de determinados materiales, aunque esos efectos negativos por lo general no se producen en Europa, sino en países asiáticos o iberoamericanos, donde al daño ambiental hay que sumar el social y el sanitario.