Hay un papel que casi todos guardan en un cajón y casi nadie vuelve a mirar: la última analítica. Se comprueba que no haya nada en rojo y se archiva. Y si en la consulta ha sonado aquello de "lo tienes un poquito alto", la frase se olvida antes de llegar a casa.

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en España, pero rara vez avisan. La tensión alta no duele. El colesterol elevado no se nota. El azúcar en la frontera de la diabetes tampoco da síntomas.

Ahí está la paradoja: la prevención se juega en unos pocos números que solo aparecen si alguien los busca. Tensión, colesterol y glucosa forman el cuadro de mandos elemental del riesgo cardiovascular y, aun así, buena parte de los adultos no sabe cuáles son los suyos.

Ocho de cada diez casos podrían evitarse

El margen de maniobra, sin embargo, es enorme. La Dra. Petra Sanz, jefa del Servicio de Cardiología de los Hospitales Universitarios Rey Juan Carlos e Infanta Elena, lo resume en una cifra contundente: "Se estima que hasta el 80% de las muertes prematuras y enfermedades cardiovasculares graves (por ej, infarto agudo de miocardio e ictus) se podrían prevenir controlando adecuadamente los factores de riesgo cardiovascular. Los factores de riesgo que más pesan son la hipertensión, la diabetes y el colesterol elevado, además del tabaquismo".

La lista es corta y, sobre todo, modificable: no es una lotería genética, sino cuatro condiciones que pueden medirse y tratarse. Ninguna molesta hasta que el daño está hecho.

Qué le hace al corazón una tensión que no se nota

La hipertensión es el ejemplo perfecto de enemigo callado. Mientras uno hace vida normal, la presión excesiva castiga la pared de las arterias y obliga al corazón a trabajar de más: "La hipertensión arterial provoca daño directo en el interior de las paredes de las arterias (daño del endotelio) y además provoca una hipertrofia del ventrículo izquierdo por sobrecarga mantenida al tener que bombear continuamente con mayor 'esfuerzo', además de facilitar el desarrollo de arritmias e insuficiencia cardíaca".

Conviene traducirlo. El endotelio es la capa interna de los vasos, y su deterioro facilita que el colesterol se deposite ahí. La hipertrofia del ventrículo izquierdo es el engrosamiento del músculo cardíaco: lo que le pasa a cualquier motor obligado a funcionar a plena potencia, que acaba desgastándose.

Los umbrales tampoco son un único número. "Se considera valor 'ideal' de la tensión arterial si está por debajo de 120 de sistólica y 80 de diastólica, aunque se considera 'normal' por debajo de 130/85. Se denomina 'normal-alta' de 130 hasta 140 de sistólica y de 85 a 90 de diastólica. Se considera claramente hipertensión arterial cuando es superior a 140 la sistólica y 90 la diastólica", detalla la especialista.

Medirse la tensión en casa es buena costumbre si el aparato es el adecuado. "Sí son fiables los tensiómetros domésticos siempre que se coloque el manguito en el brazo (no son fiables los manguitos de muñeca)", advierte la Dra. Sanz. Los modelos de muñeca son cómodos, populares y engañosos.

No existe una cifra de colesterol válida para todo el mundo

La vieja división entre colesterol bueno y malo tiene base científica. "El colesterol elevado es un factor de riesgo cardiovascular, sobre todo el colesterol LDL (colesterol 'malo') que es el que se puede depositar en el interior de nuestras arterias y las puede obstruir. Por eso es grave y hay que plantear tratamiento dietético, ejercicio físico y en muchas ocasiones, tiene indicación de medicación", señala la cardióloga. Ese depósito origina la aterosclerosis, el estrechamiento arterial que está detrás de las enfermedades cardiovasculares. El otro funciona al revés: "El colesterol HDL es el colesterol 'bueno', y cuanto más alto esté mejor".

La pregunta que casi todos se hacen —¿a partir de qué cifra debo preocuparme?— no tiene respuesta única. "El nivel óptimo del colesterol LDL depende de cada paciente y de su riesgo cardiovascular", resume.

Los objetivos, concretados: "Tenemos que ser más exigentes en bajar el colesterol LDL en pacientes de muy alto riesgo cardiovascular porque tienen más riesgo de tener eventos vasculares (por ej, si ya ha tenido un evento cardiovascular como un infarto, angina, ictus, etc...) el colesterol LDL debe estar por debajo de 55 mg/dl. Si el paciente tiene alto riesgo por tener factores de riesgo cardiovascular (diabetes, hipertensión arterial, tabaco, aunque no tenga enfermedad vascular conocida...) el colesterol LDL debe estar por debajo de 100 mg/dl (idealmente por debajo de 70 mg/dl). Si el paciente tiene bajo riesgo cardiovascular, el colesterol LDL debe estar por debajo de 116 mg/dl". Un LDL de 90 puede ser, por tanto, una buena noticia o un problema pendiente.

Prediabetes: el aviso que todavía se puede revertir

Entre la glucosa normal y la diabetes hay una zona intermedia que aparece en muchas analíticas y rara vez se toma en serio. "La prediabetes significa tener glucemias elevadas, sin llegar a cumplir criterios de diabetes: tener glucemia entre 100 a 125 mg/dl o hemoglobina glicosilada entre 5,7% y 6,4%. Es reversible con medidas dietéticas y cambio de estilo de vida (dieta baja en azúcares, perder peso y realizar ejercicio físico)", explica la cardióloga.

La hemoglobina glicosilada confunde a mucha gente: no mide el azúcar de esa mañana, sino la media de los últimos dos o tres meses, y no se puede maquillar ayunando la víspera. La palabra clave es "reversible": aquí sí hay marcha atrás con cambios en la alimentación y ejercicio.

La analítica que conviene pedir y cada cuánto repetirla

Para quien se encuentra bien y no arrastra antecedentes, la duda es cuándo empezar a mirar. "Se debería realizar analítica con glucosa, colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos en los hombres a partir de los 35-40 años y en las mujeres a partir de los 45 años", indica la Dra. Sanz. Cinco parámetros bastan para una primera radiografía del riesgo.

La frecuencia tampoco es exigente: "Si los valores son normales, habría que repetirla cada 5 años". Y cuando algo se sale de rango, el seguimiento deja de ser genérico: "Si los valores están alterados, el médico de familia indicará cuándo hay que repetirlos".

Tabaco, peso, estrés y sueño: los factores de la segunda fila

Esos tres números no agotan el mapa. La cardióloga señala otros factores de riesgo que no actúan por la misma vía. "El tabaco afecta directamente a las arterias dañando el endotelio, favoreciendo la arteriosclerosis y la obstrucción de las mismas. La obesidad, el estrés mantenido o dormir mal afectan indirectamente porque se asocian a la aparición o mal control de los factores de riesgo como tensión, colesterol y glucosa elevados".

El tabaco, por tanto, daña las arterias por sí mismo; el exceso de peso, el estrés sostenido o las noches cortas entran por la puerta de atrás, empeorando justo lo que la analítica vigila.

El corazón de las mujeres se vigila más tarde

Durante décadas el riesgo cardiovascular se estudió sobre pacientes varones, y esa herencia se nota. Hay además dos etapas de especial vigilancia. "Los periodos de la vida de las mujeres en los que aumenta el riesgo cardiovascular son la menopausia y el embarazo; por lo tanto es cuando más pendientes tienen que estar en vigilar si aparecen los factores de riesgo (la mayoría silenciosos, si no los buscamos no vamos a saber que tenemos esos factores de riesgo: hipertensión, diabetes, colesterol elevado)", explica la Dra. Sanz.

El segundo problema aparece cuando el infarto ya está ocurriendo. "Las mujeres en ocasiones manifiestan los síntomas de infarto de forma atípica (no tienen el típico dolor torácico del infarto), por lo que a veces se retrasa la atención y el tratamiento efectivo del mismo, lo que empeora el pronóstico", advierte. Fatiga desproporcionada, náuseas o malestar en la mandíbula encajan mal con la imagen popular del infarto, y ese desajuste cuesta tiempo: es lo que trata de corregir una cardiología más equitativa.

Los tres cambios que no deberían esperar a los 45

Reducidas a lo esencial, las recomendaciones son pocas y conocidas. No por ello menos eficaces. "Los tres cambios del estilo de vida que hay que realizar para prevenir las enfermedades cardiovasculares son claros: no fumar, hacer ejercicio físico moderado y cuidar la dieta (recomiendo dieta mediterránea con bajo contenido en sal y azúcares). Estas medidas hay que iniciarlas desde la infancia (no hay que esperar a iniciarlas a los 45 años) y mantenerlas durante toda la vida", subraya la especialista.

El matiz sobre la edad es el que más cuesta interiorizar. La prevención no se activa al cumplir años ni es la penitencia que sigue a un susto: el daño arterial se construye despacio y también despacio se evita.

Queda una idea práctica. Conocer la propia tensión, el colesterol LDL y la glucosa no exige nada extraordinario: un tensiómetro de brazo y una analítica cada pocos años bastan para tener el cuadro de mandos al día. Lo arriesgado no es que esos números salgan altos, sino no haberlos mirado nunca.

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora