Hay grupos que forman parte de una época y otros que consiguen que varias generaciones hagan suyas las mismas canciones. Hombres G pertenece a la segunda categoría. Más de cuatro décadas después de que Sufre mamón les pusiera en el mapa, David Summers, Dani Mezquita, Rafa Gutiérrez y Javi Molina siguen haciendo canciones, subiéndose a los escenarios y viendo cómo entre el público aparecen espectadores que ni siquiera habían nacido cuando ellos empezaron. Ese viaje es el que recorre Los mejores años de nuestra vida, el nuevo documental de Movistar Plus que repasa más de 40 años de trayectoria del grupo a través de material inédito, imágenes de sus conciertos y testimonios de otros artistas. Una historia de éxito, pero también de amistad, trabajo y de una convivencia que ha sobrevivido a varias décadas de cambios en la industria musical.

Porque, visto desde fuera, una de las grandes preguntas es precisamente cómo cuatro amigos consiguen permanecer juntos durante tanto tiempo. Ellos no niegan que haya habido momentos complicados, incluso etapas de distanciamiento, pero el balance es claro: "Ha habido más momentos buenos que malos, por supuesto".

El éxito llegó prácticamente de golpe. Sufre mamón fue la primera canción y, a partir de ahí, todo se aceleró. Eran muy jóvenes cuando descubrieron lo que significaba convertirse en un fenómeno. "Nos explotó el éxito en la cara", recuerdan. Aquello condicionó sus vidas y les obligó a aprender sobre la marcha cómo gestionar una fama para la que nadie les había preparado y, sobre todo, cómo mantener encendido el fuego.

La respuesta estuvo en trabajar. Mucho. Pero también en algo que consideran fundamental: que aquello que hacían les apasionaba. "Cuando trabajas en algo que te encanta y que es tu vida y te da la vida completamente, le puedes echar todas las horas del mundo", explican.

Han pasado décadas, han recorrido medio mundo y han convertido la carretera, los estudios y los escenarios en su rutina. Lo miran ahora con perspectiva y lo definen de una manera sencilla: "Ha sido un privilegio de vida". Y quizá esa perspectiva sea una de las razones por las que disfrutan especialmente del momento actual. Porque llegar al éxito es difícil, pero mantenerse durante décadas lo es todavía más. Los Hombres G creen que ahí está la verdadera prueba para cualquier artista: "El asunto en esta profesión es, como decía Joan Manuel Serrat, mantenerse. Ahí está el mérito, en mantenerte toda la vida. A ver quién aguanta más".

Ellos, de momento, siguen aguantando. Y no solo porque continúen llenando conciertos, sino porque siguen incorporando público. Consideran excepcional que, después de más de 40 años, puedan tener incluso más éxito que cuando comenzaron. "Lo que nos está pasando a nosotros no lo ha pasado a ningún grupo en España e internacionalmente a muy pocos", aseguran.

En ese camino hay una pieza que para ellos ha resultado fundamental: nunca han dejado que las decisiones importantes las tomara alguien desde fuera. Cuando se les pregunta por una posible disolución, ni siquiera contemplan la posibilidad. La amistad ha sido importante, pero también la manera en la que han aprendido a funcionar juntos. "Cada uno conoce su función. Hemos sabido cómo funcionar en conjunto, los cuatro", explican. Ellos mismos definen Hombres G como "una especie de democracia muy cerrada": managers, discográficas y otros agentes externos podían estar alrededor, pero las decisiones siempre las tomaban ellos.

"Hemos creído siempre mucho en nosotros mismos. Hemos decidido todo siempre nosotros cuatro", cuentan. Esa independencia también les ha ayudado a mantener una relación particular con la fama. No parece interesarles demasiado alimentar el personaje de las estrellas que fueron en los años 80. Para ellos, la popularidad es una consecuencia de haber hecho bien su trabajo, no el trabajo en sí: "Somos famosos por lo que hacemos, no por lo que somos", defienden.

Y ahí está, según explican, una de las claves para no dejarse llevar por el éxito: separar la música de todo lo que la rodea. "El secreto está en dar la importancia a la realidad", sostienen. La fama, la estética o la imagen pública quedan en un segundo plano frente a aquello que consideran esencial: "Para nosotros siempre lo primero ha sido hacer buenas canciones y la música".

Esa apuesta por las canciones ha terminado produciendo un fenómeno que ni ellos mismos esperaban: el relevo generacional. Los Hombres G recuerdan que ya en los años 80 había muchos niños entre su público y que entonces se preguntaban por qué sus canciones también conseguían enganchar a los más pequeños. La película Voy a pasármelo bien, estrenada en 2022 y construida alrededor de sus canciones, multiplicó todavía más esa conexión con nuevas generaciones. Ahora vuelven a ver a niños y adolescentes frente al escenario y ya piensan en lo que puede ocurrir dentro de una década.

"Estos tíos dentro de 10 años van a estar ahí en primera fila", comentan. Porque, según su experiencia, cuando una banda te acompaña desde la infancia, el vínculo puede durar toda la vida. "Cuando te gusta un grupo, cuando tienes 9 años, 10 años, te gusta para siempre". Por eso ese público joven representa para ellos su "pulmón, una garantía de futuro", reconocen.

Y quizá ahí esté la verdadera historia que cuenta Los mejores años de nuestra vida. No solo la de un grupo que sobrevivió al paso del tiempo, sino la de cuatro amigos que siguen encontrando motivos para continuar. El éxito que un día les explotó en la cara ya no les pilla por sorpresa. Ahora saben lo difícil que es conseguirlo, lo difícil que es mantenerlo y, sobre todo, lo que significa poder seguir haciendo aquello que les hizo juntarse en primer lugar.

Más de 40 años después, Hombres G continúa en lo mismo: canciones, escenarios y público. Y ellos parecen tenerlo claro. El objetivo ya no es llegar. Es seguir ahí. "A ver quién aguanta más".
 

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