Las Berrocal vuelven a abrir las puertas de su vida en Movistar Plus con una segunda temporada en la que siguen mostrando su día a día sin demasiadas ganas de aparentar que dentro de una familia todo funciona como un reloj. Vicky Martín Berrocal, Alba Díaz, Rocío Martín Berrocal y Victoria Martín regresan con nuevos proyectos, cambios personales y conversaciones en las que vuelven a aparecer asuntos como el amor, el sexo, la salud mental o la presión por aparentar que todo está siempre bien. Porque si algo tienen claro después de la primera temporada es que precisamente sus contradicciones son una de las cosas que más las acercan al público.
Dentro de la familia, además, cada una ocupa su propio lugar. Y Vicky es especialmente consciente del suyo. En el documental se define como la "cruz de guía" de los Berrocal, un papel que asumió especialmente después de la muerte de su padre. "Realmente me hice cargo no porque ellas me lo pidieran sino porque yo lo entendí así", explica.
Su instinto protector, sin embargo, también puede generar conflictos. Lo sabe bien cuando habla de su hermana Rocío, a la que reconoce haber tratado en ocasiones más como una hija que como una hermana. "A lo mejor he pensado que era su madre más que su hermana", admite. Con el tiempo ha entendido que esa protección también puede llevarla a exigir demasiado. "Hay veces que una como madre exige más cosas que una hermana debe exigir", reconoce. Y ahí está el límite: "Tú eres su hermana y punto".
La segunda temporada vuelve precisamente a esas relaciones que no siempre son fáciles de explicar desde fuera. Las cuatro atraviesan momentos diferentes: Alba encara una nueva etapa de independencia, Rocío continúa enfrentándose a sus inseguridades y retos profesionales, Vicky vive sus propios cambios y Victoria mantiene ese papel de pilar dentro de la familia. La serie vuelve así a apostar por una mirada cercana, en la que las conversaciones y los conflictos tienen tanto espacio como los momentos más luminosos.
Y entre todo lo que comparten aparece una palabra que para Vicky ha cambiado de significado con los años: libertad. "Yo no quiero ser perfecta, quiero ser libre", reivindica. No habla de una libertad entendida como eslogan, sino de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, complicado: poder decidir sobre la propia vida.
Es una conclusión a la que asegura haber llegado con el tiempo. "Yo pensaba que era libre. Yo pensaba que era libre hace 20 años, cuando me encontraba con todos vosotros y decía: yo soy una mujer libre". Ahora lo ve de otra manera: "Me he dado cuenta de que no era libre. Lo soy mucho más hoy".
Esa libertad también tiene que ver con decidir cuánto de una misma se quiere mostrar. Porque participar en un programa como Las Berrocal significa abrir una parte de la intimidad, pero no necesariamente renunciar a toda ella. La benjamina lo entiende como una elección consciente. "Yo escucho a mucha gente que está en el mundo público y dice: 'Es que mi vida ya no es anónima'. También hay veces que no lo es. Pero hay veces que también es una decisión", explica.
Vicky coincide en que formar parte del proyecto implica asumir sus consecuencias. "Cuando tú has decidido estar aquí y formar parte de este proyecto, sabes las cosas que ganas y las cosas que pierdes", apunta. Pero entre lo que ganan está una conexión con los espectadores que, asegura, no esperaban vivir de esta manera.
Lo comprobó especialmente con Rocío y los mensajes que empezó a recibir de personas que se identificaban con ella. La exposición dejó entonces de ser solamente una cuestión de mostrar su vida y se convirtió también en una forma de acompañamiento. "Que te quieran, te acompañan, te abracen así. Eso es algo que si no estuviésemos haciendo esto a lo mejor no podrías vivirlo", cuenta Vicky.
Eso sí, las cámaras no están permanentemente encendidas. "No estamos con las cámaras puestas como en un Gran Hermano", matiza. Díaz incluso bromea con que, de ser así, probablemente habría contenido para muchas más temporadas. "Aunque te voy a decir una cosa. Si no, lo mismo lo verías más veces". Lo que finalmente llega a pantalla, considera, sí ofrece una fotografía bastante completa de quiénes son: "Ha sido un resumen muy completo de lo que somos".
Y quizá ahí está una de las claves de la conexión que han conseguido. No intentan presentarse como una familia perfecta. "Cuando tú te muestras cómo eres, conectas. No es la familia perfecta", señala Vicky. La pregunta, para ella, es casi inevitable: "¿Quién tiene una familia perfecta?".
Vicky lleva esa reflexión un paso más allá. Para ella, Las Berrocal ha terminado trascendiendo a la propia familia porque las experiencias que comparten pueden despertar algo en quienes las ven. "Cuando veáis Las Berrocal, la segunda temporada, seguramente no habla solo de nosotras. Habla de muchas mujeres", asegura.
No porque pretendan representar a todas, sino precisamente porque cada una tiene su propia historia. "Cada una de nosotras somos muchas mujeres", explica. Cada una llega con unas circunstancias, unas experiencias y una forma diferente de enfrentarse a la vida. "No nos parecemos a nadie, pero no porque seamos mejor que nadie, sino porque somos nosotras, con nuestras circunstancias", responden, al ser preguntadas por si se parecen más a las Pombo o las Campos.
Y ahí es donde esta segunda temporada encuentra su punto de conexión: en una familia que no pretende esconder sus diferencias y en cuatro mujeres que siguen intentando decidir quién quieren ser. Sin vender perfección y sin necesidad de parecerse entre ellas. "Yo aprecio la verdad, yo quiero verdad en mi vida", sentencia Vicky. Y esa parece ser la regla que vuelve a marcar el camino de Las Berrocal.
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