Subir unas escaleras sin jadear, caminar deprisa para no perder el autobús o cargar varias bolsas de la compra son gestos cotidianos que la mayoría de las personas realiza casi de manera automática. Sin embargo, hay momentos en los que actividades aparentemente simples empiezan a requerir más esfuerzo del habitual. La sensación de ahogo aparece antes, el cansancio tarda más en desaparecer y el cuerpo parece responder peor a movimientos que hasta hace poco se hacían con normalidad. En muchos casos, la explicación suele ser inmediata: “estoy en baja forma”, “me falta ejercicio” o “me hago mayor”.

Aunque el envejecimiento y el sedentarismo pueden influir directamente en la resistencia física, no siempre conviene normalizar determinados cambios en la tolerancia al esfuerzo. De hecho, la aparición de fatiga al subir escaleras, la sensación de falta de aire con actividades habituales o un cansancio desproporcionado pueden ser síntomas relacionados con enfermedades cardiovasculares que todavía no han sido diagnosticadas.

El problema es que muchas patologías cardíacas comienzan de forma silenciosa y progresiva. A diferencia de la imagen clásica del infarto fulminante, existen trastornos cardiovasculares que debutan con señales poco llamativas, como una menor capacidad física, sensación de agotamiento o dificultades respiratorias al realizar esfuerzos cotidianos. Precisamente por esa apariencia “normal”, muchas personas retrasan la consulta médica durante meses e incluso años.

Cuando el cansancio deja de ser “normal”

El Dr. Marcelino Cortés García, especialista del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, explica que uno de los aspectos más importantes para diferenciar una simple falta de forma física de un posible problema cardíaco es fijarse en cómo evolucionan los síntomas y en si existe un cambio claro respecto a la situación habitual de la persona.

“Un empeoramiento brusco de nuestra capacidad de esfuerzo, apareciendo síntomas con niveles de esfuerzo que poco tiempo antes podíamos hacer sin mayor problema, nos debe poner en la pista de que pudiera haber algo más que una baja forma física detrás de estos síntomas”, señala el especialista.

La clave, por tanto, no está únicamente en cansarse, sino en detectar cuándo ese agotamiento resulta desproporcionado o aparece en circunstancias nuevas. No es lo mismo fatigarse tras un esfuerzo intenso que notar una clara pérdida de capacidad física en actividades cotidianas que antes se realizaban sin dificultad. En ese contexto, resulta importante observar los cambios del propio cuerpo y evitar atribuirlos automáticamente al paso del tiempo.

“Cuando aparece un cansancio desproporcionado al esfuerzo habitual, o una reducción clara de la capacidad funcional, sobre todo si es de aparición brusca, en poco tiempo, no conviene atribuirlo automáticamente al envejecimiento”, añade el cardiólogo.

Detrás de esa pérdida de resistencia pueden encontrarse enfermedades como la insuficiencia cardíaca, alteraciones en las válvulas del corazón o problemas relacionados con la circulación sanguínea. En muchas ocasiones, estas patologías evolucionan lentamente y el paciente se adapta de manera inconsciente a las limitaciones físicas, reduciendo progresivamente su actividad sin darse cuenta de que existe un problema médico de fondo.

Por qué un problema del corazón también provoca sensación de ahogo

Cuando una persona nota falta de aire, lo habitual es pensar inmediatamente en los pulmones. Sin embargo, el corazón también desempeña un papel fundamental en la respiración y en la capacidad del organismo para tolerar el esfuerzo físico. De hecho, muchas enfermedades cardíacas tienen como uno de sus principales síntomas el ahogo o la dificultad respiratoria.

El corazón funciona como una bomba hidráulica”, resume el Dr. Cortés García. Su función consiste en recoger la sangre de las venas y bombearla hacia las arterias para que el oxígeno y los nutrientes lleguen correctamente a todos los órganos y tejidos del cuerpo.

El problema aparece cuando esa función de bombeo empieza a fallar. “Cuando un corazón no funciona bien, porque está débil o porque una válvula cardíaca no abre o cierra como debiera, la sangre queda ‘estancada’ en las venas”, explica el especialista.

Ese estancamiento provoca un aumento de presión en el sistema venoso y favorece que parte del líquido de la sangre salga hacia los tejidos y órganos cercanos. Por eso algunas personas desarrollan hinchazón en las piernas, aumento de peso en pocos días o sensación de pesadez corporal. Pero además, ese líquido también puede acumularse en los pulmones.

“A nivel pulmonar, este escape de líquido de las venas al tejido pulmonar hace que los pulmones se ‘encharquen’, dificultando el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono”, detalla el cardiólogo.

Esa alteración es la que termina provocando la clásica sensación de ahogo o dificultad para respirar al caminar, subir escaleras o realizar pequeños esfuerzos. “Esto es lo que en definitiva da lugar a la sensación de falta de aire o ahogo con el esfuerzo asociado a los problemas de fallo de función del corazón”, añade.

Las señales de alarma que nunca deberían ignorarse

La fatiga rara vez aparece completamente sola. En muchas ocasiones, el cuerpo envía otras señales de alerta que pueden ayudar a identificar que existe un problema cardiovascular detrás del cansancio. Reconocer estos síntomas y consultar a tiempo puede ser clave para acelerar el diagnóstico y evitar complicaciones.

Uno de los signos que más preocupa a los especialistas es el dolor torácico. “Un dolor en el pecho, en la región del esternón o en la región pectoral izquierda, con una marcada sensación de opresión, como si tuviéramos una piedra o algo pesado encima del pecho, es un síntoma que nos tiene que poner sobre aviso de la presencia de un problema serio de corazón”, advierte el Dr. Cortés García.

Especialmente importante es prestar atención cuando ese dolor se irradia hacia el brazo izquierdo, los hombros o la mandíbula, o cuando aparece acompañado de náuseas, sudor frío o malestar general. También resultan preocupantes los mareos intensos o las pérdidas de conocimiento durante el esfuerzo físico.

“La asociación de otros síntomas durante el esfuerzo, como pueden ser dolor en el pecho, mareos o síncopes, son signos de alarma que recomendarían consultar con nuestro médico sin dilación”, señala el especialista.

Además, existen otros síntomas menos conocidos pero igualmente importantes. La presencia de piernas hinchadas, tobillos inflamados o un aumento rápido de peso pueden indicar una acumulación anormal de líquidos relacionada con un mal funcionamiento cardíaco. “La aparición de signos físicos asociados a estos síntomas, como edemas en las piernas o aumento brusco de peso en pocos días, pueden estar poniendo de manifiesto un mal funcionamiento de nuestro corazón”, explica.

Otro síntoma relativamente frecuente son las palpitaciones. Aunque no todas tienen un origen grave, sí conviene prestar atención cuando aparecen de forma brusca o desproporcionada respecto al esfuerzo realizado. “La presencia de palpitaciones rápidas, no acordes al nivel de esfuerzo que estemos realizando, sobre todo si son de inicio brusco o asociadas a síntomas como mareos, falta de aire o dolor torácico, puede ser indicativo de arritmias cardíacas”, añade.

El peligro de pensar: “me canso porque me hago mayor”

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los especialistas es que muchas personas normalizan síntomas potencialmente importantes simplemente porque aparecen con la edad. El cansancio, la pérdida de resistencia o la dificultad para caminar más deprisa suelen asumirse como una consecuencia inevitable del envejecimiento, lo que en ocasiones retrasa diagnósticos importantes. “El problema de expresiones como ‘me canso porque me hago mayor’ es que normalizan un síntoma que puede ser una señal de alarma”, alerta el Dr. Cortés García.

Es cierto que con el paso de los años se produce una reducción progresiva de la capacidad física, pero ese cambio suele ser gradual y no debería impedir realizar actividades habituales que anteriormente se toleraban bien. El problema aparece cuando la limitación física se instala de forma rápida o empieza a afectar claramente a la calidad de vida.

“Esto puede llevar a un retraso en el diagnóstico de enfermedades cardíacas como la insuficiencia cardiaca, la cardiopatía isquémica o problemas valvulares”, señala el especialista.

En personas mayores, además, el cansancio puede convertirse en el único síntoma inicial de una enfermedad cardiovascular. No siempre aparecen dolores intensos o síntomas llamativos, lo que dificulta aún más identificar el problema. “El ‘cansancio’ a veces puede ser el único síntoma inicial en algunas personas, especialmente mayores”, explica.

Por eso, los cardiólogos recomiendan prestar atención a cualquier cambio significativo en la tolerancia al esfuerzo y consultar cuando exista una pérdida evidente de capacidad física. “Es importante prestar atención a los cambios en la tolerancia al ejercicio, comparando con la situación previa y no conformarse inicialmente con justificaciones o explicaciones sin haber profundizado en el problema”, añade el doctor.

Qué pruebas ayudan a detectar si el origen está en el corazón

Ante síntomas como fatiga, ahogo o pérdida de resistencia física, la valoración médica resulta fundamental para determinar si el origen del problema está realmente en el corazón o si responde a otras causas, como enfermedades respiratorias, anemia o alteraciones metabólicas. “Disponemos de múltiples herramientas que nos ayudan en la detección de problemas cardíacos que pudieran justificar los síntomas de un paciente”, explica el Dr. Cortés García.

La evaluación comienza normalmente con una historia clínica detallada y una exploración física completa. Después suelen realizarse pruebas básicas y accesibles, como el electrocardiograma o la radiografía de tórax, además de una analítica sanguínea que permite descartar otros trastornos asociados.

Entre los avances más importantes destacan los llamados péptidos natriuréticos, unos marcadores presentes en sangre que ayudan a detectar situaciones de sobrecarga cardíaca. “Las analíticas actuales nos proporcionan marcadores de ‘sobrecarga’ del corazón, llamados péptidos natriuréticos, que en caso de normalidad prácticamente descartarían la presencia de un problema cardíaco asociado al síntoma de ahogo”, señala.

Otra de las herramientas fundamentales en cardiología es el ecocardiograma, una prueba de imagen que permite observar el corazón en funcionamiento y analizar tanto su estructura como su capacidad de bombeo. “El ecocardiograma es una prueba clave para ver la estructura y función del corazón en tiempo real”, concluye el especialista.

En definitiva, fatigarse ocasionalmente al subir escaleras no significa necesariamente que exista una enfermedad cardíaca. Sin embargo, cuando el cansancio aparece de forma desproporcionada, empeora rápidamente o se acompaña de otros síntomas como dolor torácico, mareos o hinchazón en las piernas, conviene dejar de pensar únicamente en la edad o en la falta de forma física. A veces, el cuerpo avisa mucho antes de que aparezca un problema grave, y escuchar esas señales puede marcar la diferencia.

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