Ahora que está tan de moda lo políticamente correcto y donde la ofensa surge a la menor ocasión, es raro que ningún alma sensible haya puesto ya el grito en el cielo bramando lo cruel de celebrar bromas y chanzas el día en el que murieron miles de niños belenitas.

Pero bueno, no demos ideas… sobre todo para evitar el ridículo de quien quiera condenar esta fiesta (que alguno habrá) ya que históricamente el episodio de los Santos Inocentes en un disparate con más de fábula que de real.

Herodes, que fue rey cruel como pocos, nunca mandó matar a tales niños, no por no ser capaz de hacerlo, recordemos que planeó un holocausto a su muerte para que el pueblo de Israel recordase su óbito como una fecha triste, si no porque básicamente el episodio bíblico es un recurso literario con más interés en narrar aventuras trepidantes, propias de los héroes de la antigüedad, que en plasmar la serena realidad.

Sin embargo, este episodio fue tomado como real por no pocos exégetas que al igual que sucede con las manifestaciones empezaron a hacer cálculos de los asistentes exagerando hasta tal punto las cifras que uno puede llegar a pensar que la escabechina fue una medida cautelar para frenar una plaga de niños.

Si uno se basa en las reliquias que han llegado de los Santos Inocentes, salen unos cientos de niños, pero si nos basamos en los cálculos de la iglesia armenia salen 14.000. Todo ello sin olvidar que según los textos bíblicos solo contaban los menores de dos años y que hubo supervivientes (San Juan Bautista fue uno de ellos), lo cual implica una chiquillería sencillamente disparatada para la fecha y el lugar en el que nos encontramos.

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¿Cómo la ejecución de miles de niños puede coincidir con el día de las mayores risas y bromas?

Se trató de explicar en base al censo que hizo Augusto y que por ello la población de Belén aumentó a raíz de todas las familias que fueron a resolver el papeleo, pero aun así las cifras no encajan, amén de que si la amenaza era un solo niño, parece absurdo no localizarle enviando un espía o simplemente atendiendo a las mil y una señales que le apuntaban como mesías.
Sea como fuere, la matanza de los Inocentes pasó a ser considerada como un episodio real y en base a ello se ha intentado justificar el hecho de que coincida con el día de las bromas en países como España y muchos de Iberoamérica.

¿Entonces cómo se pasa de un episodio tan dramático a una festividad tan jocosa? La explicación piadosa dice que muchos padres burlaron a los soldados de Herodes para salvar la vida de sus hijos pero parece haber otra causa en base a las festividades paganas en las que se aprovechaban estas fechas invernales para revertir el orden establecido.

Las saturnalias o fiestas en honor al dios Saturno tenían ese carácter burlesco, que inevitablemente se heredó en el mundo cristiano a través de festividades como las mojigangas navideñas, las danzas grotescas de Nochebuena o el risus paschalis, una costumbre  interesantísima que encajó a la perfección en el mundo cristiano.

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Las mojigangas eran pequeñas piezas teatrales donde primaba la burla y el desenfreno. En este caso vemos la mojiganga de brujas y diablos ilustrada por Leonardo Alenza.  Fuente Biblioteca Nacional

La risa pascual, que es lo que significa risus paschalis, era el síntoma inequívoco que el bien había triunfado sobre el mal, y ya que la encarnación de Dios en Navidad o la resurrección de Cristo en Semana Santa eran motivos de alegría, se arengó desde los púlpitos medievales la risa de los fieles. Gestos procaces, sermones obscenos cundieron en las iglesias medievales que llevados al pueblo llano se tradujeron en bromas y chanzas.

Una de esas fiestas en las que se revierte el orden establecido es el obispillo en Burgos donde un niño de la escolanía catedralicia adquiere por un día el cargo de obispo y como tal recibe los respetos de la población, un gesto que en su origen pudo ser jocoso pero que hoy adquiere una lectura genial al convertir a los niños, al menos en un día, en una autoridad cuya sensata opinión ayuda siempre a mejorar la sociedad.

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El obispillo de Burgos una de las festividades que mejor ha sabido adaptar la alegría navideña