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El verano de 2026 ha dejado una de las consecuencias más devastadoras de la crisis climática en Europa. El 77% de las muertes estimadas por calor en España durante los meses de junio, julio y agosto se atribuyen al cambio climático provocado por la actividad humana, según una investigación elaborada por científicos del Imperial College de Londres y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. El estudio cifra en 6.824 los fallecimientos relacionados con las altas temperaturas en las 90 ciudades españolas analizadas, de los cuales 5.227 estarían vinculados directamente al calentamiento global.
Los datos dibujan un panorama especialmente preocupante para el continente europeo. La investigación estima que las temperaturas extremas provocaron 50.391 muertes en 854 ciudades de 30 países durante el pasado verano. De ese total, aproximadamente 32.619 fallecimientos, cerca del 65%, se atribuyen al aumento de las temperaturas generado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.
Las conclusiones sitúan el verano de 2026 como el más mortífero por calor de los últimos 26 años en las ciudades estudiadas, por encima de episodios históricos como los de 2003 y 2022. Los investigadores advierten de que el calentamiento global está aumentando tanto la intensidad de las temperaturas extremas como sus consecuencias sobre la salud pública. Las cifras corresponden a estimaciones científicas de mortalidad, no a un recuento individual de defunciones certificadas por calor.
España, entre los países europeos más castigados
España ocupa el tercer puesto europeo en número de muertes estimadas por calor, únicamente por detrás de Italia, con 13.303 fallecimientos, y Francia, con 7.268. Por debajo aparecen Alemania, con 6.340, y Reino Unido, con 4.354.
Sin embargo, uno de los datos más llamativos es el peso del cambio climático sobre la mortalidad española. El 77% de las muertes estimadas por calor se relaciona con el calentamiento provocado por la actividad humana, un porcentaje notablemente superior a la media europea del 65%. España figura así entre los países donde mayor es la proporción de fallecimientos atribuibles a este fenómeno.
El informe sitúa a España únicamente por detrás de Estonia, con un 85%, y Bulgaria, con un 79%, y por delante de Finlandia, con un 76%. Las cifras evidencian que el impacto del calentamiento global no se limita al sur de Europa, sino que también afecta a territorios tradicionalmente acostumbrados a temperaturas estivales más moderadas.
Barcelona y Madrid concentran miles de muertes
Barcelona aparece como una de las ciudades europeas más castigadas por el calor extremo. La investigación estima que durante el verano se produjeron 1.842 muertes relacionadas con las altas temperaturas en la capital catalana, de las cuales 1.587, el 88%, se atribuyen al cambio climático.
Estos resultados sitúan a Barcelona como la segunda ciudad europea con mayor número de fallecimientos adicionales estimados por el calentamiento global, solamente superada por Milán, donde se calcularon 1.627 muertes atribuibles a este fenómeno.
La situación también resulta alarmante en Madrid. La capital española registró unas 1.067 muertes estimadas por calor, de las que 967 se relacionan con el cambio climático. Esto representa aproximadamente el 91%, una proporción incluso superior a la registrada en Barcelona y al conjunto de España.
En otras ciudades españolas también se observa el impacto. Valencia contabilizó 355 muertes estimadas por calor, Málaga 111, Sevilla 109 y Zaragoza 264. En todos estos casos, una parte mayoritaria de la mortalidad se atribuye al calentamiento global.
Una amenaza especialmente grave para las personas mayores
Las personas de edad avanzada constituyen el colectivo más vulnerable ante las temperaturas extremas. El estudio identifica una incidencia especialmente elevada entre los mayores de 85 años, para quienes la exposición prolongada al calor puede agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y otras patologías previas.
Sin embargo, el problema no se limita a la población anciana. Más de 6.000 de las muertes estimadas por calor en Europa durante el verano de 2026 correspondieron a personas menores de 65 años, lo que evidencia que los riesgos sanitarios de las altas temperaturas afectan también a otros grupos de edad.
El impacto puede ser especialmente grave entre quienes viven solos, padecen enfermedades crónicas, trabajan al aire libre o carecen de recursos para mantener sus viviendas a temperaturas seguras. La desigualdad económica y las condiciones de habitabilidad se convierten así en factores relevantes para afrontar los efectos de la emergencia climática.
El calentamiento global agrava una crisis de salud pública
Para desarrollar la investigación, los científicos analizaron datos meteorológicos, registros históricos de mortalidad y modelos climáticos con el objetivo de comparar las consecuencias del calor actual con las que se habrían producido en un escenario sin calentamiento global causado por el ser humano.
Los resultados muestran que la crisis climática está dejando de ser una amenaza futura para convertirse en un problema sanitario inmediato. Los investigadores señalan la necesidad de reforzar los sistemas de alerta temprana, adaptar las ciudades a las temperaturas extremas y proteger especialmente a las personas más vulnerables.
También insisten en que las medidas de adaptación deben acompañarse de una reducción de las emisiones contaminantes. Sin una disminución sostenida del uso de combustibles fósiles, el riesgo de mortalidad asociado al calor seguirá aumentando a medida que se intensifique el calentamiento del planeta.
Las cifras del último verano dejan una advertencia difícil de ignorar: el cambio climático ya tiene consecuencias cuantificables sobre la mortalidad en España y en el conjunto de Europa. Frente a este escenario, la prevención sanitaria, la adaptación urbana y las políticas climáticas adquieren una importancia cada vez mayor para proteger la vida de la población.




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