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España

Tito Morano, el hombre de confianza de Irene Montero para apuntalar la candidatura de Podemos en Madrid

El dirigente madrileño, con experiencia parlamentaria y responsabilidades públicas, acompaña a la exministra en una candidatura que busca recuperar terreno electoral con la vivienda y la economía

J.E.
El secretario de organización de Podemos, Jacinto Morano durante un acto de campaña del partido, en la Plaza de la Policía Nacional, a 29 de mayo de 2024, en Leganés, Madrid (España). Este acto se enmarca en la campaña electoral de Podemos para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 9 de junio. Gustavo Valiente / Europa Press.

El secretario de organización de Podemos, Jacinto Morano durante un acto de campaña del partido, en la Plaza de la Policía Nacional, a 29 de mayo de 2024, en Leganés, Madrid (España). Este acto se enmarca en la campaña electoral de Podemos para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 9 de junio. Gustavo Valiente / Europa Press.

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La elección de Tito Morano como número dos de Irene Montero por Madrid para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre refleja la apuesta de Podemos por sus cuadros orgánicos en un momento de retroceso electoral, pérdida de influencia institucional y creciente aislamiento dentro de la izquierda alternativa. Su experiencia parlamentaria y sus responsabilidades en materia económica ofrecen a la candidatura un perfil de gestión y elaboración programática, pero también evidencian la pérdida de espacio electoral mientras renuncia a concurrir bajo una candidatura unitaria con otras organizaciones progresistas.

La promoción de Morano permite a Podemos reivindicar experiencia, continuidad y conocimiento de las instituciones. Sin embargo, la elección de un dirigente procedente de la estructura interna difícilmente resolverá por sí sola los problemas de implantación electoral de un partido que ha visto reducido su protagonismo desde los años de su irrupción política. El interrogante reside en la capacidad de la estrategia de la eurodiputada de poder ampliar una base electoral que corre el riesgo de quedar diluida entre varias papeletas.

De la Asamblea de Madrid a la dirección económica de Podemos

Tito Morano, cuyo nombre completo es Jacinto Morano González, nació en Madrid el 5 de febrero de 1984 y se licenció en Derecho y Economía por la Universidad Carlos III de Madrid. Antes de consolidar su carrera política, trabajó como abogado laboralista para la Confederación General del Trabajo (CGT), con participación en procedimientos vinculados a los expedientes de regulación de empleo de Radiotelevisión Valenciana y Telemadrid. Su trayectoria profesional quedó así ligada a las relaciones laborales y a los conflictos entre empresas y trabajadores.

Su entrada en las instituciones se produjo en 2015, cuando obtuvo un escaño en la Asamblea de Madrid. Durante aquella legislatura, en febrero de 2019, fue designado senador por la Cámara regional, puesto que ocupó hasta julio de ese año.

La economía como argumento frente al desgaste electoral

En diciembre de 2023, Morano asumió la Secretaría de Economía y Políticas Públicas para un Nuevo País, en sustitución de Nacho Álvarez. El nombramiento llegó durante la reorganización interna de Podemos y después de la ruptura con Sumar, un episodio que profundizó las diferencias entre las principales fuerzas situadas a la izquierda del PSOE.

Desde esa responsabilidad, su perfil encaja con una estrategia que pretende situar la vivienda, la desigualdad y el coste de la vida en el centro de la confrontación política. Podemos defiende una intervención más intensa en el mercado inmobiliario, mayores garantías para los inquilinos y medidas contra la especulación. Es una agenda con capacidad para conectar con problemas cotidianos de amplias capas sociales, especialmente entre los jóvenes y los hogares que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler.

El Frente Amplio, la fractura que condiciona la candidatura

La principal debilidad estratégica de Podemos para el 29-N no se encuentra necesariamente en la composición de su lista, sino en su decisión de mantener una candidatura separada del Frente Amplio. Las negociaciones con las organizaciones que impulsan ese espacio —entre ellas Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comunes— no han desembocado en un acuerdo que permita articular una candidatura conjunta de alcance estatal.

La distancia entre ambos proyectos tiene una dimensión ideológica, pero también responde a una disputa por el liderazgo, las condiciones de integración y la autonomía de las organizaciones. Podemos reivindica su independencia y pretende conservar una identidad política diferenciada; sus interlocutores, por su parte, han defendido la necesidad de articular una alternativa compartida para evitar que la fragmentación debilite la representación progresista.

El problema para la formación morada es que preservar las siglas no equivale necesariamente a preservar los escaños. En un sistema electoral que distribuye los diputados por circunscripciones provinciales mediante la fórmula D'Hondt, la división del voto puede dificultar la obtención de representación, especialmente en provincias con pocos diputados. Madrid ofrece una magnitud electoral distinta, pero tampoco está al margen de la competencia entre candidaturas progresistas.

No puede afirmarse de antemano que una lista unitaria garantizase más escaños ni que concurrir por separado condene a Podemos a un mal resultado. Sí cabe señalar que la ausencia de acuerdo introduce un riesgo electoral que la dirección debe asumir y explicar. La autonomía política puede tener valor estratégico, pero su coste potencial se medirá en votos y representación, no únicamente en términos de identidad partidista.

El contraste con Jon Echevarría

La elección de Jon Echevarría como cabeza de lista del PP por Gipuzkoa ofrece un contraste entre estrategias políticas diferentes. El joven dirigente popular, con presencia en redes sociales y medios de comunicación, representa una apuesta por la renovación generacional y la comunicación agresiva para disputar representación en una circunscripción imposible para su partido.

Morano encarna, en cambio, la continuidad de un cuadro formado en la estructura de Podemos, con experiencia institucional y especialización económica. La comparación no permite equiparar sus posibilidades electorales, pero sí muestra dos prioridades: el PP busca proyectar una figura emergente; Podemos refuerza a un dirigente de la casa para sostener el proyecto de Montero.

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