Pedro Sánchez se resguarda en las vacaciones de invierno para apuntalar la estrategia política con la que pretende relanzar la vitalidad del Gobierno en un momento clave de la legislatura. Moncloa está diseñando una ofensiva social con la que retomar el control de la agenda mediática y atraer de nuevo la confianza de los socios de investidura.

En el Ejecutivo exponen su trayectoria, y presumen de madurez y de tener una experiencia contrastada y a prueba de bombas a la hora de encarar problemas y catástrofes, después de haber sobrevivido a una pandemia mundial, una crisis inflacionaria o a la erupción de un volcán, entre otras adversidades internacionales. Pero hará falta más que esta retórica épica para poder afrontar un 2026 incierto.

Ante el crecimiento de la ultraderecha y la solidez demoscópica del Partido Popular (PP), el gabinete de la Presidencia del Gobierno lleva tiempo centrado en una táctica de revitalización y humanización de Sánchez y de su entorno político más inmediato, que contraste con las "fechorías sanchistas" instaladas en la opinión pública y el imaginario colectivo.

Un táctica entendida como dique de contención de la animadversión personal hacia la figura del presidente del Gobierno al albur de los escándalos acontecidos. La "Operación Cercanías"  busca naturalidad, modernidad y resistencia gloriosa ante la adversidad, como si de un constante ambiente preelectoral se tratase. El reciente estrenado 2026 parece ser el curso clave de este ciclo político y nada puede preverse. 

Se avecinan tres elecciones autonómicas —Aragón, Castilla y León y Andalucía—, el compromiso de presentación de los Presupuestos Generales del Estado y la reforma del modelo de financiación autonómica, el pronunciamiento del TJUE sobre la ley de amnistía y la celebración de juicios que afectan a ambos lados del tablero, y Sánchez se niega a tirar la toalla: peleará el partido hasta el final pese a ir abajo en el marcador. Eso es lo que se desprende de su personalidad y trayectoria política.

El líder del Ejecutivo está decidido a mantener el "baluarte progresista" que capitanea ante la imposibilidad de desalojarle del poder. A finales de noviembre, Sánchez ordenó a sus ministros que propusieran medidas de gran calado social que no requiriesen del concurso del legislativo para proyectar voluntad de continuar a la vanguardia progresista, un incentivo atractivo para su electorado y exigido por sus socios que, además, evita retratar la debilidad parlamentaria del Gobierno.

Relatos enfrentados

El Gobierno, lastrado por el desgaste y el cisma interno en el PSOE, se centra en recuperar el voto de las mujeres, desencantadas con el estallido de casos de presunto acoso sexual, y en atraer el voto del electorado más joven, aparentemente ligado a la ultraderecha o instalado en la abstención. Esto es lo que motiva la digitalización de la comunicación “monclovita” y la presencia profesionalizada en redes sociales de una gran parte del Consejo de Ministros y, sobremanera, del presidente del Gobierno.

TikTok no es una moda: es el intento de reconectar con un segmento electoral que el PSOE ha perdido”, apunta Javier Sánchez González, politólogo, consultor y analista de comunicación y narrativa. En España, el 70% de los usuarios de esta aplicación son jóvenes de 18 a 25 años, es decir, en torno a 17 millones de perfiles.

El Ejecutivo pone el punto de mira en aquellos escenarios mediáticos descuidados por la izquierda y monopolizados por la corriente populista que dibuja Trump, Milei, Kast, Le Pen, Orbán, y derivados, como son las redes sociales y los canales de distribución masiva de mensajes. “Vox no gana a los jóvenes por la plataforma, sino por el relato simple, emocional y directo que proyectan”, añade Sánchez González. “Mientras el PSOE comunica gestión, Vox comunica conflicto, identidad y sensación de ruptura con lo anterior”, reseña el experto consultado.

El presidente de VOX, Santiago Abascal, participa en un acto electoral. Europa Press

La estrategia está generando titulares y ruido mediático, pero no fideliza voto. “Confunden alcance, likes y reproducciones con respaldo electoral”, dice Sánchez González, porque “estar en TikTok no sirve de nada si se dice lo mismo que en un mitin, solo que en vertical, con subtítulos y música”.

Asimismo, los vídeos institucionales, el humor forzado o “políticos haciendo TikTok” no conectan con las preocupaciones reales de los jóvenes, que residen en “la vivienda, el empleo precario y las expectativas a futuro”, apostilla el politólogo. 

El "TikTok" de Sánchez

En apenas cuatro meses, Sanchez suma 300.000 seguidores y 3,4 millones de me gustas en su perfil de TikTok, con 14 vídeos en el feed que superan ampliamente el millón de visualizaciones. Aunque estas cifras no se compadezcan con las urnas, el Gobierno ha encontrado una ventana de oportunidad mediática en la que exponer el “storydoing” de su actividad ejecutiva y de las políticas implementadas por el Gobierno.

Paralelamente, también contribuye al marcaje de la conversación pública y al desplazamiento del foco informativo en un entorno netamente adverso para Moncloa. Sánchez parece haber encontrado el tipo de lenguaje y el ritmo oportuno para el formato y su mensaje se percibe menos impostado: pide interacción, perfila el contenido, agenda su presencia y lo coordina con la actividad política.

El presidente del Gobierno recomienda semanalmente a los consumidores un libro y una canción y resume las tareas del Gobierno en esta plataforma: condecoraciones, plenos extraordinarios, visitas al extranjero, actos de representatividad institucional y reuniones de elevada importancia.

Además, compartió un balance de año y un mensaje de navidad especializados, compartió las tomas falsas de la producción de sus vídeos y mostró y publicó su primer house tour del Palacio de la Moncloa. Este último cortó llegó a acaparar la portada de periódicos generalistas de tirada nacional.

De momento, parece que “el voto joven del PSOE no se ha movilizado” como se ha podido apreciar en los comicios extremeños, resuelve el asesor político. “Ha migrado a Vox o se ha ido a la abstención, pese a la hiperpresencia digital socialista”, matiza Sánchez González.

“Sin un discurso adaptado a las necesidades reales del joven, la estrategia será marketing sin traducción electoral”, sentencia el politólogo. 

Es plausible que el líder el Ejecutivo se vincule al caucus electoral y haga suya la causa de salvaguardia de la democracia española, y parece que su candidata en Aragón, la exministra de Educación y exportavoz del Gobierno, Pilar Alegría, ha tomado nota de cómo y para qué usar sus perfiles en redes sociales, y ha ganado una notoriedad mediática y digital inusitada para cualquier federación territorial del PSOE actualmente.

Esta iniciativa, que nació hace algunos meses con el propósito de acercar el funcionamiento del Gobierno y el día a día de sus líderes mayoritarios a los más desencantados a través de audiovisuales de gran impacto, parece haber entrado en funcionamiento y seguido la estela de otros mandatarios internacionales como Keir Starmer, Giorgia Meloni, Emmanuel Macron y recientemente, Zohran Mamdani.

¿Será suficiente?

Durante el pasado verano el Gobierno estuvo en estado crítico -casi terminal- y Sánchez reconoció que se planteó abandonar el poder. Tras las vacaciones, Moncloa recuperó la iniciativa y arrancó el curso político remontando terreno a cuenta del genocidio en Gaza y la contienda internacional. Pero, tras el encarcelamiento de José Luis Ábalos y Koldo García, el Gobierno volvió a la casilla de salida y agravó su débil posición.

Sin embargo, ningún precedente nos lleva a descartar que el fenómeno vuelva a reeditarse y que Sánchez consiga sobreponerse a una realidad -política, parlamentaria, judicial- adversa gracias al crecimiento macroeconómico de España, el rechazo a los de Santiago Abascal y las medidas sociales que ejecuta.

Sin duda, la actividad en redes sociales se modulará a las necesidades del Gobierno en un año sobre el que plantea la posibilidad de un adelanto de las elecciones generales pese al deseo confesado de Sánchez de agotar la legislatura. No obstante, "TikTok es una condición necesaria, pero no suficiente", concluye Javier Sánchez González.

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