El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha quedado solo en su ofensiva contra Irán. El responsable estadounidense no está recibiendo los apoyos que seguramente le gustaría, de hecho, sigue enclaustrado en su mansión de Mar-a-Lago a pesar de los acontecimientos recientes.
Una encuesta publicada el pasado domingo por Reuters/Ipsos revelaba que solamente uno de cada cuatro ciudadanos aprueba la intrusión que mató al ayatolá Ali Jameneí el fin de semana; esto es un 25%, mientras que más del 40% está en contra y cerca del 30% no tiene una opinión fija al respecto. Entre los votantes de Trump, un 55% ve oportunas las acciones llevadas a cabo, mientras que un 32% no y el 13% no tiene una opinión definida.
El contexto electoral bajo el que se produce este escenario tampoco es demasiado halagüeño para el magnate: seguramente perderá el control de la Cámara de Representantes, y podría pasar lo mismo con el Senado. En cualquier caso, que la aprobación de la operación aumente o disminuya, dependerá de la duración de la misma y de la manera en que termine. Si bien, lo más probable es que el paso de los días desgaste al líder estadounidense.
Irán no es Venezuela
Donald Trump lanzó el ataque sin consultar al Congreso, ni a su electorado en tanto en cuanto no se molestó en prepararlos para vender la campaña. En su discurso para explicar la que ha calificado como ‘operación Furia Épica’, el presidente de EEUU evitó hablar de política exterior y mencionó al país asiático de pasada a sabiendas de que es un tema que lo debilita. Por el contrario, basó su discurso en políticas domésticas y de qué manera, supuestamente, ha mejorado la vida de los estadounidense, y es que el aumento del descontento es directamente proporcional a la subida de precios.
El objetivo propagandístico que Trump busca provocar con sus acciones; el del golpe de efecto y triunfo rápido, a menos de cara a la galería como pasara con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, no ha pasado aquí. En el país latinoamericano, capturar al presidente y publicar la foto funcionó, aunque el régimen sigue intacto, pero en Irán parece evidente que la muerte del ayatolá no será suficiente.
Su equipo, en contra
Las actuaciones del presidente no convencen siquiera dentro de su equipo. Parte de éste se ha postulado de manera detractora, como Thomas Massie o Marjorie Taylor Greene, congresista de Kentucky el primero e influyente del movimiento Make America Great Again (MAGA) la segunda.
Green dejó claro desde un primer momento que se oponía a esta guerra. “Esto no es America First. Cuando el Congreso vuelva a reunirse, trabajaré para forzar una votación en el Congreso sobre la guerra en Irán”, anunciaba.
La segunda fue una de las que antes se pronunció sobre los soldados estadounidenses muertos en estos días, a los que el responsable del país no ha dado demasiada importancia: “Fue absolutamente innecesario e inaceptable”, consideró. Y añadió: “Trump, Vance, Tulsi y todos nosotros hicimos campañas por no más guerras en el extranjero ni cambios de régimen. Ahora, soldados estadounidenses han muerto”.
Asimismo, otras voces influyentes dentro del sector republicano, como el que fuera presentador de la Fox, Trucker Carlson, o la comentarista política Millie Weaver, también se mostraron abiertamente críticos con la posición del magnate. Carlson tachó el ataque de “repugnante y malvado” y Weaver publicaba lo siguiente en redes sociales, apelando al movimiento MAGA: “No recuerdo haber votado por Liberen Irán. Yo voté por Hacer América grande otra vez”.
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