Detrás del reconocimiento que Isabel Díaz Ayuso ha dado a Estados Unidos se esconde mucho más que una simple medalla al país que preside Donald Trump. Un gesto que oculta un claro mensaje político y humano.
Ayuso quiere dejar claro que ella es la aliada perfecta para la Internacional ultraderechista de Donald Trump. Lleva muchos meses posicionándose al lado del presidente de Estados Unidos, pero también de Javier Milei o de Benjamín Netanyahu. Lo hace a sabiendas. Es consciente de que la coalición reaccionaria busca un líder que esté capacitado para que, igual que ha ocurrido en otros países de Europa, el peso de la extrema derecha sea mayor fuera y dentro en España.
No es un secreto que Trump, a través del movimiento MAGA y de múltiples financieros, invierte dinero – mucho dinero – en que la extrema derecha tenga cada vez más peso en Europa. Ayuso no es que se pase de frenada sólo por motivos políticos. Lo hace porque sabe que quien tenga mayor financiación de este tipo de movimientos tendrá más fácil hacer la guerra cultural. Es decir, inocular en la sociedad y en la conversación pública una serie de debates que hace unos años eran impensables.
Con esta medalla a Estados Unidos y Donald Trump, no sólo debe estar nervioso Alberto Núñez Feijóo, a quien le está disputando el liderazgo del Partido Popular a medio plazo. También debe estar inquieto Santiago Abascal. No es casual que algunos de los medios de comunicación mejor financiados por la Comunidad de Madrid se haya atacado al líder de Vox – véase Federico Jiménez Losantos en EsRadio – y elogiado con más vehemencia a Isabel Díaz Ayuso.
Al margen de la política, se desprende un mensaje humano que Ayuso manda a toda la población de Madrid. Concretamente al millón de latinoamericanos viven en la región. ¿Cómo se explica que, en el momento en el que inmigrantes están siendo deportados y cazados en las calles de Estados Unidos, Ayuso le otorgue esta medalla? Detrás de la política hay decisiones humanas que afectan a millones de personas. Hoy ese colectivo de ciudadanos de origen sudamericano tiene motivos para estar enfadados y tristes. Muchas de las personas que vivimos en la región podemos decir que estamos avergonzados que Isabel Díaz Ayuso sea nuestra presidenta.
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