El Partido Popular fraguó un ciclo electoral autonómico exclusivamente para debilitar al PSOE y a Pedro Sánchez con vistas a las generales previstas para 2027. Una estrategia para cocinar en su jugo al presidente del Gobierno, pero el guiso no está saliendo como pensaban y es Génova la que se está abrasando. Extremadura primero, Aragón después. Moneda al aire y el mismo resultado: cruz. Ni María Guardiola ni Jorge Azcón consiguieron el objetivo de reducir la dependencia de Vox en sus gobiernos. Sí lograron proyectar la imagen del desgaste de los socialistas, pero sin capitalizar el voto del descontento que ha servido para alimentar a la ultraderecha. Sendos resultados han encendido las alarmas en Génova 13 hasta el punto de menguar el optimismo de los conservadores, que ven amenazada también la Junta de Castilla y León. Los datos recolectados por el PP apuntan a que los de Santiago Abascal podrían dispararse en los comicios del próximo 15 de marzo, superando la barrera del 20% de los votos y consolidándose como un actor decisivo en la gobernabilidad de la comunidad.

Las preocupaciones en las entrañas de Génova no son teóricas. Vox sale al terreno de juego en Castilla y León con una base electoral ya consolidada tras las elecciones de 2022, en las que ya escaló desde el uniescaño hasta los 13 parlamentarios en las Cortes. Números cosechados tras obtener un 17,64% de los sufragios en las urnas. Aquellos resultados abrieron la veda de la entrada de los ultraderechistas a los gobiernos autonómicos, con Juan García-Gallardo como vicepresidente de la Junta – sin cartera -, antes de que estallase por los aires la crisis interna que provocó la salida de éste del partido. Al margen del botón rojo accionado por Abascal para romper los ejecutivos de coalición.

El contexto electoral actual, sin embargo, presenta elementos que inquietan al equipo de spin doctors del Partido Popular. La expansión de Vox en Extremadura y Aragón ha consolidado la imagen de los ultras como partido en fase de crecimiento. Se desconoce cuál será su techo, habida cuenta de anteriores incursiones a ambos lados del tablero político con Ciudadanos y Podemos. El escenario ahora es diametralmente opuesto. Los de Santiago Abascal han duplicado sus resultados en sendos comicios y en Génova temen que ese patrón se reproduzca también en tierras castellano y leonesas – feudo histórico del PP -. La fuerza de extrema derecha aspira no sólo a mantener su presencia institucional, sino a ampliarla significativamente. Los datos respaldan el desatado optimismo instalado en la Calle Bambú-

Ciertas voces en Génova apuntan precisamente a un escenario de mayor crecimiento de Vox en Castilla y León. Incluso comentan que los de Abascal están subidos en una ola. Asumen en privado que el objetivo inmediato de los populares ya no se limita sólo a retener el poder institucional, sino que se ha pasado a la fase de contención. Dicho de otro modo, la meta de los populares es preservar los 31 escaños logrados en los comicios de 2022.

Un efecto dominó

Las preocupaciones genovesas no orbitan sobre los resultados electorales. Las negociaciones para conformar gobierno en Aragón y Extremadura causan especial desasosiego en el cuartel general popular. Temen el impacto político que estas conversaciones puedan provocar en el corto-medio plazo, habida cuenta del pulso que la presidenta en funciones, María Guardiola, mantiene con los ultraderechistas. Creen que este condicionante puede agriar la salsa. Máxime cuando el debate de investidura en Extremadura está previsto para el 3 de marzo, solapándose con el inicio de la campaña electoral en Castilla y León.

El destino puede jugar a favor de Vox en este sentido. Voces en el PP alertan de que la cerrazón de los ultras a facilitar la investidura y la imposición de condiciones más duras para dar su ‘sí’ a Guardiola puedan impactar directamente en la campaña. La cúpula del partido interpreta estos movimientos como una estrategia elaborada en las cocinas de la sede nacional de la extrema derecha, a través de la cuál buscan reforzar su capacidad negociadora y ensanchar su influencia institucional. Una lectura que se extrapola al caso de Aragón, dónde Jorge Azcón ha abierto ya conversaciones con Alejandro Nolasco para la conformación de un Ejecutivo cuanto antes. No obstante, el viento no sopla tan en contra como en tierras extremeñas, pues la relación entre ambas formaciones no está tan erosionada. En cualquier caso, en Génova ya digieren que todo acuerdo pivotará sobre la estrategia de la dirección de Vox.

Atados a Vox

El PP ha aterrizado a la realidad. O más bien se ha dado de bruces contra ella. La tesis de una reedición del Gobierno de coalición entre PP y Vox ya no es una opción remota, sino que adquiere la categoría de escenario más probable, según las encuestas y los sondeos internos. El mensaje no variará y Mañueco insistirá en su intención de gobernar en solitario y apelar al voto útil, dentro de los marcos establecidos por Génova en las contiendas anteriores. No obstante, de puertas para dentro, asumen que la aritmética parlamentaria obligará a los conservadores castellano y leoneses a pasar por el mal trago de negociar con Vox.

La salida de Gallardo abrió la puerta a Carlos Pollán para tomar las riendas de la sucursal ultra en la región, presentando un perfil de institucionalidad tras presidir las Cortes durante la anterior legislatura. No obstante, en el PP se aferran a este rasgo como clavo ardiendo, argumentando que podría encorsertar al candidato de Vox y facilitar la captación del votante más centrado, reforzando así la posición electoral del partido.

Aún con todo, los populares optarán por explotar el precedente de la salida de Vox de los gobiernos autonómicos en julio de 2024, dibujando a la ultraderecha como un socio dudoso que se mueve por cálculos estratégicos y no por el interés común de la región. En la dirección nacional entienden que este episodio puede constituir un elemento capital de su argumentario electoral, bajo el pretexte de enfatizar el contraste entre la postura de estabilidad institucional que brinda el partido y la estrategia personalista de la fuerza de extrema derecha. El propio Mañueco ya ha puesto las primeras migas de pan en este sentido, señalando la importancia de hacer pedagogía en campaña al exponer el comportamiento de los diferentes actores políticos en el ejercicio del poder. Gestión y continuidad frente a confrontación.

¿Campaña nacional?

Otro de los factores que alimenta el miedo en Génova es la posibilidad de que Vox configure el campo de batalla a escala nacional, desplazando la cuestión regional del eje del debate político. Consideran que Abascal tratará de introducir en agenda temas relacionados con la inmigración, tratados internacionales o ámbitos que le son rentables a la formación ultra y que le han permitido movilizar con creces a su electorado o, en su defecto, capitalizar el voto de castigo al bipartidismo. Una baza que el propio PP ha jugado en un ciclo electoral que no nace bajo el prisma territorial, sino que parte del cálculo estatal a largo plazo.

En cualquier caso, barruntan que la estrategia de los de Abascal podría desestabilizar el marco de la campaña diseñada por el PP, que busca situar en el epicentro de la conversación la gestión de Mañueco y los resultados obtenidos a escala autonómica durante la legislatura. La robustez del dique de contención que preparan los conservadores dependerá en buena medida de su capacidad para contener el escenario expansionista de Vox sin provocar una transferencia masiva de votos hacia su socio potencial, manteniendo una dualidad entre competencia electoral y la necesidad de rubricar acuerdos tras el paso de las urnas.

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