Se desprendió el último clavo de esperanza al que se agarraba Jorge Fernández Díaz para tener un retiro soñado. El Gobierno le ha dado la espalda y ha nombrado a Gerardo Burgallo como embajador español en El Vaticano. Así lo ha anunciado este lunes Méndez de Vigo portavoz del Ejecutivo.

El ya nuevo embajador español ante la Santa Sede es un abogado que hizo sus primeros pinitos en el mundo de la diplomacia allá por 1984. Ha estado destinado en las representaciones diplomáticas españolas en Argelia, Hungría y Estados Unidos. Fue subdirector general de América del Norte, consejero cultural en la Embajada de España en Japón y vocal asesor en el gabinete de la Presidencia del Gobierno. 

En 2002 fue nombrado director general de Política Exterior para Asia, Pacífico y América del Norte y, posteriormente, representante permanente adjunto en la representación española ante las Naciones Unidas, en Ginebra. Actualmente era embajador en Kiev (Ucrania). Bugallo sustituye en la Santa Sede a Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, que es nombrado embajador en Portugal.

Margallo o el adiós a un retiro espiritual

De esta manera, el ex ministro del Interior se despide de su anhelado sueño de jubilación. No obstante, ya en 2016 vio como su esperanza comenzaba a tornarse en una quimera, pues el mismo Papa se convirtió en un obstáculo para su retiro. El escándalo de las grabaciones en las que se podía escuchar cómo conspiraba contra políticos catalanes supuso su ocaso político, aunque no fue esto lo que le confronta con Francisco I, sino su condición de ultra religioso y su pertenencia al Opus

Bueno, más concretamente a su situación dentro de las familias de la Iglesia, ya que es supernumerario de la Prelatura. Es que el Papa Francisco no quiere saber nada de esta organización con tanto peso en la Iglesia después de la traición que sufrió en el caso Vatileaks 2 por Lucio Vallejo Balda, miembro de la Obra y ex número dos de las finanzas vaticanas. Vallejo Balda desveló detalles financieros del Estado Vaticano. Por tanto, al Papa no le hacía ninguna gracia contar con un supernumerario enviado desde España y, finalmente, así será.