Millones de documentos e imágenes, la élite política, económica y cultural salpicada, y el escándalo de Jeffrey Epstein está pasando por la agenda mediática como un asunto más de la actualidad internacional. La 'ley del silencio' impera cuando se trata de indagar o conocer opiniones sobre los documentos del difunto pederasta, y los nombres de políticos, empresarios o artistas que salen en ellos.

No recibir respuestas da lugar a más preguntas: ¿se habla lo suficiente de que nombres de la élite mundial -del presente y del pasado- aparecen en los archivos de un pederasta que organizaba fiestas en las que se abusaba de menores? ¿Por qué parece que hay miedo a opinar sobre Epstein? Las respuestas aún no están claras, pero los motivos detrás esta "omertá" en un mundo en el que "todo el mundo conoce a todo el mundo", se estudiarán en el futuro.

Así lo define Frederic Mertens, director del Departamento Jurídico y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Valencia, en conversación con ElPlural.com. El escándalo de Epstein, que define como "el Wikileaks sexual", puede estar pasando de puntillas por varias razones. El primero es el miedo a lo que queda por salir: "Esto puede convertirse en una bomba con deflagraciones incalculables", señala Mertens. El silencio sirve también para que el escándalo no se convierta en la seña definitiva del "declive moral de los valores occidentales".

La "omertá" que rodea al caso Epstein, "el Wikileaks sexual"

Han pasado dos meses desde que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, pese a las negativas de Donald Trump, empezara a publicar archivos que exponen la relación Jeffrey Epstein con dirigentes políticos, magnates o artistas de todo el mundo. El mundo entero ha conocido -y sigue conociendo- cómo el pederasta, acusado de ostentar una red de trata en la que se abusaba sexualmente de menores, organizaba fiestas y encuentros, pagaba viajes e intercambiaba mensajes con la élite mundial.

Más allá de lo que afecta a las relaciones de Epstein con Donald Trump, el príncipe Andrés o José María Aznar -entre otros muchos-, el asunto está copando pocos titulares o minutos de televisión y radio. En los últimos días, tratar de preguntar a asociaciones y partidos políticos sobre el porqué de este silencio se ha convertido en un camino a ninguna parte, con evasivas y desentendimiento como norma general.

La primera clave que da Mertens para entenderlo es "la omertá italiana". El código de silencio de la mafia siciliana explica el miedo a que el escándalo salpique cada vez a más nombres: "Si uno habla, pues el otro habla. Hay tanta gente implicada que esto puede convertirse en una bomba con deflagraciones incalculables", explica. El caso también pone en jaque la reputación de las instituciones: "Por mucho menos que esto ha habido reemplazamientos políticos y debacles electorales", señala.

Los intereses de Occidente pueden explicar el silencio

Conocer que los más poderosos utilizan su influencia para abusar de los más débiles sin impunidad amenaza con polarizar a la opinión pública. La gente "va a reaccionar de manera radical", y se extiende la idea "de que todos están podridos, todos son corruptos y todos son amorales", explica Mertens. El experto señala que esta idea puede "dar a pie a radicalismo y replanteamiento del sistema democrático".

Un tambaleo del sistema que puede tener también derivadas estratégicas a nivel geopolítico. Mertens habla de las potencias que "están en contra de las potencias occidentales", como China o Rusia. A pesar de que se relaciona a Epstein con los servicios secretos rusos -e israelíes-, la mayoría de los implicados están en Estados Unidos y Europa, o países de ese mismo bloque. Sus rivales podrían aprovechar el escándalo como imagen del fracaso moral y ético del modelo capitalista de Occidente.

La atención se está volcando en Donald Trump. El presidente de Estados Unidos es la bandera de un cuestionamiento que abarca mucho más: "Hay una deflagración moral sobre el peso de los referentes morales del mundo occidental", explica Mertens. Esto podría ser material de ataque para otros bloques: "Podrían decir que esto refleja el declive moral de los valores occidentales, y hacer daño a nivel interno a todos esos países", señala. En resumen, que existe un miedo a que el caso Epstein pueda sacudir el tablero y que, tanto dentro como fuera de Occidente, se cuestione qué hace la élite con el poder que tiene.  

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