Rodrigo Rato ha sido detenido. Deténganse a leer otra vez la frase y, si son capaces, retráiganse e intenten hacerlo con los ojos de hace una década. Cuando Rato lo era todo para el Partido Popular. Cuando Mariano Rajoy decía que quería "hacer una política económica como la que hizo Rodrigo Rato durante ocho años". Cuando nadie podía "poner una pega a Rato con la trayectoria que ha tenido". Cuando esa trayectoria le convirtió en el primer español que se hacía cargo del todopoderoso Fondo Monetario Internacional. ¿Entienden ahora el alcance de esas cinco palabras no sólo en España sino en el resto del mundo?

La detención de Rodrigo Rato sigue impulsando una patética imagen patria que poco tiene que ver con esa famosa Marca España para la que el Gobierno de Mariano Rajoy hasta nombró a un Alto Comisionado, el pobre, que a esta hora tiene que estar tirándose de los pelos... De los que le queden, porque a estas alturas no son pocos los baches que ha sufrido la Marca España por culpa de los latrocinios derivados de los años de vino y rosas que rodearon a la burbuja inmobiliaria.

El patrón
Hace ya más de dos años que vimos cómo la Policía se llevaba en la parte de atrás de un coche a Gerardo Díaz Ferrán, quien durante tres años fue el máximo responsable de la patronal española, la CEOE. Como a Rato, a Díaz Ferrán se le llevaron detenido acusado de alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Y desde esa fecha permanece en prisión preventiva en la cárcel de Soto del Real, quizás recordando aquellos días en que recomendaba a los españoles que tenían que "trabajar más y cobrar menos" para salir de la crisis.

El tesorero
Allí, en esa prisión, se cruzaría más de una vez con Luis Bárcenas, el tesorero del Partido Popular que estuvo encerrado durante casi dos años. Y allí podrá volver a verle si la Justicia lo considera necesario, pues la prisión de Bárcenas fue provisional, como la de Díaz Ferrán, con la diferencia de que él sí pudo pagar su fianza (200.000 euros) y el exjefe de la patronal no consigue pagar los cinco millones que le reclaman (antes eran 10). Desde luego, al PP parece haberle afectado poco que el máximo responsable de sus cuentas durmiese a la sombra, pero para la Marca España fue un varapalo más.

La princesa
Tampoco mejoró nuestra imagen internacional ver a la hija del rey de España, la infanta Cristina, y a su marido, el duque Iñaki Urdangarin, hacer el paseíllo hasta los juzgados. Ni que esa comparecencia se debiera a las sospechas de que habían creado una trama de influencias para ordeñar las arcas públicas, y presuntamente con el visto bueno del presidente valenciano Francisco Camps, la alcaldesa de Valencia Rita Barberá y el presidente madrileño Alberto Ruiz-Gallardón. Un caso que todavía puede tener más consecuencias para la imagen de España, porque el juicio está al caer y el socio de Urdangarin quiere que hasta Juan Carlos I testifique en la causa.