Prime Video invertirá más de 2.000 millones de dólares en Latinoamérica entre 2027 y 2030. El anuncio no es únicamente otra cifra multimillonaria de una tecnológica estadounidense. Amazon pretende producir más historias locales, comprar derechos deportivos y ampliar las posibilidades comerciales de su aplicación en una región que se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla de la industria audiovisual mundial.

La inversión se concentrará principalmente en México, Brasil, Argentina, Colombia y Chile. Prime Video asegura que en 2027 habrá más de 25 nuevos títulos locales y que duplicará ampliamente el volumen de originales producido en estos cinco mercados respecto a 2026. Entre sus apuestas aparecen nuevas temporadas de producciones como La Oficina, Tremembé o Menem, además de películas, series de ficción, programas de entretenimiento y realities. 

El dinero promete actividad para productoras, intérpretes, guionistas, técnicos, estudios y proveedores locales. Pero abre al mismo tiempo una pregunta que lleva años acompañando el crecimiento de Netflix, Amazon, Disney y otras grandes plataformas: que se produzcan más historias latinoamericanas no significa necesariamente que el poder sobre esas historias se quede también en Latinoamérica.

El nuevo petróleo de las plataformas son las historias locales

La estrategia de Prime Video combina dos movimientos. El primero es evidente: producir contenidos capaces de captar a los espectadores de cada país. La experiencia de la última década ha demostrado que un servicio global no puede vivir exclusivamente de Hollywood. Necesita actores reconocibles, acentos locales, historias políticas y sociales propias y formatos que formen parte de la conversación nacional.

El segundo movimiento consiste en hacer que esos productos puedan circular fuera de su mercado de origen. El éxito internacional de producciones españolas, coreanas, mexicanas, argentinas o brasileñas ha convertido el catálogo local en una herramienta global. Una serie ya no se financia únicamente para conquistar al espectador del país donde se rueda: también puede convertirse en un activo exportable a decenas de territorios.

Brasil ofrece un buen ejemplo. Su industria audiovisual atraviesa un momento de fuerte visibilidad internacional y la presencia de contenido brasileño en las plataformas ha crecido significativamente fuera del país. La recuperación de las políticas públicas de apoyo al cine ha convivido con mayores inversiones de compañías como Amazon y Netflix, en un ecosistema donde financiación estatal y capital privado global pueden colaborar, pero también disputar capacidad de decisión. 

México representa otra pieza central. Netflix anunció en 2025 una inversión de 1.000 millones de dólares durante cuatro años para producir allí películas y series. La ofensiva de Amazon confirma que las grandes plataformas no compiten únicamente por abonados mexicanos: compiten por estudios, profesionales, propiedad intelectual y capacidad de producción. 

Prime Video ya no quiere ser solo Netflix

Hay una diferencia importante entre la nueva ofensiva de Amazon y la primera gran fase de expansión del streaming: el deporte se ha convertido en una pieza central del negocio. Prime Video no está destinando esos 2.000 millones únicamente a películas y series. Su estrategia latinoamericana incorpora derechos deportivos capaces de generar algo extremadamente valioso para una plataforma: espectadores que necesitan conectarse a una hora concreta.

Gracias al acuerdo global de once años con la NBA, Prime Video ofrece ya más de 200 partidos por temporada en Brasil y México y ha llevado la competición a Argentina, Colombia y Chile. Amazon también ha reforzado su relación con el fútbol mexicano: la plataforma será uno de los nuevos hogares audiovisuales de la selección nacional y emitirá 38 encuentros como local durante cuatro años, según los detalles publicados tras el anuncio de inversión. 

La lógica es distinta a la de una serie. El espectador puede aplazar durante semanas un capítulo de ficción; un partido pierde buena parte de su valor cuando ya conoce el resultado. Ese consumo en directo mejora la capacidad de una plataforma para retener suscriptores, vender publicidad y convertir su aplicación en una puerta de entrada cotidiana.

Amazon tampoco vende únicamente vídeo. Prime Video forma parte de un ecosistema comercial mucho mayor, ligado a una de las compañías de comercio electrónico, publicidad y computación más poderosas del planeta. Conseguir que el usuario abra la aplicación para ver un partido, alquile después una película o contrate un servicio externo desde el mismo lugar aumenta el valor global de ese ecosistema.

La expansión anunciada contempla precisamente que usuarios de Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Paraguay y Perú puedan contratar desde Prime Video servicios de streaming de terceros. También se ampliarán las opciones de alquiler y compra digital de contenidos. El negocio, por tanto, no consiste solamente en producir más series: consiste en reforzar a Prime Video como intermediario entre el público latinoamericano y una parte creciente de su consumo audiovisual.

¿Quién se queda con las historias?

Las cifras de inversión suelen presentarse como una noticia inequívocamente positiva para las industrias nacionales. Y existe una razón evidente: un rodaje moviliza empleo mucho más allá de actores y directores. Contrata técnicos, diseñadores, transportistas, personal de hostelería, construcción, vestuario, maquillaje o posproducción. Cuando Netflix anunció su inversión mexicana, el Gobierno de Claudia Sheinbaum subrayó precisamente ese efecto multiplicador.

Sin embargo, para valorar el impacto real es necesario mirar qué ocurre después del rodaje. Quién posee los derechos de una producción, durante cuánto tiempo, qué participación conserva una productora independiente y qué remuneración reciben creadores e intérpretes cuando una obra triunfa internacionalmente son preguntas tan importantes como el presupuesto original.

El modelo de las plataformas ha modificado precisamente esa relación. Tradicionalmente, determinados creadores y productores podían conservar derechos o recibir ingresos relacionados con reposiciones, ventas internacionales y nuevas explotaciones. Los acuerdos de streaming pueden utilizar otras fórmulas, incluidos pagos iniciales que transfieren buena parte del control posterior a la plataforma.

Eso no convierte automáticamente una producción financiada por Amazon en perjudicial para el tejido local. Sí significa que “contenido latinoamericano” y “propiedad audiovisual latinoamericana” no son necesariamente sinónimos. Una película puede rodarse en Ciudad de México, estar escrita y protagonizada por mexicanos y, al mismo tiempo, formar parte durante años de una biblioteca gestionada globalmente desde una multinacional estadounidense.

Los gobiernos también quieren decidir qué aparece en la pantalla

La respuesta política empieza a aparecer. México aprobó en 2026 una nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual que, por primera vez, integra de forma explícita las plataformas digitales dentro del marco audiovisual del país. La norma reivindica la diversidad cultural, refuerza las herramientas de fomento de la producción nacional y regula la actividad de los servicios de vídeo bajo demanda. 

El debate de fondo no es exclusivamente mexicano. Brasil lleva años discutiendo cómo incorporar a las plataformas internacionales al sistema de financiación y promoción de su producción nacional, mientras mantiene mecanismos como las cuotas de exhibición para el cine brasileño en salas. La discusión enfrenta cuestiones culturales con intereses económicos muy concretos: cuánto deben contribuir las multinacionales al ecosistema del que obtienen ingresos y qué capacidad tienen los Estados para garantizar espacio a producciones independientes.

Hay además una cuestión de diversidad dentro de la propia idea de Latinoamérica. Los cinco países escogidos por Amazon son cinco de los mayores mercados audiovisuales del continente, pero no representan su totalidad. Concentrar la inversión en México, Brasil, Argentina, Colombia y Chile puede reforzar polos creativos que ya cuentan con infraestructuras, profesionales y tradición industrial, mientras países más pequeños permanecen fundamentalmente como mercados de consumo.

Quién contará Latinoamérica durante la próxima década

La ofensiva de Amazon muestra finalmente que la guerra del streaming está entrando en otra fase. El objetivo ya no consiste simplemente en acumular cuantos más abonados mejor con catálogos gigantescos. Las plataformas buscan contenidos propios, acontecimientos en directo, publicidad, servicios adicionales y relaciones cada vez más estrechas con industrias culturales nacionales.

Para Latinoamérica, esa transformación contiene una oportunidad real. Más de 2.000 millones de dólares pueden financiar producciones que quizá no existirían, ofrecer continuidad laboral a miles de profesionales y convertir historias locales en productos con audiencia internacional. Las plataformas han demostrado además una capacidad de circulación que las antiguas fronteras de la televisión nacional difícilmente podían igualar.

Pero la magnitud del dinero obliga también a mirar quién gana capacidad de decisión. Las próximas grandes historias latinoamericanas pueden estar escritas en español o portugués, filmadas en Ciudad de México, São Paulo, Bogotá o Buenos Aires y protagonizadas por talentos locales. Eso no resuelve por sí solo la cuestión de quién controla los derechos, los datos de audiencia, los canales de distribución y el acceso final al público.

La promesa de Amazon es producir más Latinoamérica. La discusión que queda para gobiernos, profesionales y espectadores es distinta: si la región va a convertirse en uno de los grandes centros creativos del streaming mundial, cuánto poder tendrá para decidir no solo qué historias cuenta, sino también qué ocurre con ellas después de haberlas contado.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio

 

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora