Durante décadas, una de las reglas más sencillas del negocio alimentario ha sido vender más comida a más personas. La aparición de una generación de medicamentos capaces de reducir sustancialmente el apetito introdujo una variable incómoda en esa ecuación. Si millones de consumidores dejan de sentir tanta hambre, ¿qué ocurre con las compañías que fabrican pizzas, helados, chocolatinas, platos preparados o bebidas azucaradas?

Nestlé parece haber encontrado una respuesta: venderles productos diferentes.

La multinacional suiza está utilizando inteligencia artificial, investigación nutricional y su gigantesca base de datos de productos para desarrollar alimentos específicamente pensados para consumidores de medicamentos GLP-1 como Ozempic, Wegovy, Mounjaro o Zepbound, según ha explicado a Reuters el director de Tecnología de la compañía, Stefan Palzer.

El fenómeno va bastante más allá de una campaña de marketing vinculada a una moda. Unos 16 millones de estadounidenses utilizan ya medicamentos de esta familia, según estimaciones de Boston Consulting Group citadas por Reuters, y las previsiones apuntan a un aumento notable durante los próximos años. El rápido crecimiento de estos tratamientos provocó inicialmente preocupación entre los inversores de las grandes compañías alimentarias: los pacientes suelen reducir su ingesta y, en particular, el consumo de determinados alimentos muy calóricos.

Nestlé intenta convertir esa reducción del consumo en una nueva oportunidad comercial.

Un consumidor con menos apetito

La estrategia no empezó ayer. En 2024 la compañía lanzó en Estados Unidos Vital Pursuit, una gama de platos preparados orientada tanto a usuarios de GLP-1 como a consumidores interesados en perder peso. Sus productos enfatizan el contenido en proteínas, fibra, hierro o calcio. Ahora la empresa quiere ir más lejos.

Según la información facilitada a Reuters, sus investigadores analizan algunas de las consecuencias que pueden acompañar a una pérdida rápida de peso. Una de ellas es la reducción de masa muscular magra, que ha incrementado el interés por alimentos con un mayor contenido proteico. Nestlé vende ya en Estados Unidos un batido Boost Advanced Nutrition Shake con 35 gramos de proteína y ha introducido versiones con mayor contenido proteico de otras marcas, como Milo PRO High Protein, en determinados mercados asiáticos y Australia.

También ha incorporado colágeno a algunos productos de Vital Proteins, que presenta como orientados al cuidado de piel, cabello y uñas durante procesos de pérdida de peso.

La compañía asegura, además, haber patentado determinadas combinaciones de ingredientes dirigidas a consumidores que recuperan el apetito después de abandonar los tratamientos. Son líneas comerciales distintas para diferentes fases de un mismo proceso: durante el uso del medicamento, cuando se come menos; mientras se pierde peso, cuando preocupa preservar músculo; y después del tratamiento, cuando puede reaparecer el hambre.

La lógica es empresarialmente reconocible: si un medicamento modifica la dieta de millones de personas, la industria intenta construir productos alrededor de esa nueva dieta.

La inteligencia artificial entra en la receta

Una parte menos visible de la transformación está ocurriendo en los departamentos de investigación. Nestlé dispone de una base con alrededor de 120.000 recetas y ha desarrollado una herramienta interna llamada Food Genie. El sistema permite analizar información científica, identificar combinaciones nutricionales y ayudar a sus equipos a reformular productos.

La empresa también está experimentando con simulaciones de consumidores mediante IA para prever la reacción ante nuevos alimentos o mensajes comerciales antes de que lleguen a los supermercados. Otras herramientas rastrean conversaciones y tendencias en redes sociales para intentar distinguir una moda pasajera de un cambio de comportamiento duradero.

Aquí aparece una ventaja competitiva que no tiene tanto que ver con cocinar como con disponer de datos. Una multinacional que acumula décadas de recetas, pruebas de producto y comportamiento de clientes posee material suficiente para entrenar modelos capaces de encontrar patrones que una empresa pequeña difícilmente puede reproducir.

La propia Nestlé lleva años investigando además maneras de interactuar con los mecanismos fisiológicos relacionados con el GLP-1, incluso sin medicamentos. En 2025 presentó un pequeño producto proteico concebido para ser consumido antes de las comidas y estimular la liberación natural de esa hormona intestinal tras la ingesta. Conviene distinguir ambas cosas: provocar una respuesta fisiológica natural mediante alimentos no equivale al efecto farmacológico de medicamentos como Wegovy.

El interés industrial, sin embargo, apunta en la misma dirección. Saciedad, proteínas, control de porciones y preservación de masa muscular están desplazándose desde nichos de nutrición deportiva hacia el centro de la industria de gran consumo.

La industria se prepara para comer menos

La transformación no se limita a la compañía suiza. Los fabricantes de helados están reduciendo tamaños, aumentando las proteínas y desarrollando productos con menos calorías. Reuters señala que los usuarios de GLP-1 reducen al menos un 10% su consumo de productos congelados de indulgencia, según estudios de Boston Consulting Group. En Estados Unidos, el volumen de ventas de helado había descendido un 1,5% interanual hasta mediados de junio.

La respuesta de marcas como Halo Top, Yasso, Breyers o Blue Bunny pasa por presentar el capricho en envases más pequeños, con menos calorías o con un perfil nutricional que encaje mejor en los nuevos hábitos. La industria no presupone que desaparezca el deseo de comer un helado; presupone que algunos consumidores querrán hacerlo menos veces o exigirán algo distinto cuando lo hagan.

Hay, no obstante, una discusión nutricional detrás de la oportunidad comercial.

Amanda Avery, profesora asociada de Nutrición y Dietética en la Universidad de Nottingham, señaló a Reuters que muchos de los nutrientes promocionados en estos nuevos productos pueden obtenerse igualmente de alimentos convencionales como huevos, pescado, lácteos, legumbres o frutos secos, potencialmente a menor coste. Su observación introduce una pregunta relevante: qué parte de este nuevo mercado responde a una necesidad nutricional específica y qué parte consiste en empaquetar y comercializar de nuevo nutrientes ya disponibles.

La propia industria alimentaria tiene incentivos para encontrar una respuesta favorable. La expansión de los GLP-1 coincide con una presión más general sobre los fabricantes de alimentos procesados para reducir aditivos, mejorar perfiles nutricionales y adaptarse a consumidores más atentos a los ingredientes. Nestlé, por ejemplo, anunció este año que eliminará los colorantes artificiales de todos sus productos en el mundo antes de terminar 2026.

Ozempic y sus competidores nacieron como medicamentos, no como una política alimentaria. Pero su éxito está empezando a producir consecuencias fuera de farmacias y consultas. Modifica cuánto comen algunos consumidores, qué buscan cuando compran y cómo valoran nutrientes como la proteína. Para Nestlé, el cambio plantea una cuestión bastante menos médica. El consumidor que compra menos calorías sigue entrando en el supermercado. La empresa quiere asegurarse de tener algo nuevo que venderle cuando llegue.

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