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“Yo soy muy bueno en el mata-mata”. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se plantó así después de haber perdido la primera vuelta de las elecciones presidenciales ante el candidato de la extrema derecha, Flávio Bolsonaro. Y así ha ocurrido este domingo, con una remontada histórica para el Partido de los Trabajadores (PT), que dará a Lula su cuarto mandato presidencial en la primera potencia de América Latina.
El resultado fue apretado, con la épica propia de un candidato al que una gran parte del país daba por amortizado después de que el hijo del expresidente condenado por golpismo, Jair Bolsonaro, consiguiera la victoria a principios de octubre. Tan solo tres semanas después, el PT ha conseguido sumar el 51,76% de los votos, frente al 48,24% del Partido Liberal (PL); que destaca aún más por la enorme participación de los brasileños en los comicios, de más del 80%.
La jornada estuvo cargada de hitos. En primer lugar, por los fallos en el transporte público, que llevó al Tribunal Supremo a ampliar unas horas el cierre de los colegios electorales. Esto atrasó un recuento que, por primera vez en cuatro décadas de democracia en Brasil, dio la victoria al candidato que había perdido la primera vuelta. Fue Lula, el histórico dirigente socialista, que repetirá por cuarta vez en el Palacio del Planalto a sus 81 años de edad, la persona más longeva en dirigir el país.
La campaña de Lula para remontar en el “mata-mata”
Una tarea que, sin embargo, no será fácil. Lula ha revertido en tres semanas una dudosa campaña, que hizo tambalear su mandato antes de la primera vuelta. El izquierdista trasladó a Brasil la imagen de un líder que vivía de las glorias pasadas, frente un país atravesado por la indignación de las clases medias y bajas, antiguo feudo del PT, y que ahora abrazan el neoliberalismo de Bolsonaro.
En solo 21 días, Lula entendió que su figura no podía quedarse en el pasado, y que debía mirar al futuro para convencer a una sociedad que parecía haberle dado la espalda al progresismo. Con su esposa, Janja, a su lado, un intenso trabajo en redes sociales, y una campaña basada en el “mata-mata” -en portugués, ‘cara a cara’-; el socialismo ha conseguido una enorme movilización para remontar, pero Lula deberá afrontar los retos de los próximos cuatro años -será presidente hasta los 85- consciente de que el país que gobernó durante ocho años de prosperidad, antes de regresar en 2023, ha cambiado por completo.
De hecho, el veterano líder afronta una legislatura en la que el Congreso Nacional y la mayoría de gobiernos estatales están en manos de la derecha. Esto es lo que hizo creer que el resultado de la primera vuelta, en la que Bolsonaro ganó con el 47% de los votos, condenaba a otros cuatro años de Gobierno de extrema derecha, con el candidato neoliberal prometiendo a Brasil que cruzaría las puertas de Planalto junto a su padre, concediendo al expresidente el indulto por haber tratado de dar un golpe de Estado a Lula en 2022, cuando perdió el poder frente a Lula.
Lula frena la ola trumpista que conquistaba América
Sin embargo, Brasil ha frustrado sus planes, y también ha conseguido frenar la ola de derechización de América Latina. De momento, seguirá formando parte, junto a México y Uruguay, del grupo -cada vez más débil- de países gobernados por la izquierda.
Bolsonaro prometía seguir fielmente las directrices de Donald Trump, y situarse junto a los Milei, Noboa, Kast o Fujimori en la senda de la ultraderechización del continente. En parte lo ha hecho, pues nada más conocerse los resultados Bolsonaro ha anunciado que no los reconoce, adoptando a la perfección la estrategia trumpista de las sospechas de fraude electoral que han llevado a su padre a una condena de 27 años de prisión por alentar un golpe de Estado; al presidente de Estados Unidos a tomar su propio Capitolio, y a la derecha española a adelantar el mismo guion si no gana el próximo 29 de noviembre.




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