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España

Sánchez reenchufa al PSOE entre los errores no forzados de Feijóo y el miedo al retroceso de Vox

Los socialistas han aprovechado en la precampaña los errores de la oposición de estas semanas, pero la incógnita es si será suficiente con eso para que haya un cambio de tendencia

Sergio Ramiro
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EP.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EP.

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Los tropiezos del PP y la ya acostumbrada advertencia sobre las consecuencias de un Gobierno con la ultraderecha le han servido a Pedro Sánchez para darle una segunda vida al PSOE durante esta precampaña y para reactivar a los socialistas. Estas semanas han devuelto al PSOE parte de la iniciativa política después de haber estado arrinconado por las encuestas.

Aunque todavía no hay evidencias concluyentes de que ese cambio de ánimo se traduzca en votos ni las habrá hasta el 29 de noviembre, lo cierto es que durante meses, el PSOE afrontó la carrera electoral con una sensación de que todo estaba cuesta arriba. El desgaste acumulado del Gobierno, las polémicas judiciales y la crisis migratoria de Ceuta alimentaban un escenario adverso para Pedro Sánchez, mientras el PP confiaba en convertir las elecciones en un plebiscito sobre el presidente. Sin embargo, las primeras semanas de precampaña han alterado parcialmente el guion y esa sensación parece haberse evaporado. El PSOE ha recuperado iniciativa, ha movilizado a una militancia que empezaba a asumir la derrota y ha encontrado argumentos para disputar el terreno político a Alberto Núñez Feijóo.

La paradoja de la situación, no obstante, es que parte de esa recuperación no se explica tanto por grandes aciertos socialistas, sino más bien por los errores de sus adversarios. La palabra "sacrificios", utilizada por Feijóo para describir lo que pediría a los españoles si llega a La Moncloa, removía viejos fantasmas en el PP y en los españoles. Poco después, las declaraciones y explicaciones de dirigentes populares sobre las pensiones volvieron a situar en primer plano uno de los asuntos más sensibles para el electorado. El partido tuvo que salir a aclarar que garantizaría la revalorización de las prestaciones conforme al IPC, después de varios días de controversia en los que sus discursos remaban en la dirección contraria. La vivienda, a su vez, también ha sido otro filón. El PP ha asegurado que está dentro de las prioridades de su agenda, pero desde un prisma lejano al que clama la ciudadanía: incluso la mayoría de sus votantes y los de Vox están a favor de una intervención en el mercado para garantizar el acceso ante un mercado en máximos históricos, pero los planes de la formación no incluyen esta fórmula.

Es ahí donde los del puño y la rosa han encontrado una oportunidad: desplazar la conversación desde los asuntos que más han desgastado al Gobierno hacia cuestiones en las que los socialistas consideran que pueden defender mejor su gestión, como las pensiones, los servicios públicos y la protección social. Claro está que ello no significa que esas polémicas hayan desaparecido, ni que el balance de la legislatura haya dejado de pesar, ni que el Gobierno progresista no tenga asignaturas pendientes en diferentes asuntos, como por ejemplo la propia vivienda. Pero sí le han dado un balón de oxígeno a los socialistas para que Sánchez vuelva a discutir sobre propuestas y prioridades, en lugar de limitarse a responder a las acusaciones de sus rivales.

De la defensiva a la movilización

El cambio también ha sido emocional. En el PSOE, el primer objetivo era romper con el derrotismo y convencer a sus simpatizantes de que aún no está todo el pescado vendido. La campaña de Sánchez, hasta ahora, está apostando por las imágenes de cercanía, la reivindicación personal y un mensaje alejado de la confrontación, con un perfil mucho más suave que el que están utilizando sus adversarios. La dirección socialista confía en que una izquierda que vuelva a sentirse competitiva tenga más incentivos para participar, especialmente entre aquellos votantes indecisos o más cercanos a la abstención, mientras, paralelamente, intenta frenar la movilización de una derecha que lleva tiempo articulada alrededor del rechazo a la figura de Sánchez.

Los análisis demoscópicos publicados, no obstante, no permiten dar por hecha una remontada. Expertos consultados por El País señalaban que, aunque perciben algunos síntomas de reactivación en la izquierda, todavía no observaban movimientos significativos en sus estimaciones de voto. La campaña puede modificar las percepciones y pueden cometerse aciertos y que el rival se equivoque, pero ello no es garantía de que sea suficiente para propiciar un cambio de tendencia.

El factor Vox

La segunda palanca socialista está consistiendo en presentar la posibilidad de un Gobierno de PP y Vox como un riesgo de retroceso en derechos y políticas sociales. Con este mensaje, que ya ha sido habitual en muchas campañas de los del puño y la rosa, Sánchez intenta que el voto no se decida únicamente en función del desgaste de su Ejecutivo, sino también por las consecuencias que podría tener la alternativa. En esta misma línea pivotaba su entrevista con El País de este domingo, donde decía textualmente que un Gobierno tándem de PP y Vox supondría "un retroceso de 40 o 50 años en debates como el aborto o la eutanasia". 

El argumento, ya conocido, tiene una función doble. Por un lado, la de movilizar a los votantes socialistas y a quienes, sin estar plenamente satisfechos con la gestión del Gobierno, temen determinadas propuestas de Vox. Por otro, colocar a Feijóo ante la necesidad de explicar qué papel concedería a la formación de Santiago Abascal en un eventual Ejecutivo. Cuanto más depende el PP de esa alianza para gobernar, más difícil resulta presentar a Vox como un actor secundario sin consecuencias sobre las políticas públicas. El PP, no obstante, no parece estar incómodo en esa posición y han dejado de ver a Vox como una amenaza para empezar a mirarles como un potencial (e inevitable) aliado.

Feijóo y el endurecimiento discursivo

Los tropiezos del líder popular han contribuido significativamente a que el PSOE recupere espacio y han puesto de manifiesto un problema de comunicación en el PP. El objetivo de Feijóo desde que tomó las riendas de Génova ha sido el de dar una imagen de alternativa serena e institucional amparada por sus años de bagaje en la Xunta de Galicia, pero, con el tiempo, esta actitud se ha ido diluyendo ante la necesidad de no ser devorado por Vox, lo que ha contribuido a una radicalización de los discursos 'populares'. Más de una vez sus declaraciones han abierto controversias que han obligado a su equipo a salir a matizarlas. La de los 'sacrificios', la última de ellas.

A ello, se ha sumado la confrontación sobre el voto por correo, en la que dirigentes populares han alimentado, una vez más, las dudas y especulaciones sobre el proceso electoral sin aportar pruebas que acrediten un fraude generalizado. La directora de Operaciones de Correos, Olga García, recibía este domingo a elDiario.es y aseguraba que en el ente público están centrados en hacer su trabajo con todas las garantías posibles y que no es su misión entrar a valorar opiniones políticas como las expresadas.

Poder respirar no asegura remontar

En cualquier caso, sería prematuro interpretar los errores del PP como un cambio definitivo de tendencia. La derecha continúa movilizada y las encuestas mantienen un escenario favorable para el bloque conservador. Sánchez y el PSOE han conseguido, en buena parte gracias al demérito de sus rivales, que la precampaña deje de ser únicamente una sucesión de malas noticias para los socialistas, y las polémicas del PP le han permitido recuperar la iniciativa en asuntos sociales, sumando estos puntos al factor Vox, que ofrece un motivo adicional para movilizarse al electorado de izquierdas indeciso.

El PSOE ha pasado, al menos en el plano del discurso, de la defensiva a la posibilidad de disputar la agenda diaria. Pero la diferencia entre una campaña que mejora el ánimo y una que cambia el resultado electoral sigue siendo considerable, y los socialistas necesitan algo más que errores de Feijóo o miedo a la extrema derecha para poder mantenerse en La Moncloa: deberán convencer de que su proyecto merece otros cuatro años y de que los problemas más acuciantes de la ciudadanía, con la vivienda a la cabeza, van a obtener una respuesta a corto y medio plazo que legitime su continuidad.

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