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Sociedad

La acampada en Sol cumple un mes mientras piensa cómo y cuándo decir adiós

Las tiendas de campaña ya han estado más tiempo en la plaza por la vivienda de lo que lo hicieron en el 15-M

Rubén Rozas, redactor de ElPlural
Imagen de la acampada en la Puerta del Sol por la vivienda. EP

Imagen de la acampada en la Puerta del Sol por la vivienda. EP

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La acampada de la Puerta del Sol cumple un mes. Desde que días después del desahucio de Maricarmen las tiendas de campaña y los sacos aparecieran en la céntrica plaza madrileña, se fueron sumando simpatizantes al emblemático enclave de la capital para clamar por el derecho a una vivienda digna.

En estos 30 días se han contado por miles las personas que han pasado las horas en este punto de la ciudad, histórico de las reivindicaciones sociales. Muchos de ellos repitiendo noche tras noche una imagen que ha dado la vuelta al mundo, otros acompañándolos durante el día, y unos pocos concediendo su ayuda, cada cual con lo que podía, en forma de bienes de primera necesidad o, sencillamente, palabras de aliento.

Los acampados se han enfrentado durante estas fechas a los intentos de desalojo por vía judicial de las administraciones, concretamente de la Comunidad de Madrid, de desprestigio por parte del Ayuntamiento, y a grupos ultras que trataban de organizarse para levantar la plaza. El ejercicio de coordinación y de solidaridad de quienes han hecho de la Puerta del Sol su segundo, e incluso primera casa, es digna, cuanto menos de mencionar. Todo ello a pesar de momentos especialmente tensos como los que se vivieron el 12 de octubre cuando, coincidiendo con el día de la Hispanidad, varias personas con símbolos fascistas se aproximaron trataron de provocarlos.

El día más emocional de la acampada fue, sin duda alguna, el del fallecimiento de Maricarmen. La persona que prendió la chispa y que es ya un icono de la lucha contra el problema habitacional moría después de que la empresa propietaria del piso en el que vivió hasta sus 87 años, Urbagestión, y sus representantes llegaran a un acuerdo. Esto implica que la mujer murió sin regresar a la vivienda en la que había estado durante más de 70 años.

Entonces, a las pancartas con su nombre, su rostro y lema, se sumaron un altar improvisado y, sobre todo esa noche, un silencio de respeto, pero también sinónimo de rabia; unos sentimientos que, junto a otros, confluyeron en marchas por la ciudad.

El futuro de la acampada de Sol

Los campados se debaten ahora sobre qué hacer, pero todo apunta a que la desescalada está cada vez más cerca. Con los decretos de vivienda que tumbaron las derechas del PP, Vox y Junts y la posterior convocatoria de elecciones queda clara la fuerza, no solo de ellos, sino también del resto de personas que mostraron su rechazo ante la situación inmobiliaria en el país y que sufren con especial virulencia los ciudadanos en algunas ciudades.

Parece que ya existe cierto consenso en que va siendo el momento de levantar la pequeña ciudad de Sol y centrar las fuerzas en el parón del próximo 11 de noviembre. La acampada todavía no lo ha comunicado de forma oficial, pero es lo que sostienen fuentes de la organización. En las últimas horas han tenido lugar varias asambleas para decidir los pormenores del proceso y de qué forma realizar, si es que se lleva a cabo, esa desescalada.

Al final, no escapa que será un proceso meridianamente largo, pues requiere el desmontaje y la limpieza de la plaza, además de redirigir todas las donaciones que han recibido y ahora sobran, a otra organizaciones y movimientos sociales que las necesitan. De hecho, buena parte del trabajo se estaría concentrando ahí ahora, lo mismo que ver qué sucede con las personas que han encontrado en la plaza madrileña un hogar del que carecían.

Con todo el trabajo que queda por hacer, está claro, la imagen de la plaza sin nada más que la gente paseando por ella no volverá de la noche a la mañana. Independientemente de cuando se comiencen a recoger las cosas y la forma en la que se dé el adiós, los portavoces y quienes han apoyado de una u otra forma se sienten orgullosos y lanzan un mensaje claro: no será el final hasta que no exista una solución real al problema de la vivienda, independientemente del color político que entre en Moncloa después del 29 de noviembre.

Más tiempo que el 15-M

A pesar de las muchas diferencias entre movimientos, ha resultado imposible que la acampada por la vivienda no reciba comparaciones con el 15-M. Más allá de las similitudes y las cuestiones que distancian una y otra imagen, la actual ya perdura más en el tiempo de lo que lo hizo la de 2011. En aquel entonces, el 12 de junio desaparecieron las tiendas de campaña.

Etiquetas Vivienda

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