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Internacional

El movimiento estudiantil serbio tumba las aspiraciones de Vučić y pone fin a 12 años de un Gobierno marcado por el autoritarismo

A pesar de presentarse sin un candidato concreto para liderar el proyecto, la lista disruptiva se hace con más de un 50% de los votos en una de las elecciones con más participación de la historia

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Una joven de Serbia celebra la victoria de la Lista Estudiantil en las elecciones haciendo el gesto que ha caracterizado a este movimiento ciudadano

Una joven de Serbia celebra la victoria de la Lista Estudiantil en las elecciones haciendo el gesto que ha caracterizado a este movimiento ciudadano

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Serbia comienza una nueva semana que no será como otra más cualquiera tras haber vivido el que puede ser considerado como uno domingo histórico y uno de los más importantes momentos que el país ha presenciado desde la ruptura de Yugoslavia. La movilización ciudadana y las numerosas protestas organizadas para remarcar el hartazgo existente por un Gobierno marcado por su actitud autoritaria y la corrupción han recogido sus frutos. El movimiento estudiantil serbio ha tumbado en las urnas a Aleksandar Vučić, quien en el 2014 fuera nombrado primer ministro del país balcánico y que, posteriormente, pasara a convertirse en presidente en el 2017, manteniéndose en el cargo hasta este mes de septiembre. 

Ninguna convocatoria de elecciones había logrado movilizar a tantas personas en Serbia desde el año 2000, cuando los votantes tumbaron al Ejecutivo de Slobodan Milosevic, siendo prueba de ello que a las siete de la tarde de este domingo la participación ya estaba rozando por muy poco el 70%, lo cual suponía superar a los anteriores comicios en hasta 13 puntos. Las protestas pasaban, de esta manera, de las calles a las urnas, mostrando los votantes su echazo al líder nacionalista serbio, cuya trayectoria al frente del país y la manera en la que ha ejercido el poder ha sido denunciada por diversas ONG y periodistas.

Según los resultados, la Lista Estudiantil arrasa al actual líder serbio, alcanzando el 52%, mientras que la lista de Vučić se queda en apenas un 39,3%. Con estos datos, se estima que obtendrán entre 135 y 140 escaños en el nuevo Parlamento, una cifra que les permitirá superar con creces los 126 necesarios para la mayoría absoluta y que mira a lo lejos a los 104 conseguidos por la candidatura de Vucic.

Así, la lista Estudiantil vence en las urnas y se encamina a consolidar la salida de Aleksandar Vučić, quien dimitió en el mes de septiembre para convocar elecciones y que que lleva 12 años al frente de Serbia, país al que ha encaminado por la senda del autoritarismo. El movimiento estudiantil serbio se ha caracterizado porque en su lista no hay universitarios, pero sí que han sido ellos los que han elegido en asambleas de democracia directa a los 250 académicos, economistas, ingenieros, médicos, artistas o sociólogos integrantes en la misma, encargándoles la tarea de construir un "Estado renovado al servicio de todos los ciudadanos" fundamentado en la ley, como dicen en su breve programa. Entre otros asuntos que han marcado la campaña, se ha destacado también que la mayor parte de la oposición ha decidido no presentarse y apoyar a los universitarios, entendiendo estas elecciones como un referéndum sobre la continuidad de Vučić.

De la tragedia de Novi Sad a una movilización contra la corrupción

El origen de esta movilización social se remonta al 1 de noviembre de 2024, cuando el derrumbe de una marquesina de hormigón en la estación de tren de Novi Sad, la segunda ciudad más poblada de Serbia, acabó con la vida de 16 personas. La infraestructura había sido objeto de una renovación reciente, en el marco de un proyecto ferroviario de gran envergadura, y la tragedia desencadenó una oleada de indignación entre la ciudadanía. Las sospechas sobre posibles irregularidades en las obras y la falta de transparencia de los contratos alimentaron las acusaciones contra las autoridades, convirtiendo el accidente en un símbolo de la corrupción que los manifestantes atribuían al sistema político.

Las primeras concentraciones exigían esclarecer lo sucedido y depurar responsabilidades. Sin embargo, el descontento fue creciendo ante la respuesta institucional y las dificultades para obtener toda la documentación relacionada con la reconstrucción de la estación. Las protestas adquirieron una nueva dimensión el 22 de noviembre, cuando estudiantes y trabajadores de la Facultad de Artes Dramáticas de Belgrado fueron agredidos durante una concentración en recuerdo de las víctimas. En respuesta, los universitarios comenzaron a bloquear facultades y a reclamar justicia, una estrategia que pronto se extendió a otras universidades públicas del país.

La movilización fue creciendo durante los meses siguientes, con concentraciones multitudinarias y actos de desobediencia civil. Los participantes establecieron un gesto simbólico que se repetiría en numerosas ciudades al guardar 16 minutos de silencio a las 11:52 horas, momento en el que se produjo el derrumbe, para recordar a los fallecidos. Las reivindicaciones también se ampliaron y pasaron a incluir la lucha contra la corrupción, la defensa del Estado de derecho y la exigencia de responsabilidades políticas. La dimisión del primer ministro, Miloš Vučević, en enero de 2025 no logró poner fin a las protestas, que continuaron reclamando cambios más profundos.

El salto definitivo hacia la política llegó en mayo de 2025, cuando el movimiento reclamó elecciones parlamentarias anticipadas. Hasta entonces, los estudiantes habían evitado presentarse como una organización partidista convencional y habían mantenido una estructura descentralizada, con decisiones adoptadas en asambleas universitarias.

Más de una década de poder entre la concentración de poder y las acusaciones de corrupción

Aleksandar Vučić ha dominado la política serbia durante más de una década. Su partido, el Partido Progresista Serbio (SNS), llegó al poder en 2012 y él asumió el cargo de primer ministro en 2014, antes de convertirse en presidente en 2017. Desde entonces, su figura ha concentrado buena parte del poder político, hasta el punto de que organismos internacionales han alertado del deterioro de los contrapesos democráticos y de las libertades civiles. Freedom House ha denunciado en este tiempo la presión ejercida sobre la oposición, la sociedad civil y los medios independientes, así como las ventajas de las que disfruta el partido gobernante durante las campañas electorales.

La gestión de Vučić también ha estado marcada por las críticas a la falta de transparencia en los contratos públicos y por las sospechas de corrupción y clientelismo. A ello se suma el control ejercido sobre buena parte del panorama mediático, donde las cadenas y publicaciones próximas al Gobierno ofrecen una amplia exposición al mandatario, mientras los periodistas críticos denuncian presiones y campañas de descrédito. Según el Instituto Reuters, Serbia ha experimentado un deterioro significativo de la libertad de prensa durante los últimos años.

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