La Guardia Revolucionaria de Irán ha asegurado este lunes haber lanzado un ataque contra la oficina del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en el marco de su respuesta a la ofensiva sorpresa lanzada el sábado por Estados Unidos e Israel contra el país, que deja hasta ahora más de 550 muertos, entre ellos el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.
Así, ha afirmado que entre los objetivos atacados en la décima oleada de ataques contra Israel figuran "la oficina del criminal primer ministro del régimen sionista" y "la sede del comandante de la Fuerza Aérea", antes de subrayar que ambos lugares fueron "golpeados duramente" con misiles, según ha recogido la cadena de televisión pública iraní, IRIB.
"El destino del primer ministro israelí está marcado por la incertidumbre", ha manifestado, sin que por ahora se conozca el paradero de Netanyahu ni este se haya pronunciado sobre estos ataques. Israel no ha confirmado por ahora daños a causa de esta última oleada de ataques iraníes.
Oriente Próximo, al borde del abismo
La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el pasado sábado 28 de febrero de 2026, ha marcado un punto de inflexión histórico en las tensiones entre Teherán y sus adversarios occidentales y regionales. La operación, bautizada por Washington como “Epic Fury” y por Jerusalén como la “Furia del León”, consistió en una amplia serie de bombardeos aéreos y ataques con misiles que, según informes oficiales, tenían como objetivo desmantelar la infraestructura de seguridad iraní y neutralizar la cúpula del poder teocrático en el país.
La ofensiva alcanzó su máxima repercusión con la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, jefe del Estado desde 1989, así como de múltiples altos mandos militares y figuras clave del régimen, según han confirmado fuentes diversas. Estas acciones no solo destruyeron instalaciones estratégicas en Teherán y otras regiones, sino que también desencadenaron una cadena de contraataques por parte de la República Islámica.
Desde el mismo inicio, Irán respondió con misiles y drones dirigidos tanto hacia territorio israelí como contra bases militares estadounidenses en varios países del Golfo Pérsico, incluyendo Kuwait, Baréin y otros puntos clave de la presencia militar estadounidense en Oriente Medio. Estas represalias han generado bajas también entre tropas norteamericanas y han intensificado aún más el conflicto, ampliando su alcance más allá de las fronteras iraníes.
El impacto de esta confrontación militar ha sido devastador. Organizaciones de ayuda y fuentes independientes estiman que centenares de civiles han perdido la vida en Irán, con bombardeos que han alcanzado zonas residenciales y centros civiles como escuelas y hospitales. La Media Luna Roja iraní ha elevado el número de fallecidos a más de 550, señalando que decenas de ciudades han sufrido bombardeos, lo que ha provocado además cientos de heridos y desplazados.
Más allá del terreno militar, esta escalada ha desencadenado consecuencias políticas, económicas y sociales a nivel global. El temor a una expansión del conflicto ha provocado interrupciones en el tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz, con un notable aumento en los precios del petróleo y tensiones marcadas en los mercados energéticos.
Teherán sostiene que los bombardeos no solo han tenido como objetivo infraestructuras militares, sino que han afectado de forma directa a la población civil, lo que, a su juicio, evidencia una estrategia de castigo colectivo incompatible con el Derecho Internacional Humanitario.
Fuentes oficiales iraníes cifran en más de 550 los fallecidos desde el inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, entre ellos 165 niñas que habrían muerto en la ciudad meridional de Minab tras el impacto de misiles. Las autoridades denuncian que los ataques han alcanzado barrios residenciales, hospitales, centros educativos y dependencias de la Media Luna Roja, además de instalaciones consideradas patrimonio cultural.
La carta remitida por el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, a Naciones Unidas eleva el tono de la acusación al calificar la muerte del líder supremo como un “acto de terrorismo” que altera las reglas básicas del sistema internacional. En ella, Teherán reclama una respuesta firme del Consejo de Seguridad y advierte de que la ausencia de medidas contra Estados Unidos e Israel sentaría un precedente peligroso en la gestión de conflictos entre Estados.
El Ejecutivo iraní insiste en que la eliminación de su máxima autoridad política y religiosa supone un salto cualitativo en la confrontación y sostiene que tanto el presidente estadounidense, Donald Trump, como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, deben rendir cuentas ante instancias internacionales. En paralelo, reivindica su “derecho inherente” a responder militarmente en defensa de su soberanía.
La comunidad internacional ha reaccionado con alarma. Mientras algunos gobiernos respaldan el derecho de defensa de Israel y Estados Unidos, otros condenan la agresión por considerarla una violación del derecho internacional y advierten del riesgo de una guerra regional más amplia. Naciones Unidas ha convocado sesiones de emergencia para abordar la crisis, con llamamientos a cesar las hostilidades y evitar una escalada aún mayor.