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Internacional

Brasil busca a los 33 millones de votantes que se quedaron en casa

Lula y Flávio Bolsonaro afrontan una segunda vuelta ajustada tras una primera cita electoral en la que el 21% del censo no acudió a votar, pese a la obligatoriedad del sufragio

Un votante envuelto en la bandera nacional aparece en un centro de votación en Brasilia, Brasil. EP.

Un votante envuelto en la bandera nacional aparece en un centro de votación en Brasilia, Brasil. EP.

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En Brasil, donde votar es obligatorio para la mayor parte de la población, más de 33 millones de personas decidieron no acudir a las urnas en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 4 de octubre. La cifra, equivalente al 21,08% del censo, constituye el mayor número de ausentes registrado en unas elecciones generales y la tasa más elevada desde 1998. Este domingo, cuando Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro vuelvan a enfrentarse en las urnas, la participación será una de las grandes incógnitas de una segunda vuelta marcada por la estrecha diferencia entre ambos candidatos.

De los 158,7 millones de brasileños llamados a votar, unos 125,2 millones acudieron a los colegios electorales en la primera vuelta. Según los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), recogidos por Agência Brasil, la abstención superó los 32,7 millones de 2022 y confirmó una tendencia creciente que se remonta a 2006. La magnitud del fenómeno adquiere especial relevancia ante la ajustada disputa presidencial: Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos y Lula el 45,16%, separados por unos 2,2 millones de sufragios.

Los últimos sondeos tampoco muestran una distancia clara entre los candidatos. Una encuesta de Quaest publicada el 21 de octubre sitúa a Flávio Bolsonaro en el 45% de intención de voto y a Lula en el 44%, dentro del margen de error de dos puntos. El levantamiento, realizado entre el 17 y el 20 de octubre a 2.154 electores, dibuja un escenario en el que las campañas tratan de movilizar tanto a sus simpatizantes como a quienes no participaron en la primera votación.

La paradoja del voto obligatorio

Brasil mantiene el sufragio obligatorio para los ciudadanos alfabetizados de entre 18 y 70 años. Los jóvenes de 16 y 17 años, los mayores de 70 y las personas analfabetas pueden votar de forma voluntaria. Sin embargo, la obligación legal no garantiza la participación. La ausencia puede justificarse ante la justicia electoral y, cuando no existe una justificación aceptada, la sanción económica ordinaria asciende a 3,51 reales, menos de un euro.

La abstención responde a circunstancias diversas que no permiten identificar a los ausentes como un bloque político homogéneo. Entre los factores que estudian los especialistas figuran el desencanto con las instituciones, las dificultades de desplazamiento, la situación socioeconómica y los problemas para votar en un municipio distinto del registrado como domicilio electoral.

Según un análisis publicado por Folha de S.Paulo, la abstención viene aumentando en las elecciones presidenciales desde 2006. El perfil de los ausentes en anteriores convocatorias incluía una presencia destacada de personas con menor nivel educativo, jóvenes adultos y mayores de 70 años, aunque esos patrones no permiten atribuir automáticamente las mismas características a los 33,4 millones que faltaron este año.

La justicia electoral también ha reconocido la dimensión del problema. Tras la primera vuelta, el presidente del TSE, Kassio Nunes Marques, anunció que el organismo intensificaría sus esfuerzos para reducir las ausencias en la segunda votación.

Un mapa desigual de la abstención

La falta de participación presenta diferencias significativas entre los estados brasileños. Mato Grosso do Sul registró la tasa más elevada en la primera vuelta, con un 23,85%, seguido de Río de Janeiro, con un 23,31%; Minas Gerais, con un 22,62%, y São Paulo, con un 22,54%. En el extremo opuesto se situó Ceará, donde la abstención fue del 15,33%, según los datos electorales publicados por Estadão.

La distribución territorial añade complejidad a las estrategias de los candidatos. La región sudeste, que concentra el mayor número de electores del país, acumuló más de 15 millones de ausentes. Esta cifra representa una parte considerable del total nacional, aunque su peso está relacionado también con la dimensión demográfica de la región.

Las diferencias son visibles incluso dentro de un mismo estado. En Rio Vermelho, un municipio del valle de Jequitinhonha, en Minas Gerais, alrededor del 40% del electorado no acudió a votar, según informó la televisión pública brasileña. Estos contrastes muestran que las cifras nacionales esconden realidades locales muy diferentes y que la movilización depende también de condiciones territoriales y sociales específicas.

La disputa por los electores ausentes

Las campañas de Lula y Flávio Bolsonaro han situado la participación entre sus preocupaciones para la recta final. El equipo del actual presidente ha prestado especial atención a la posibilidad de recuperar electores que no acudieron a la primera vuelta, mientras que el entorno de Bolsonaro también examina cómo puede influir una variación de la abstención sobre sus apoyos.

Un análisis de CNN Brasil publicado el 20 de octubre señala que ambos equipos han incorporado los 33,4 millones de ausentes a sus cálculos electorales. La cifra es aproximadamente quince veces superior a la ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, pero no existe información suficiente para determinar a quién votarían esas personas si finalmente acudieran a las urnas.

La cuestión no se limita a quienes faltaron el 4 de octubre. También influirá la participación de los votantes que respaldaron a los candidatos eliminados y de aquellos que optaron por el voto blanco o nulo. En la primera vuelta se contabilizaron aproximadamente 2,3 millones de papeletas en blanco y 3,6 millones de votos nulos, dos categorías diferentes de la abstención porque corresponden a electores que sí acudieron a votar.

Además, los ciudadanos que se ausentaron en la primera vuelta conservan el derecho a participar el domingo, siempre que su inscripción electoral esté en regla. El Tribunal Superior Electoral ha recordado que cada vuelta constituye una elección independiente y que no haber votado el 4 de octubre no impide hacerlo el 25.

Brasil llegará así a la segunda vuelta con dos candidatos separados por un margen estrecho en las encuestas y una abstención que ha alcanzado niveles no vistos en casi tres décadas. El domingo permitirá comprobar cuántos de los 33,4 millones de electores que no acudieron a las urnas en la primera cita deciden participar esta vez y cómo evoluciona la participación en las distintas regiones del país.

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