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Vox ha elegido a Jordi de la Fuente para encabezar su apuesta sindical en la lista de salida electoral por Tarragona, una decisión que trasciende el relevo al frente de 'Solidaridad' y vuelve a poner bajo el foco las contradicciones ideológicas de la formación de Santiago Abascal. Antiguo dirigente de organizaciones de extrema derecha, defensor de posiciones radicalmente antisionistas y próximo al pensamiento del ideólogo ruso Alexandr Duguin, De la Fuente representa una apuesta por revestir de discurso social un proyecto político que combina nacionalismo excluyente, hostilidad hacia la inmigración y confrontación con la izquierda.
Su promoción responde, además, a una estrategia electoral ya que acerca Vox a los trabajadores, los sectores sindicalizados y los mayores de 50 años, colectivos entre los que el partido pretende ampliar su implantación mediante mensajes sobre salarios, vivienda, inseguridad y protección económica nacional.
De la militancia neonazi al aparato de Vox
Nacido en Barcelona en 1986, De la Fuente se licenció en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universitat Pompeu Fabra y cursó un posgrado en Comunicación y Liderazgo Político en la Universitat Autònoma de Barcelona. Procedente de una familia trabajadora, con vínculos personales en Segur de Calafell y Salou, ha construido su trayectoria pública alrededor de un discurso de identidad nacional, reivindicación social y oposición a la inmigración.
Su recorrido político, sin embargo, comenzó mucho antes de su incorporación a Vox. Durante su juventud militó en el Movimiento Social Republicano (MSR), una organización de inspiración neofascista y nacional-revolucionaria que mezclaba postulados anticapitalistas, nacionalismo radical y referencias al fascismo histórico. También pasó por Plataforma per Catalunya (PxC), el partido impulsado por Josep Anglada cuyo discurso situaba la inmigración y la supuesta islamización de Catalunya en el centro de su actividad.
El MSR formaba parte de la Alianza Europea de Movimientos Nacionales, una plataforma en la que coincidieron distintas formaciones ultranacionalistas europeas. De la Fuente llegó a asumir responsabilidades de dirección en el movimiento, que terminó desapareciendo como proyecto político operativo en 2018, aunque su trayectoria ideológica continuó condicionando su posterior incorporación a otras organizaciones.
Su paso por Vox comenzó en 2019. Desde entonces, ha escalado posiciones hasta convertirse en una figura de confianza de Ignacio Garriga, secretario general del partido, y en uno de los responsables de su estructura territorial catalana. En 2023 obtuvo representación como concejal en Sant Adrià de Besòs y se convirtió en el único diputado provincial de Vox en la Diputación de Barcelona.
Hezbolá, Palestina y el universo ideológico de Putin
Las mayores críticas a De la Fuente proceden de sus posicionamientos sobre Israel y de sus relaciones políticas durante la etapa del MSR. En 2009, según el periodista especializado en ultraderecha Xavier Rius Sant, participó en una pintada en una sinagoga barcelonesa con el lema “El verdadero Holocausto es el de Palestina”. En años posteriores publicó mensajes contra el sionismo y las actuaciones militares israelíes, en los que llegó a calificar de héroes y mártires a palestinos muertos en Gaza.
En 2013 viajó a Beirut para participar en un encuentro político organizado en el entorno del Partido Social Nacionalista Sirio. El acto fue retransmitido por Al Manar, la televisión vinculada a Hezbolá, y fotografías difundidas posteriormente mostraron a De la Fuente con un parche de esa organización en su cazadora. Hezbolá es una organización político-militar chií libanesa considerada terrorista por Estados Unidos e Israel y designada como tal por otros países y organismos; su clasificación jurídica varía según la jurisdicción.
La trayectoria resulta especialmente incómoda para Vox, que ha mantenido una estrecha identificación política con Israel y ha recibido el respaldo de organizaciones proisraelíes. En febrero de 2021, la asociación ACOM reclamó a Abascal que apartara a De la Fuente por sus antecedentes y sus manifestaciones antisemitas. La controversia no impidió que el dirigente conservara su influencia en el partido.
Su relación con Rusia añade otra dimensión. De la Fuente prologó Putin vs Putin: una visión de la Rusia del siglo XXI y Proyecto Eurasia: teoría y praxis, obras de Alexandr Duguin, pensador ultranacionalista vinculado al eurasianismo y conocido por su rechazo al liberalismo occidental. Esta corriente presenta a Rusia como centro de un orden geopolítico alternativo, asentado en la soberanía nacional, la tradición religiosa y la confrontación con la hegemonía estadounidense.
En intervenciones públicas, De la Fuente defendió la difusión de esa visión mediante partidos europeos y se mostró favorable a las pretensiones territoriales rusas en Ucrania. Sus posiciones encajan con una tradición nacional-bolchevique que combina elementos de la extrema derecha con postulados antiliberales y estatistas.
Un proceso judicial pendiente por los disturbios de El Masnou
A las controversias ideológicas se suma una causa judicial relacionada con los incidentes ocurridos en julio de 2019 ante un centro de menores migrantes de El Masnou (Barcelona). La Fiscalía atribuyó a De la Fuente un papel de instigación en las protestas y solicitó para él dos años y dos meses de prisión por un presunto delito contra los derechos fundamentales. La acusación sostiene que participó en la movilización que derivó en consignas xenófobas y en el acceso de manifestantes al recinto, donde se produjeron agresiones contra menores y trabajadores.
Ahora, Vox pretende convertir a De la Fuente en uno de sus principales activos para disputar el voto obrero. Al frente de Solidaridad, sindicato que reivindica su independencia financiera de las subvenciones públicas, el dirigente ha situado en su discurso los salarios, la precariedad, el acceso a la vivienda y la protección del tejido productivo. También ha incorporado las zonas de bajas emisiones, la inmigración y la seguridad a una agenda que presenta como defensa de las familias trabajadoras.
Tarragona combina actividad industrial, logística, turística y de servicios, además de municipios de la Costa Dorada donde el empleo estacional, el precio de la vivienda y las condiciones laborales constituyen cuestiones centrales. Vox aspira a traducir esas preocupaciones en apoyo electoral, especialmente entre trabajadores que desconfían de los sindicatos tradicionales y ciudadanos mayores de 50 años sensibles a los mensajes de estabilidad, protección y pertenencia nacional.
El problema es la distancia entre esa imagen de defensor de los trabajadores y el historial de una corriente política que ha subordinado con frecuencia los conflictos sociales a la identidad nacional y a la exclusión del extranjero.




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